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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

Algo hemos hecho mal… ¡los periodistas!

Algo hemos hecho mal… ¡los periodistas!

Algo hemos hecho mal los medios de comunicación para que camisas pardas como los señores Abascal, Espinosa, Smith, o la señora Monasterio, anden de plató en plató incitando al odio, la misoginia, la xenofobia o la exaltación del franquismo o lo que es lo mismo, del fascismo...Dice el gran humanista Angel Gabilondo que todo periodista ha de contemplar tres aspectos: "¡amor a la palabra, amor a la ética y amor a la verdad!". Algo falla, me parece a mí, en estos tiempos de crispación y regreso al pasado... franquista.


Algo hemos hecho mal, la clase periodística para que mil mentiras, descalificaciones, insultos y crispación provenientes de las bocas de jefes de filas de partidos de la oposición anden siendo jaleadas por los platós de televisión, radio y prensa escrita, mientras un solo lapsus del candidato propositivo y sensato, dé juego para abrir telediarios y dar la matraca durante dos días en pleno final de la campaña. Algo hemos hecho mal para que un “aprendiz de brujo”, con cero experiencia en gestión política haya sido jaleado por los medios, y elevado a la categoría de co-presidente del Gobierno, de un Estado tan serio, potente y democrático como es España, que no está para cantamañanas con delirios de grandeza.

Hoy vamos a reducir el discurso a la lógica más aplastante. Nos jugamos mucho: o vivir con las libertades que hemos conseguido en cuarenta años de lucha por la democracia; o involucionar y volver a las catacumbas de la intolerancia, la supremacía fascista y el odio al diferente. En esas estamos este 10 de noviembre.

Muchas personas, que no han vivido la represión del franquismo banalizan estas amenazas. Pero durante muchos años, durante la dictadura y el postfranquismo, colectivos como los homosexuales fueron perseguidos y golpeados en brutales palizas por la calle, sin más, ante la vista de todos y con total impunidad. Es más, fueron encarcelados sólo por el hecho de serlo. Las páginas de sucesos estaban plagadas de crímenes machistas que se trataban con cotidianeidad y sin espanto alguno, porque al igual que hoy, a las mujeres se las mataba pero la diferencia era que entonces el asesino se limitaba a decir “la maté porque era mía” la sociedad lo aceptaba y apenas tenía castigo. Los homosexuales y los “diferentes” tenían que vivir escondidos en el guetto, repudiados y rechazados por la sociedad. La chicas embarazadas solteras a abortar en manos de “curanderas en un rincón oscuro de las cocinas, con resultados de carnicerías, infecciones y muertes. Y las que no abortaban y eran madres solteras expulsadas -muchísimas de elllas- de casa por vergüenza pública. Esto es lo que supone la ultraderecha entre otros muchos espantos. Esto no nos lo cuentan a muchas periodistas los libros. Así lo hemos vivido y así deberíamos de contarlo.

La poesía es un arma cargada de futuro

No estamos haciendo una dramatización exagerada del momento político y social que vivimos y a lo que nos arriesgamos. Es más bien una exposición de las realidades -que muchos y sobre todo muchas periodistas con varias décadas de profesión conocemos bien- y que serán venideras si ahora, que estamos a tiempo, no cortamos por lo sano. Una realidad que todos y cada uno de los españoles y españolas podemos evitar con el sentido de nuestro voto. Votar es poder. Votar es democracia. Votar es responsabilidad y solidaridad social. No hacerlo es dejar espacios libres al autoritarismo. Adoro a la gente que toma partido, partido hasta mancharse, como dice Paco Ibañez cantando a Gabriel Celaya en la hermosa canción, La poesía es un arma cargada de futuro.

Desde que la derecha ha acomodado en el seno de sus gobiernos a los ultras, los fascistas huelen a poder y campan por sus respetos por España. Incluso los arriba mencionados, se permiten el espanto de decir que “los homosexuales son enfermos a los que las clínicas especializadas deben curar”. Persiguen a los y las trabajadoras sociales que “ayudan a las mujeres maltratadas”. Demonizan a la mujer diciendo que “la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas” y retiran -esto pasa en el Gobierno de Andalucía y pasará pronto en los de Murcia, Madrid y Castilla León- las subvenciones de ayuda que éstas reciben. Incluso llegan a la obscenidad de sacarse datos de la manga sin pudor alguno, enfatizando que el ochenta por ciento de los violadores son extranjeros”, incluyendo entre ellos a los menores inmigrantes no acompañados. Tal es el dislate que incluso, más allá de toda lógica y freno, Ortega Smith llegó a decir que “las 13 rosas fueron mujeres delincuentes y violadoras”.

Amar la palabra, la ética y la verdad

Todo esto se llama incitación al odio. Y aunque los periodistas, que tenemos que amar -como dice Angel Gabilondo- la palabra, la ética y la verdad, sabemos que ya no se leen libros, y menos de historia, al menos los profesionales de los medios, los veteranos, que ya tenemos una experiencia vital propia, deberíamos tomarnos muy en serio la actual situación, implicarnos y -nosotros que si hemos leído libros y vivido situaciones horrendas- tomarnos la molestia de alertar sobre este peligro filofascista que se cierne sobre la sociedad española como sí lo han hecho y lo están haciendo nuestros colegas europeos. Como advierte el candidato y actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, estas amenazas ya han tomado tierra y se concretan en los gobiernos donde ya está metida la extrema derecha, gracias a la alfombra roja que le han puesto tanto el partido popular como el partido Ciudadanos cuyas familias en el Europarlamente rechazan y repudian. Ergo, votar a estos dos partidos es abrazar las políticas ultras, no hay que ser un lince.

