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Pablo Casado sigue las indicaciones de su mentor Aznar
Pablo Casado sigue las indicaciones de su mentor Aznar (Foto: EP)

El rebrote de la estupidez humana

sábado 25 de julio de 2020, 13:07h

Mira que se nos había avisado. Mira que Sánchez, Illa, Simón, las autoridades sanitarias del Gobierno de España y hasta los presentadores de los telediarios, no paraban de decirnos que pese al fin del Estado de Alarma este 21 de junio, y del descenso de contagios, hospitalizaciones y fallecidos, el Covid19 seguía al acecho y presto a volver a infectar a todas las personas posibles. Mira que nos machacaban día y noche los políticos y los medios sensatos, con la cantinela de que nos tendríamos que acostumbrar a la llamada “nueva normalidad”, y que esta nueva forma de vida sólo exigía, mascarilla, distancia e higiene de manos. Esos tres elementos frente a conservar la vida, propia y ajena. Pero la estupidez humana -de algunos- rebrota en verano y el virus con ella, porque ambos van de la mano. Podríamos tener una vacaciones, adaptadas y tranquilas, sin ruidos ni aglomeraciones, y un comercio hostelero adaptado, sin ocupación total, pero de supervivencia. Pero la estupidez humana amenaza con cerrarlo todo, hundir de nuevo al turismo y volvernos al punto de partida...

Fuimos, en general, muy responsables durante el obligado periodo de confinamiento estricto. ¿Todos? Bueno, también hubo mucho irresponsable, pero no entre la ciudadanía de a pie, más bien entre algunos líderes de la derechona que antepusieron sus intereses partidistas a cualquier otra prioridad para sacar réditos políticos de los muertos por el virus. Todos sabemos quiénes fueron, como se comportaron y se siguen comportando.

Durante varios meses, a las 8 de la tarde la gente salía a aplaudir en los balcones para agradecer a todos los héroes anónimos que se sacrificaron para salvar nuestras vidas, y las sirenas de la policía y bomberos se unían. ¡Qué tiempos aquellos! Tiempos en los que fuimos capaces, entre todos, de hacer frente a una pandemia mortal a la que no podíamos combatir con los medios habituales de nuestra Sanidad Pública (de la privada mejor no hablar ya que se escondieron como gallinas cobardes dándose bajas masivas para no “contaminar” su capital humano).

Fueron tiempos en la que tuvimos que sacrificar algunos de nuestros derechos y libertades, días en los que elegimos preservar nuestra salud antes que la economía, el contacto con familiares y amigos. Momentos de miedo e incertidumbre, de sufrimiento, dolor y muerte. Oficialmente, casi treinta personas fallecieron con el Covid19 en su cuerpo. Pero al menos otras veinte mil lo hicieron por la saturación de hospitales y no poder continuar con sus tratamientos o detectar y atender enfermedades graves a tiempo.De ellos, la mitad eran nuestros abuelos y abuelas. Los más indefensos, solos y abandonados en residencias, se ha mostrado en la ocasión, inmundas y concebidas como fábricas de hacer dinero a costa de los viejos. Miles de padres, madres, abuelos, abuelas, hijos, hijas, nietos y nietas perdieron a sus seres queridos después de verlos, impotentes, sufrir en la distancia. Miles de personas consiguieron sobrevivir a la infección aunque con muchas secuelas. Tiempos de dolor y de sacrificios. Épocas de héroes anónimos que incluso dieron sus vidas para salvar las nuestras, pero también de villanos que quisieron aprovecharse de la crisis para sacar beneficios económicos y políticos. Fuimos a la guerra sin estar pertrechados adecuadamente. Pero ganamos la primera gran batalla, una batalla, conseguimos adormecer a la bestia en su primer y gran embate que se podía haber llevado por delante casi a medio millón de muertes, en España, según la propia OMS reconoció con sus estudios epidemiológicos y sus datos evolutivos.

Parece que fue hace un siglo, pero apenas han pasado unos meses. Y ya nos hemos olvidado del horror vivido. Ahora, solo pensamos en las vacaciones, en salir de viaje, en disfrutar de la vida y del verano.Lamentablemente tenemos memoria de pez y tendemos a olvidar las cosas importantes de la vida. En estos momentos que estoy escribiendo ya hay oficiamente casi trescientos rebrotes en España, de los que 281 están sin poderse acotar, el 70 por ciento de ellos tienen un campo de actuación de diez casos contagiados. Pero varias de las CCAA más afectadas reconocen que no tienen los rastreadores necesarios para poder hacer seguimiento y trazado de todos los brotes. La Comunidad de Madrid, engaña a Sanidad como ha venido haciendo desde el minuto uno y la Generalitad de Cataluña no comunica los muertos de los rebrotes. En este camarote de los hermanos Marx, en el que se han convertido las acusaciones sin sentido de la derecha y algunas comunidades autónomas de su cuerda, no sería de extrañar que el Estado se vea obligado volver al Estado de Alarma, ya que oficialmente ya tenemos 5.000 nuevos contagios de rebrotes, provenientes sobre todo de los ocios nocturnos sin control, reuniones familiares numerosas y el problema del hacinamiento de los temporeros, especialmente en Andalucía y Cataluña. Y luego vendrán Casado y Abascal a celebrarlo, ya que esto entra en sus objetivos, aprovechando la ocasión para volver a poner el grito en el cielo clamando de que “nos quitan la libertad”, y volver a llamar al presidente del Gobierno, al ministro Illa y al doctor Simón, “sepultureros y autoritarios”.

