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Moreno asume la presidencia mientras su socio de Vox llama kale borroka a las manifestaciones de las mujeres
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(Foto: María José López/Europa Press)

Moreno asume la presidencia mientras su socio de Vox llama kale borroka a las manifestaciones de las mujeres

miércoles 16 de enero de 2019, 23:51h
El primer presidente de la Junta de Andalucía, que no es socialista, ha sido elegido este 15 de enero gracias a los votos de Ciudadanos y el grupo de extrema derecha, Vox. Juanma Moreno Bonilla ha salido elegido con un total de 59 votos de los 109 del Parlamento andaluz, frente a los 50 de Psoe y Adelante Andalucía. Mientras en Europa, los partidos democráticos, incluso los conservadores y liberales, forman un muro de contención frente a la extrema derecha, en España, el PP y Cs, no solo lo blanquean sino que se radicalizan con ellos. A tenor de las declaraciones del portavoz del partido ultra, Francisco Serrano, que afirma "Andalucía sale de una especie de dictadura comunista que se dedica a la kale borroka" en alusión a las manifestaciones feministas contra las pretensiones ultras de abolir los derechos de las mujeres.

El discurso del popular, Juanma Moreno Bonilla, que no pudo dejar de sonreír en ningún momento, dado la incredulidad que le produjo el haber llegado a presidir el gobierno andaluz, con sólo 26 escaños, fue de bajo perfil recordando las supuestas corrupciones de los anteriores presidentes socialistas y afeando a Susana Díaz que en su primera legislatura heredó la presidencia.

Este discurso, que en momentos parecía más propio de un jefe de la oposición, contrastó con la rudeza de ultra Francisco Serrano que advirtió reiteradas veces, "ha comenzado un nuevo tiempo en el Parlamento andaluz y con él, muchos consensos se han roto". Recordó su condena por prevaricación, en su ejercicio de juez, y se definió poco menos que como una víctima más de las mujeres. El lider de la formación de extrema derecha puso sobre el atril del parlamento andaluz todas y cada una de las exigencias de su partido y dijo que no renunciaba a ninguna de ellas. Recordó su intención de acabar con la Ley de Violencia de Género, arremetió contra el movimiento feminista, acusó a las asociaciones de mujeres de lucrarse con las subvenciones públicas, afeó las manifestaciones del día anterior en las puertas del parlamento, negó que exista una violencia estructural contra las mujeres y poco a poco su discurso del odio se extendió como una mancha de aceite por toda la cámara autonómica. "Nosotros somos -según sus palabras- los artífices del cambio. Un cambio que los próximos meses dirán si es a peor o a mucho peor.

Un cambio que es interpretado por los partidos de la oposición, tanto de la socialista Susana Díaz, como de Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía, "como un ataque premeditado a las mujeres, van a por ellas, igual que a por los inmigrantes, a por los homesexuales, en definitiva, a por todos aquellos que no entran en su cuadriculada visión de la sociedad." Reclaman una ética y unos valores de hace siglos, una sociedad católica, apostólica y romana, que pivota sobre una familia ultra tradicional, en la que el hombre y la mujer tienen escrito su papel como si de una película en blanco y negro se tratara. Sus postulados destilan racismo y eso les permite decir sin despeinarse que echarán de Andalucía, o al menos lo intentarán, a más de 50.000 inmigrantes a los que acusas de ilegales. Y ¿qué defienden?,se pregunta Susana Díaz, la caza, los toros, la españa de los reyes católicos, la reconquista de Granada, el himno, la bandera (cosas sagradas para ellos, por encima incluso de los Derechos Humanos).

Y mal que le pese a muchos dirigentes moderados del Partido Popular, o por mucho que lo intente ocultar el líder de Ciudadanos, es con esta formación de extrema derecha con quien tendrá que tratar y negociar las decisiones, de ahora en adelante, el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla. Y lo hará, además, sabiendo que le pueden dejar caer si no admite sus postulados. Pronto se verá, si hay acuerdos o imposiciones infranqueables, cuando los populares tengan que preparar el nuevo presupuesto de la Junta de Andalucía. Ahí, en los números los andaluces comprobarán como de profundo es el pacto que han firmado las tres derechas andaluzas.

En medio de todo, con más recelos que alegría, el líder de Ciiudadanos, Juan Marín, sigue con su empeño de aparentar alejamiento del grupo ultra, pero, como le dijo la ya expresidenta, Susana Díaz, "los amigos de mis amigos, son mis amigos". Por mucho que renieguen de ello, saben que llegarán a la Junta de la mano del Partido Popular, y sustentados por la tercera pata del banco, la extrema derecha española. Esa de la que les advierten desde Europa con la que no se puede pactar, pero les ha podido más las ansias de poder.

En su discurso, el flamante recien elegido presidente Juan Manuel Moreno Bonilla ha querido intentar un tono conciliador en las réplicas a sus adversarios políticos. Si el martes desgranaba una retahíla de generalidades en su discurso de investidura, ayer miércoles, tendió la mano a todos para llegar a consensos. Se alejó de los "cordones sanitarios" de los que dijo estar en contra y quiso hacer hincapíe en que no le cerrará la puerta a nadie, incluso a la extrema derecha con la que parecen sentirse agusto e incluso, de la que su partido se encuentra cada vez más cerca. El próximo 18 de enero tomará posesión de su cargo y después nombrará a su próximo Ejecutivo. Pero ya informó de que el gobierno, en coalición con Ciudadanos, estará formado por once consejerías que incluyen a Juan Marín, de la formación naranja, como vicepresidente de la Junta. Seis consejerías son para PP y cinco para Ciudadanos.

Susana Díaz se olvida de que ya no es la jefa

Por su parte, Susana Díaz se estrenó en el papel de lider de la oposición. Pero le va a costar acostumbrarse a su nuevo rol ya que parece que aún no es consciente de que ya no es la presidenta. En todo momento reclamó la victoria de los sociallistas y dijo que se ponía al frente de aquellos que defenderán los intereses de los andaluces y las andaluces por encima de cualquier otro interés. Le concedió toda la legitimidad al nuevo Gobierno de Moreno, pero dejó claro que ese nuevo Ejecutivo llegaba de la mano de los herederos del franquismo. Moreno le recordó a la socialista que en 2012 ganó Javier Arenas, pero Griñan pactó con Izquierda Unida para conservar la Junta y les mandaron a ellos a la Oposición, como ha pasado durante décadas no solo en la Junta sino también en decenas de ayuntamientos. Para más inri, recordó el popular, "Susana Díaz 'heredó' la presidencia sin ser candidata ya que su antecesor, Griñan, tuvo que dejar el cargo por los problemas de los ERE". Teresa Rodríguez, en avanzado estado de gestación, abandonó el hemiciclo poco después de su intervención por una bajada de azúcar, y tuvo que delegar su voto. En su discurso la lider de Adelante Andalucía señaló que no apoyarán a Juanma Moreno por "cuatro motivos" principales entre los que se incluyen que se pretende conformar un gobierno "franquicia que pone en riesgo nuestra autonomía", que se presenta como "un gobierno de los ricos" y que se dirigirá al "0,7 por ciento de los andaluces". También se dirigió a Santiago Abascal, presente en el hemiciclo, como si fuera el niño de las pistolas, ridicularizándole ese empeño ultracatólico y apostólico de sus filas.

Se abre así una legislatura en la que todo será nuevo, el presidente de la Junta, la jefa de la oposición, el estreno de Ciudadanos en tareas de Gobierno...

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