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Edición testing    31 de octubre de 2020

Siria

La religión ha sido, históricamente, un factor de gran potencial para imponer intereses políticos. Sin embargo, sistemas políticos edificados sobre la hegemonía de los valores religiosos no desdeñan pactos o alianzas con agentes que se asientan sobre principios incompatibles con las creencias religiosas. Estos días hemos asistido a varios ejemplos.

El mundo se mueve al ritmo de la propagación del Coronavirus y del relato muchas veces alarmista de unos medios abonados al opiáceo del espectáculo catastrófico. El despotismo informativo hace que los asuntos perentorios desplacen a los necesarios análisis de fondo. El interés se centra prioritariamente en los avances del virus y en los esfuerzos por aislar/proteger/tranquilizar a la población. Los Estados tratan de buscar soluciones que refuercen el control de la infección con la preservación de las libertades y el sostenimiento del sistema productivo. Pero se habla mucho menos de las carencias de los sistemas sanitarios, como consecuencia de años y años de recortes.

En un desayuno organizado por The Executive Forum, Josep Borrell señala que los datos de migrantes apuntan a que lo que hay en estos momentos es un flujo de refugiados pero ''en unos niveles que no tienen nada que ver con la crisis migratoria de 2015 o 2016''

Donald Trump ha puesto las semillas del caos en el norte de Siria al ordenar la retirada del millar de soldados norteamericanos desplegados en la zona. Se ignora aún si el repliegue será total o parcial. El objetivo de estos efectivos, la mayoría miembros de fuerzas especiales, ha sido doble: impedir un enfrentamiento entre milicias kurdas y fuerzas militares turcas y prevenir el reagrupamiento y la recuperación de los militantes extremistas del Daesh.

Entro en Paris por la Periférica, homóloga de la madrileña M-30. En los laterales, en estrechos parapetos que apenas les separan dos metros de la autopista, se encogen varias deterioradas tiendas de campaña donde continúan su infierno refugiados sirios, víctimas de una guerra maldita, creada por la intolerancia y el fanatismo religioso y mantenida por la todopoderosa industria armamentística.

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