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Edición testing    17 de enero de 2021

populismo

¿A quién le importan las elecciones americanas cuando en casa está enfermando y muriendo gente y se están cerrando locales para siempre y miles están rellenando formularios para pedir una ayuda o haciendo cola para conseguir un poco de comida? Trump es solo un nombre, una palabra que suena a golpe de tambor lejano. Pues bien, esta mañana, leyendo The Guardian, Trump me sonó en la mente con la fuerza de decibelios insoportables para el oído humano. Trump me sonó a golpe mortal contra el virus que asola el mundo, contra todos los negocios, grandes y pequeños, contra todas las ayudas, contra todas las colas. Trump me sonó a la solución de todos los problemas de la tierra por la vía de la muerte. Ayer, Donald Trump comunicó a su gabinete su intención de atacar las instalaciones nucleares de Irán antes de dejar la presidencia.

Boris Johnson ha ganado probablemente la batalla política de su vida. Ha persuadido a un número suficiente de británicos para imponer su estrategia y su designio. El tiempo dirá si el rumbo que ha fijado este nuevo timonel conduce al país al desastre, como sostienen muchos analistas, o si, por el contrario, se abrirá paso un futuro prometedor.

La amenaza de las fuerzas populistas y del auge del fascismo que desde hace algún tiempo viene planeando por el cielo europeo ya es una realidad. Los movimientos eurófobos y euroescépticos que quieren destrozar el proyecto europeo desde dentro están aterrizando en los parlamentos nacionales y regionales, como la Liga Norte en Italia, Alternativa para Alemania, el Frente Nacional en Francia, Jobbik en Hungría, Amanecer Dorado en Grecia, UKIP en Reino Unido, Nuevos Demócratas en Suecia, Vlaams en Holanda… y se han fijado el objetivo de irrumpir cual caballo de Troya en el Parlamento Europeo, el corazón de la soberanía europea, para hacerlo saltar por los aires.

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