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Salen a la calle pedir libertad, libertad para contagiar a todos
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Salen a la calle pedir libertad, libertad para contagiar a todos (Foto: EP)

Salen a gritar ¡Libertad! ¿La que había con Franco?

sábado 23 de mayo de 2020, 13:29h

Los caceroleros gritan '¡Libertad!'. La misma libertad de cuando vivía Franco, ¿verdad? Lo que nunca esperábamos ver, los represores, los amantes del franquismo y del pensamiento único, pidiendo "Libertad", ahora que nuestra democracia ha evolucionado y todos -incluso ellos, que están insolidariamente poniendo en riesgo nuestra salud- pueden manifestar libremente sus discrepancias y sus protestas, quieren '¡Libertad!'. Libertad, cuando medio mundo, de derechas, de izquierdas, está confinado para proteger la propagación de un virus que ha matado a casi trescientas mil personas en poco tiempo, y enfermado a más de cinco millones, y se propaga a la velocidad del rayo… ¡ellos quieren 'Libertad' para salir a la calle a propagar la pandemia e infectarnos a todos!

Bien, patriotas a la par que ignorantes, ¿creen que el virus a ellos no les mata? Pero cuando el odio está tan inculcado, prefieren el riesgo y aprovechar cualquier oportunidad de derrocar un Gobierno legítimo, como así les alientan sus ídolos políticos. Ya saben, por experiencia, que los suyos, PP y Vox, volverían a repartir el negocio entre los amigos y la corrupción. Como así ha sido la corrupción entre los dirigentes populares que se repartieron la Salud Pública montando sus negocios con hospitales privados. Despidiendo a miles de sanitarios del Sistema Público de Salud, para con esos fondos, invertir en sus hospitales privados. Y así nos ha ido, especialmente en la Comunidad de Madrid que acapara el treinta por ciento de enfermos y muertos por Covid-19, en especial en las residencias de mayores, también privatizadas y dirigidas por ellos mismos.

El hecho actual es que España se reinicia, a partir del lunes 25 de mayo todo el país pasa en el proceso de desescalada, como mínimo, a la fase 1 y un 46% pasa a fase 2. Al igual que cuando se reinician los ordenadores, la velocidad con la que los diferentes territorios alcanzarán la tan ansiada nueva normalidad, es diferente y variable en función de las características propias de cada uno de ellos. Y sobre todo, en función de la robustez de su Sistema de Salud Pública. En España tenemos una media de 3 camas por cada mil habitantes, antes esta proporción era mayor, hasta que los Gobiernos de Aznar y de Rajoy y sus comunidades, nos empezaron a vender las maravillas de la Sanidad Privada como uno de los símbolos de las sociedades avanzadas. Ahí quedan sus discursos abarrotando las hemerotecas. ¿Verdad señora Aguirre, Ayuso, Más, Pujol y sus consejeros de Sanidad que hoy están todos en los Consejos de Empresa de las Residencias de Mayores -lo que merece un capítulo aparte- y de la empresas proveedoras de la Salud?

En Alemania hay 9 camas por cada mil habitantes. En España tres. Es decir, la Sanidad Pública alemana tiene tres veces más camas hospitalarias, tres veces mas sanitarios, tres veces más equipamiento. Y por eso, los mismos que ahora incitan al caceroleo y culpan al Gobierno de Sánchez de que España haya resistido peor y con peores datos que Alemania, por ejemplo, son los mismos que se niegan a admitir que ellos saquearon y esquilmaron la Sanidad Pública, precisamente en los territorios donde más ha pegado el virus y más muertes ha generado: Cataluña -con los neoconservadores de Pujol, Más, Puigdemont y Torra, firmes creyentes y defensores de la Sanidad Privada, durante treinta años de gobiernos- Y en Madrid, con la ultra liberal conservadora Aguirre y muchos de sus dirigentes sanitarios, vicepresidentes y alcaldes, en la cárcel, muchos de ellos acusados de negocios con la Sanidad Privada, a costa de esquilmar la Pública. ¿O no se acuerdan ya los descerebrados caceroleros de las mareas de batas blancas pidiendo que “Nuestra Sanidad no se vende, se defiende”. Frágil memoria para los privilegiados que viven en pisos de trescientos metros cuadrados en el centro de Madrid, y ya no pueden resistir más, entre otras cosas porque el servicio no está, y aprovechan la ocasión, cretinos de ellos, para salir a la calle a reclamar “libertad”. Libertad para contagiarse ellos y contagiarnos a todos nosotros.

Pero, ante tanta algarabía, nadie debería de olvidar que el Covid19 sigue ahí fuera acechándonos, esperando que bajemos nuestras barreras. Y como la estupidez de algunos humanos es inabarcable, esperando a que alegremente olvidemos por qué estamos como estamos. No podemos bajar la guardia. Nuestros epidemiológos nos lo recuerdan cada día, nuestros médicos. Los más de doscientos mil sanitarios que actuaron de escudos humanos y han puesto su salud y su cuerpo por delante para salvar nuestras vidas. Una cuarta parte de ellos, como en la guerra, han resultado contagiados cuando los hospitales se convirtieron en auténticos avisperos infectados de virus por todas partes. Pero, al menos ahora ese maldito virus ya no goza de la ventaja de habernos pillado por sorpresa. Gracias a los especialistas, epidemiológicos, médicos y científicos ya sabemos que mientras no se desarrolle una vacuna y un tratamiento antiviral efectivo, debemos mantener la distancia social, usar mascarillas, seguir con la higiene de manos con desinfectantes y estar atentos a cualquier síntoma que esta infección puede provocar.