En fin, ante este panorama tan surrealista y plagado de intereses partidistas de corto, cortísimo alcance, exentos de patriotismo alguno y cero sentido de la lealtad humana, uno ya no sabe qué hacer. Si reír o llorar. Ver y juntarse con la familia es importante pero es más importante proteger la salud de nuestros seres queridos, y del reto de la población. El amor se demuestra ahora mismo con el distanciamiento. Es bueno quedar con los amigos pero en estos momentos la amistad consiste en separase de ellos, por su bien, el de su familia, el de los abuelos y el de todos los compatriotas.

Es humano el querer divertirse y socializar, salir por las noches en grupo para beber y bailar. Es humano, cierto, pero en la coyuntura actual no es lo más sensato, ni lo más amoroso, ni lo más solidario, ni lo más inteligente, por una simple cuestión de supervivencia. ¿O es que queremos que medio millón de españoles mueran antes de que acabe este nefasto 2020?. Miremos a nuestro alrededor y aprendemos lo que está pasando, en Estados Unidos, Brasil, Perú y otros países donde van de “machotes” y la mascarilla es poco menos que una cuestión de “debiluchos”, como así interpretan Tramp, Bolsonaro, Jonhson y otros líderes que son como tarugos andantes.

La guerra contra el virus continúa, miles de personas trabajan sin descanso día y noche para producir una vacuna y algún tratamiento eficaz contra los síntomas de la covid19 lo más pronto posible. A nosotros, los ciudadanos de a pie sólo se nos pide que seamos responsables, esta vez depende de nosotros, basta ya de echar balones fuera, de desviar nuestra responsabilidad como ciudadanos libres hacia los responsables sanitarios y líderes políticos. Ellos tienen que asumir sus responsabilidades pero nosotros las nuestras. ¿Tan difícil es llevar una mascarilla? No sé, me da que estar 2 o 3 meses entubado en la cama en una UCI es bastante más molesto….¿Tanto sacrificio es el evitar las aglomeraciones en nuestro tiempo de ocio? Es cuestión de tiempo, yo así lo creo, de que volvamos más pronto que tarde a la antigua normalidad.

Millones de personas en el mundo nunca han podido divertirse como nosotros nos divertimos, incluso en estos tiempos de pandemia, millones de personas en el mundo pasan hambre, millones de personas tiene que abandonar sus hogares para huir de las guerras, del hambre y de las enfermedades. ¿Tan duro es tener que sacrificarse durante un tiempo para poder volver a nuestra vida normal?¿Tan inconscientes somos en el primer mundo? ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Hemos perdido nuestro instinto de supervivencia que como especie siempre hemos tenido?

El virus rebrota y la estupidez humana con él o viceversa

No podemos mirar a otro lado, ni nuestros dirigentes de la derecha pueden seguir empujando a la tripulación por la borda en lugar de arremangarse y echar una mano para salvar al barco con toda su gente adentro, esta vez la responsabilidad de la gestión sanitaria recae en las autoridades autonómicas que ya no se pueden escudar en el Gobierno central y echarle la culpa las consecuencias de la pandemia.

Si, ahora se aprecian mejor las “costuras” de nuestro sistema de administración autonómica. Muchos gobiernos autonómicos, ahora se hace más patente, durante el Estado de Alarma, especialmente las Comunidades de Madrid y Cataluña, no gestionaron bien la crisis, porque estaban más atentos a criticar al Gobierno, creyendo que podrían hacer caer y tomar sus partidos las riendas del Estado, sin aportar soluciones globales para todos.

Sinceramente, viendo la cantidad de estúpidos e irresponsables que nos rodean, a veces el distanciamiento social, más que un sacrificio es una bendición ¿Qué tengo que poner espacio entre un fascista y yo? Perfecto…..¡y solo es un ejemplo!

Seamos responsables y sigamos llevando la mascarilla, ejerciendo distanciamiento social y mucha higiene y desinfección. La guerra no ha terminado y los soldados somos nosotros.

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