Ya estamos viviendo algunas consecuencias del bloqueo y de la crispación no sólo en el avance de la extrema derecha sino tambiñen en la radicalidad violenta en Cataluña. Estamos viendo agresiones brutales al inmigrante en los autobuses, en el metro, en establecimientos públicos, que creíamos cosa del pasado. También estamos viendo la manipulación radical y violenta de ciertos encapuchados con el independentismo catalán, -que rechazan al que no es nacido en Cataluña- y esto, aunque no tiene punto de comparación, es en realidad la misma metodología excluyente, autoritaria y supremacista. Por ahí se empieza.

En Europa la derecha repudia al fascismo, aquí lo asume

Afortunadamente, los grandes medios europeos son serios y responsables, al igual que los líderes de la derecha europea, tipo Merkel, en Alemania (país con medidas muy potentes contra el odio y el nazismo) o de los liberales europeos, tipo Macron, en Francia y otros países escandinavos, que han frenado de facto este avance del fascismo, arrinconándolo detrás del cortafuegos democrático. En cambio, en España, se premia la ambición desmesurada y la falta de generosidad democrática y de servicio público de los tres líderes de la oposición, novatos y nefastos para la política. Partidarios del cuanto peor mejor” como denuncia Valls o del “todo vale” con la aquiescencia de la prensa de derechas que no defiende la decencia, la ética y la verdad, sino que antepone sus intereses económicos. La gran prensa, los directores de programas de grandes audiencia no quieren cambiar de bolsillo. Demasiados intereses económicos y el confort de sus sueldos asegurados está poniendo en riesgo la paz, la convivencia y los derechos civiles y sociales conseguidos en décadas de lucha y sangre, sudor y lágrimas de muchos socialistas y librepensadores progresistas que siempre lucharon contra el totalitarismo y el abuso de poder. Se acabó el altruismo mediático. Hoy ya no cuelgan los retratos de Martin Luther King, de Che Guevara, de Grandhi o del Dalai Lama en las redacciones de los periódicos.

La irresponsabilidad de un Pablo Casado al frente de un PP que no puede mirar a la cara a sus socios europeos, o de un Albert Rivera, repudiado por la familia liberal del Parlamento europeo también, o el populismo fanático de un Pablo Iglesias, ególatra y dueño de una ambición desmedida, que obsesionado con ser ministro y entrar a formar parte del gobierno, no tiene ningún inconveniente en regalar nuevos balones de oxígeno a la derecha y a la extrema derecha, haciendo pinza con los dos anteriores, impiden que haya en España un gobierno progresista y de izquierdas por derecho y por haber ganado ampliamente las elecciones. Esta situación sólo es posible por la debilidad de liderazgo de los jefes de los partidos mayoritarios hoy día. ¡No tiene nombre, ni parangón, ni resiste el más mínimo análisis de la sensatez humana!. Como bien dice en este mismo medio mi compañera y colega Maria Mir Rocafort “Nuestras vidas en manos de los medios”.

No es algo viejo y pasado de la Europa de la Segunda Guerra mundial. Así empezaron los nazis en Alemania y todos sabemos como acabó la historia, insisto en esta imagen porque al menos los jóvenes si ven películas. Se trata de un fracaso de la criba y función contenedora y crítica que deberíamos haber hecho -o estar haciendo- los medios de comunicación social masivos y también los minoritarios. Esta gente -los fascistas- primero odia, después excluye y más tarde construye un muro o manda a los diferentes a campos de concentración o a que se ahoguen en el Mediterráneo, o a que se consuman en la miseria entre el mundo rico y opulento y su propia exclusión social. Y digo que no es viejo ni cosa del pasado porque ahí tenemos, a Salvini, Urban, Bolsonaro o Trump. Mientras en Brasil una aberración democrática consiguió encarcelar al presidente que combatió la pobreza, Lula da Silva, hoy rehabilitado y en libertad.

Votar nunca es un fastidio para un demócrata

Dentro de pocas horas se vuelven a abrir las urnas, por cuarta vez. Por la desidia, inexperiencia, exceso de ambición, falta de generosidad y servicio público e intereses particulares de tres líderes, novatos y débiles. Insisto una y otra vez. E insisto desde un punto de vista de la ausencia de criba periodística, porque el contenido de sus discursos es tan banal que no son capaces de suben ni a la puntuación tres -en un baremo del uno al diez- en cuanto a nivel intelectual y político y de compromiso con la Democracia a la que aspiran servir.

Yo quiero que algún día, cuando todo esto pase, la historia les juzgue. Mientras tanto, los españoles moderados, sensatos, las clases trabajadoras, las gentes de paz, de concordia y solidaridad, tienen en su mano frenar a los ultra y a los ególatras y ayudar a se consolide de una vez un partido que ayude a recuperar el bienestar social y achicar la desigualdad entre los ricos muy ricos, y la clase media y trabajadora, cada día más pobre.

10 de noviembre, piense bien su voto y acuda a las urnas. Ir a votar no puede ser nunca un trabajo fastidioso para un demócrata. Al contrario.


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