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Edición testing    4 de julio de 2020

Patriarcado

Hace poco he descubierto que no soy Lídia, que soy Charo. Tengo una cuñada llamada Charo, fantástica, pero yo me llamo Lídia y no soy mi cuñada. Lídia no es un nombre que me entusiasme, de hecho me hubiese gustado llamarme como mi madre, Roser, me parece mucho más bonito. Pero, después de toda una vida con el mismo nombre, una acaba reconciliándose con el que le han puesto que, después de todo, tampoco está tan mal. Pues bien, cuando llego a ese punto de reconciliación nominativa, van y me lo cambian. Pero el de "Charo" no me gusta. No por el nombre en sí mismo, que además es el mismo que el de mi madre en otra versión, sino porque quien me lo atribuye lo hace como insulto. Sí, ser "charo" es como en otro momento fue ser "maruja". Son términos despectivos que los machistas nos lanzan como armas arrojadizas para desprestigiarnos, descalificarnos y ningunearnos a las mujeres, especialmente a las feministas.

Aun estoy tragando saliva y dándole vueltas a la cabeza. El run- run me viene por un evento al que asistí. De primeras me pareció interesante. Cuatro mujeres (dos españolas y dos italianas) hablando de liderazgo y superación. Yo, que soy como Mafalda, que no es que sea cotilla es que tengo curiosidad (de periodista), por más que pregunté la identidad de las cuatro mujeres no recibí más respuesta que la de su profesión. Una piloto, una boxeadora, una empresaria y una periodista. Se pretendía que fuera una sorpresa saber quiénes eran ellas y lo que allí iba a pasar. ¡Y vaya si fue una sorpresa!

Desde la aparición del MeToo y las manifestaciones esplendorosas del 8 de marzo pasado, el patriarcado empezó a asustarse seriamente de lo que estaba pasando. “Las denuncias por acoso sexual se están convirtiendo en un tsunami que está sacudiendo los cimientos de la sociedad patriarcal en la que llevamos siglos instalados”, escribí entonces. “El acoso en el que viven, y han vivido las mujeres, desde que el mundo es mundo, empieza a estar globalmente cuestionado. La distribución desigual del poder entre hombres y mujeres esta siendo atacada desde las entrañas”.

En una sociedad democrática el Código Penal es la inversa de la Constitución. Preventivamente advierte de aquellas acciones u omisiones que son intolerables para la sociedad. Ante la reiteración meramente discursiva sobre las cuestiones de género, se plantea el interrogante sobre si hay un Derecho Penal mas benévolo para los delitos en los que mayoritariamente las víctimas son las mujeres, o dicho de otro modo ¿El poder legislativo penal tiene en cuenta la perspectiva de género a la que obliga el artículo 20 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres?

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