lahoradigital.com
Edición testing    14 de abril de 2021

republicanos

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump lleva meses denunciando un supuesto fraude electoral sin ningún tipo de pruebas e incitando a sus seguidores para que “defiendan nuestra clara victoria”. El momento culminante fue el asalto al Capitolio el día en el que se debía certificar la victoria del presidente electo Joe Biden. Sin embargo, ahora, el dirigente republicano amenaza con que “lo pagarán” aquellos que “profanaron la sede de la democracia estadounidense”. En un giro más en su locura, el multimillonario arremete contra los mismos a los que animó en sus protestas. Mientras, los principales líderes demócratas apuestan por que se proceda a una destitución del presidente al que consideran una persona “muy peligrosa”. La novedad es que a la petición también se unen algunos republicanos y representantes de la sociedad civil.

Joe Biden disfruta de sus primeros días como vencedor de las elecciones, desde su casa-refugio en Wilmington, Delaware. Le llega muy mitigado el ruido del presidente caído, que agita su arma preferida (las mentiras: fraude o robo electoral) y rumia una venganza inútil y egotista. El vencedor se solaza con las celebraciones comprensibles de seguidores o de los neutrales que prefieren una vuelta a la antigua normalidad política. Tiempo habrá de analizar equipo, programas y estrategias del presidente electo. Hagamos hoy vista de pájaro.

El Hundimiento ('The Downfall') es una película inquietante y magnífica que narra las últimas horas de Hitler y de su Estado Mayor metidos en un bunker y esperando su hora, la derrota del nazismo. Trump aguarda en la Casa Blanca mientras su ejército de seguidores orgullosos está dispuestos a continuar la lucha bajo sus mesiánicas mentiras twiteras. Hitler se suicidó, Trump quiere que se suiciden los suyos por él, la mitad de un país polarizado. Entiéndase este segundo suicidio como la continuidad de un populismo que busca el odio y el enfrentamiento. Sostiene Trump: “si no estás conmigo, eres mi enemigo”.

El final del recuento de votos de las elecciones americanas se acerca y el candidato demócrata Joe Biden está a un paso de la Casa Blanca y de alejar del poder al polémico y tóxico actual presidente, el republicano Donald Trump. En las últimas horas el conteo de papeletas por correo en el Estado de Georgia ha situado a Biden por delante de su contrincante lo que le daría 11 votos electorales que le sitúan ya en 269, a uno de los anhelados 270 lo que le convertiría automáticamente en presidente electo. Por su parte, Donald Trump intensifica sus ataques al proceso electoral y arremete contra la propia democracia americana poniendo en entredicho el proceso electoral, eso sí, sin una sola prueba. Son tantas sus mentiras que las propias cadenas de televisión americanas contaron anoche la emisión de su comparecencia para no difundir tantas falsedades.

A pocas horas del 3 de noviembre, aumentan las dudas sobre el resultado de las elecciones norteamericanas. Lo que hasta hace unas pocas semanas parecía un triunfo relativamente cómodo de Biden se ha convertido ahora en una evocación anticipada de lo ocurrido en 2016: un desenlace inesperado. Esa sería la “sorpresa de octubre” de este año: un giro postrero en el balance de voluntades.

Trump enfermó de coronavirus. Como era de esperar. A pesar de la supuesta alta protección de que goza un jefe de Estado, y si es el del Estado más poderoso de la tierra, más aún. Pero Trump no es un jefe de Estado normal. Es más que atípico. Es disfuncional. Lo ha sido, y con exceso, durante el desarrollo de la pandemia y lo fue antes. En estos últimos días, cuando su enfermedad ha sido pública (el inicio de su infección aún no ha sido esclarecido) se ha mostrado más de lo mismo (1). Y todo indica que seguirá en esa línea.

Los demócratas abren una fría y distante Convención en medio del trauma nacional por el fracaso en contener el virus más globalizado de la historia, pero con el convencimiento de que están llamados a pilotar la mayor rectificación política desde el periodo de entreguerras.

El Grupo Socialista ha organizado un acto de reconocimiento a los republicanos exiliados durante el franquismo lo que supone, en palabras del portavoz socialista Ander Gil “un merecido homenaje a aquellas personas que tanto se han sacrificado por la libertad de nuestro país”. El dirigente socialista, igualmente, ha afirmado que “los socialistas nos negamos a aceptar que el Senado, que es de toda la ciudadanía, siga siendo percibido como un reducto partidista y exclusivo de las derechas”.

Después de ocho años de mayoría absoluta por parte de los republicanos, las demócratas han conseguido debilitar a Trump que ahora encontrará más oposición para sus polémicas propuestas. Aunque el Partido Republicano sigue conservando la mayoría en el Senado.

  • 1