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Edición testing    3 de diciembre de 2020

Monasterio

Yo acuso a los neocon y los ultra radicales de haber contaminado la política española y querer llevarnos al abismo. Les acuso de no respetar las normas democráticas, de vejar la Constitución y estirarla a su antojo. Les acuso de no respetar las reglas del juego democrático que todos los españoles nos hemos dado. Les acuso de crispar, de emponzoñar, de obstaculizar y sobre todo, de retorcer y atacar a la verdad y de debilitar el debate democrático y las normas de este país al que tanto le costó salir de las garras del fascismo. Y finalmente, acuso al partido popular, que alguna vez fue partido de Gobierno, de haber abierto las puertas al rencor, a la venganza, a la cripación, al insulto y la falta de debate parlamentario al no aportar ni propuestas ni soluciones. Y todo ello, en un momento en el que la unidad y el apoyo al Gobierno legítimo de la nación pueden evitar mucha enfermedad y muchas muertes.

El presidente en funciones tiene tres opciones para gobernar y ninguna es buena. Puede hacerlo con un Gobierno de cooperación, colaboración o coalición, llámenlo como quieran, con Pablo Iglesias, el político agarrado a un ministerio, y la abstención de los independentistas de EH Bildu y ERC. O puede seguir esperando hasta el día del juicio final y que el temor a las calderas de Pedro Botero obligue a la extrema derecha española, PP y Cs, a poner alfombra roja a la Moncloa al sanchismo...
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