Debemos asumir un cambió paradigmático en nuestra sociedad. Esta catástrofe epidemiológica no ha sido un fenómeno natural, huracán, terremoto, esta vez ha sido un microorganismo que para muchos especialistas ni siquiera tiene vida propia el que ha conseguido dar un vuelco a las sociedades occidentales.

Nuestra forma de relacionarnos, de desplazarnos, de trabajar ha cambiado más en 60 días que en los últimos 60 años. Casi cuarenta y siete millones de españoles solidarios, hemos demostrado que podemos aguantar un confinamiento impuesto, que podemos sobrevivir al sentimiento de impotencia de no poder ver a nuestros seres queridos o al sufrimiento de ni si quiera poder despedirnos de ellos cuando fallecen. Nos hemos amoldado a las nuevas de formas de desplazarnos, de saludarnos y hemos tenido que cambiar incluso nuestra de forma de entretenernos, sin poder acudir a multitudinarios enventos,conciertos, deportes, discotecas, restaurantes y bares abarrotados. Todo esto y mucho más, la gran mayoría de españoles lo hemos asumido con disciplina social, sentido común, resignación...¡y patriotismo! El que no tiene la desleal oposición, los tan cacareados a si mismos como patriotas, que jalean y llaman a los suyos a hacer lo contrario, aglomerarse, reunirse, manifestarse, cacerola en mano, para intentar derrocar un Gobierno al que poco menos que acusan de haber inoculado el virus en la sociedad española. Ninguna oposición del mundo, se ha comportado con tal vileza.

¿De qué sirven para estos patriotas nuestros sacrificios?. La mayoría nos hemos adaptado a la disciplina de estar distanciados, en casa, y salir a las horas autorizadas. Otros han tenido que cambiar de oficio, muchos pequeños empresarios y autónomos están adaptando sus negocios a las nuevas circunstancias de la forma más rápida posible para poder salvarlos. Algunos han tendido que cambiar su modelo de negocio, han sabido detectar nuevas oportunidades para generas empleos y riqueza. Muchos se han visto forzados por las circunstancias a reestructurar sus procesos productivos en función de las nuevas necesidades de los consumidores, a la velocidad de la luz.

¡Cómo hemos cambiado!

Y en todo momento hemos tenido a nuestro Gobierno, al pie del cañón, defendiendo nuestra salud, el funcionamiento de la sociedad, el abastecimiento y el orden público. En todo momento hemos tenido a un Gobierno, entregado en cuerpo y alma a frenar el contagio y salvar vidas. Y en darnos la confianza de que, tras la devastadora crisis, nadie se va a quedar atrás. Nadie se va a quedar atrás. Es su lema, hasta la saciedad. Hasta los organismos internacionales más defensores de la ortodoxia neoliberal como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo o la misma UE han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos impuestos por la pandemia. Ahora todos estos afirman que la solución a una de las mayores crisis económicas a las que el mundo le ha tocado enfrentarse, es el incremento de la inversión y del gasto público. Claro que igual al estar en confinamiento y con más tiempo libre al no tener que acudir a los múltiples saraos que antes se organizaban para ellos, han descubierto una de las obras de John Maynard Keynes: Teoría general del empleo, el interés y el dinero.

Y a pesar de tanta lluvia de millones que Europa, dice, nos va soltar sin reembolso, -ayuda para la que Sánchez lleva meses luchando- la reciente crisis del 2008 y el Rescate de Rajoy, que aún pagamos todos los españoles, y no la banca, nos hace estar escépticos al respecto. Hasta que no lo veamos firmado y rubricado. Los organismos antes citados, salvo que hayan aprendido de verdad esta cruenta lección, tienden a aplicar sus recetas de siempre, socializar las pérdidas y privatizar los beneficios. Es decir, ahora harán recaer sobre el sector publico la responsabilidad de sacarnos de la crisis, para luego insistir en las políticas de recortes que recaerán como siempre en los hombros de los trabajadores y de la ya muy menguada clase media. Más de lo mismo. En este caso es un cambio de pensamiento táctico y de forma temporal. Como diría Heráclito de Éfeso “todo cambia, nada permanece inmutable”. La historia se repite una y otra vez. Aunque aquí en España, algunos prefieren seguir la doctrina de Parménides: “lo que es, no puede no ser”. O lo que es lo mismo, pasará lo que tenga que pasar.

Los que no cambian, ni quieren cambiar porque siguen anclados en el pensamiento pre-constitucional, son los señores y señoras como Abascal, Casado, Cayetana, Teodoro, Espinosa, Monasterio, o Ayuso, la errática presidenta de la Comunidad de Madrid. Ellos necesitan una España en blanco y negro, de NODO y de cuaresmas, de señoritos y cortijos, de peones y capataces. De pobres y ricos, de ostentación y riqueza para algunos, de pobreza, miseria, de caridad y limosna para el resto. Una España donde se sigan oyendo expresiones como. ¿Qué hay de lo mío? o ¡Usted no sabe con quién está hablando!

Y si en algo quiere cambiar la derecha española, siempre es de forma retrógrada, quiere que volvamos a la España de los Caudillos bajo Palio, a esa España que hace más de cuarenta años supimos superar y crear una Democracia avanzada con derechos y oportunidades para todos. Y por eso están movilizando a las hordas de caceroleros para hacer ruido, y de paso, si pueden enfrentar otra vez a los españoles. Siempre les fue bien la desunión, el enfrentamiento, el rencor y el desprecio al pobre, al que pretenden tener lejos de ellos.

No caigamos en su trampa, mientras nosotros nos actualizamos y nos reiniciamos, ellos, los de siempre, siguen anclados en su pensamiento nostálgico del antiguo régimen.

¡Estas cosas con Franco no pasaban!

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