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Maria Mir Rocafort

Estoy frenética y lo confieso sin ningún reparo. Ayer, Pedro Sánchez respondió a una pregunta de un entrevistador con otra pregunta; “¿Quién nombra al Fiscal General del Estado?” El entrevistador respondió que el gobierno. Pedro Sánchez apostilló: “Ya está”. Y se armó. ¡Oh!

Pedro Sánchez está haciendo una campaña que no atrae a la prensa ni a quienes comentan la prensa. No insulta, no da caña, como pedían los fieles a Alfonso Guerra. El presidente del gobierno en funciones dedica en sus mítines casi todo su tiempo a hablar de política.

La tumba de Franco, en tan sacro y espectacular recinto, no es un simple e inocuo monumento para recordar a las nuevas generaciones las glorias del Caudillo por la gracia de la guerra. La tumba, el Valle de los Caídos todo, nos recuerda que Franco vive.

No voy a relatar una historia que incluya las idas y venidas y dimes y diretes que se han producido durante el espectáculo de Pablo Iglesias vs Pedro Sánchez al que nos ha tocado asistir. Ya nos han hecho perder suficiente tiempo comentando y oyendo comentarios, y la vida a nadie parece tan larga como para malgastar el tiempo que le dure. Baste recordar que, siendo grave no poder pactar con las derechas, fue gravísimo que Pedro Sánchez no pudiera pactar con la izquierda, cosa que, según los analistas, se debió a su irresponsabilidad y a su soberbia.

🔴Del Blog de María Mir-Rocafort para LaHoraDigital

Llegó el lunes, distinto de todos los lunes, más reluciente que todos los jueves que, en tiempos del nacional-catolicismo, relucían más que el sol ─Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión, para quien no se acuerde.

Estamos asqueados, cabreados, saturados, hartos de la mayoría de los que, llamándose políticos, insultan nuestra inteligencia y nos desprecian tratándonos como populacho con bajo nivel intelectual y escasa capacidad de comprensión. Pero esos políticos que montan su propaganda confiando en la imbecilidad de sus destinatarios no suponen un peligro grave. Casado y Rivera, por ejemplo, sueltan paridas y mentiras de tal magnitud que ya no pueden tomárselas en serio ni sus incondicionales. Prueba de que la mayoría no tragó fue el penoso resultado que obtuvieron en las elecciones de abril: 66 y 57 diputados respectivamente. A las paridas de Abascal y sus lugartenientes, por otro ejemplo, solo se las toma en serio quien adolece de fanatismo obnubilante; una minoría todavía muy minoritaria, gracias a lo que cada cual crea que nos protege. ¿Por qué preocuparnos entonces? Los comediantes metidos a políticos no pueden llegar más allá de alterarnos el humor y los nervios. ¿No pueden?

Qué suerte que hace más de treinta años, millones de personas votaran por un partido que prometió sanidad pública universal y cumplió. Cuando anoche me puse de los nervios, la amiga que llevo dentro de mi y que me conoce mejor que nadie me dijo que no soy una vieja histérica, que era perfectamente natural que me diera un telele ante la amenaza de que llegaran al gobierno unos individuos dispuestos a ponerle precio hasta a la vida de las personas levantando el pulgar para quienes puedan pagarse un seguro médico o un tratamiento carísimo y condenando a muerte a quien no se lo pueda pagar.
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¿Verdaderamente no tiene remedio el trastorno que arrastra a los infelices a elegir populistas de cualquier signo que les emocionen? ¿Verdaderamente hemos llegado a un estancamiento de la evolución y las masas de infelices ya no pueden buscar soluciones utilizando su facultad racional? ¿Verdaderamente los infelices solo pueden reaccionar a golpes de adrenalina como el salvaje primitivo? ¿Será que está triunfando el poder deshumanizador del Dinero, ahora asistido por la tecnología, o es que los infelices siempre han sido así?

Dadas las circunstancias, habrá quien suponga que la campaña contra España la desataron y la han estado luchando hasta ahora los políticos catalanes independentistas. Falso. Hace ya siete años, los políticos catalanes independentistas desataron una campaña contra Cataluña que no se resignan a clausurar. Su campaña contra Cataluña, es decir, contra todos los catalanes, no ha hecho daño a nadie más que a todos los catalanes, independentistas o no. Porque Cataluña no es un trapo, con o sin estrella, ni un himno ni un presidente de la Generalitat ni dos. Cataluña es solo el nombre de un territorio donde vivimos unos siete millones de catalanes, vengamos de donde vengamos.

No hace mucho, en términos históricos, financieros y políticos asesinos consiguieron inducir al suicidio a millones de personas que cayeron víctimas de sus consignas permitiendo la destrucción de las sociedades en las que convivían...

🔴 Del Blog de María Mir Rocafort para La Hora Digital

Con los ojos pasmados como los ojos de las vacas, de las ovejas, el espectador contempla ensimismado la imagen desaliñada de Pablo Iglesias plantado ante una platea de periodistas, hablando con la soltura de una estrella del rock. ¡Qué bien habla ese chico! ¿Qué dice? Que hay que acabar con todo lo malo y gobernar para que venga todo lo bueno...

Si se pregunta lo que pasa después de unas elecciones, la inmensa mayoría de la gente corriente, despojada ya de su dignidad de ciudadanos por un día, dirá que nada. Nada significa que cada cual vuelve a sus afanes cotidianos y que los políticos se incorporan a su particular torneo, una especie de ajedrez, produciendo noticias que solo interesan a los jugadores y a una ínfima minoría de gente corriente.

Hace muchísimos años alguien me enseñó el significado de la expresión Make it happen, “Haz que pase”. Desde la infancia, en los momentos más duros de mi vida, he encontrado una voz amiga que me ha alentado a continuar con el imperativo Make it happen. Por eso recibí con una sonrisa el lema del PSOE para esta campaña y, con la sonrisa, una dosis de esperanza, de ilusión, de entusiasmo renovado.