El título del magnífico film de P. Weir (1982) me surge, espontáneamente, al repasar lo vivido en 2020, aunque la historia de amor y conflictos civiles en la Indonesia de Sukarno, nada tiene que ver con lo acaecido en España durante los últimos doce meses. El resumen que ha realizado el presidente del Gobierno, a partir de una evaluación llevada a cabo por expertos independientes y de reconocido prestigio, es un testimonio en primera persona de la magnitud de un desafío colectivo que ha conmocionado toda la sociedad, dentro y fuera de nuestras fronteras.
Para comparar el drama causado por la pandemia hay que remontarse a la denominada “gripe española”, hace justo un siglo,o a la Segunda Guerra Mundial, que dejó un trágico legado de muerte y destrucción en varios continentes;o, por supuesto,a la guerra civil española, con todos sus estragos.
Muchos de los ancianos que estan ya siendo vacunados contra el coronavirus vivieron en su infancia o en su juventud las consecuencias de esos periodos excepcionalmente trágicos,y reflejan en su mirada el doloroso recuerdo que emerge del fondo de su memoria.Ellos saben,por su propia experiencia, que el horror imprevisto y la devastación no es una pesadilla ,sino algo que puede efectivamente acaecer.
Y en los países más pobres, las epidemias, las guerras interminables y la pobreza extrema constituyen la dramática cotidianidad...
Por el contrario, para las generaciones actuales de los países desarrollados, entre ellos el nuestro, la pandemia ha supuesto un extraordinario impacto desconocido, con efectos económicos, sociales, sanitarios y políticos todavía difíciles de evaluar. Habrá, sin duda, un antes y un después; y depende de todos nosotros y nosotras que el “después” sea significativamente mejor que el “antes”. De hecho, el coronavirus ha hecho saltar por los aires el paradigma neoconservador, consumista y presuntamente liberal, incapaz de garantizar los derechos básicos en esta emergencia: el valor de lo público, de la propia vida, de los vínculos afectivos, ... así como de los espacios abiertos, de la naturaleza y del aire no contaminado , se han convertido en prioridades cuya plasmación concreta es reclamada por la ciudadanía. Prioridades de las que no cotizan en bolsa, pero que si no se atienden pueden afectar de forma muy notable a la actividad económica.
Nuestro gobierno ha tomado decisiones coherentes con nuestro ideario socialista, destinadas en primer lugar a coordinar y garantizar una respuesta más potente de las Comunidades Autónomas en la gestión de sus competencias en salud, educación y servicios sociales, con una financiación no reembolsable de 16.000 millones adicionales a la financiación autonómica ya prevista. En segundo lugar, el gobierno ha instrumentado ayudas para los colectivos más vulnerables (parados, autónomos, jubilados, familias en riesgo de exclusión...), que se verán reforzadas gracias a los PGE para 2021 ya aprobados. Y por supuesto, ha tomado también decisiones para favorecer el mantenimiento de empresas, en particular de las PYME, que constituyen el grueso de nuestro tejido productivo. Así mismo se han implementado medidas específicas para los sectores productivos más afectados (turismo, automoción, cultura…).
El gobierno ha trabajado además con ahínco en las instituciones europeas para contribuir a una respuesta comunitaria a la altura de esta crisis global, y ahí están los resultados: en el caso de España 140.000 millones de euros para los próximos seis años , de los que aproximadamente la mitad serán subvenciones no reembolsables. Una cuantía suficiente para impulsar una ambiciosa recuperación de la actividad económica,con un nuevo enfoque acorde con los retos del siglo XXI: transición ecológica y digital, superación de la brecha de género, mayor cohesión social y territorial.
Todo este esfuerzo normativo y financiero no ha merecido sin embargo el menor apoyo del principal partido de la oposición, empeñado en negar la legitimidad del gobierno de coalición (igual que en el pasado negó, por ejemplo, la legitimidad del gobierno de Zapatero, construyendo una aberrante teoría sobre la presunta responsabilidad del PSOE en el atentado de Atocha).
No, no es la primera vez que el PP demuestra su incapacidad de admitir sus fracasos electorales: pero si es la primera vez que esto sucede en un contexto extraordinariamente dramático, en el que repugna usar los muertos o las vacunas para desprestigiar al gobierno. Nos enfrentamos, además, a un desafío de salud pública que desconcierta incluso a los expertos, y que requiere por tanto una gran capacidad de adaptación,como demuestra la evolución de la pandemia en países vecinos nada sospechosos de sufrir gobiernos “socialcomunistas”....
Termina 2020: y ahora toca remontar, aprovechando las lecciones aprendidas, confiando en la fortaleza de nuestro Estado democrático... y sabiendo que, como decía Miguel Hernández, “siempre hay un rayo de luz que deja la sombra rendida”.
Cristina Narbona es presidenta del PSOE y vicepresidenta primera del Senado.