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Edición testing    2 de marzo de 2021

Libertad

Cuando la economía se volvió loca, hace muchos años ya, la mayoría de los afectados por la depresión perdió la brújula. La sociedad empezó a girar en un pozo negro. Y dentro de esa masa que llamamos sociedad, cada cual empezó a girar, a girar y a girar con su propia inconsciencia, cada vez más lejos del aire y de la luz que la mente humana necesita para vivir. Tal vez siempre fue así, pero hoy, gracias a todos los medios de información de que disponemos, las aguas negras de la mente, propia y de extraños, ya no se ocultan; se desbordan ante nuestros ojos en toda su repugnante fetidez. Un día, en los Estados Unidos, es una horda de racistas que defiende la supremacía de los blancos asaltando su capitolio con la intención de matar a los legisladores que defienden la justicia. Otro día, en nuestro país, es otra horda que destroza cuanto encuentra a su paso por la calle para defender el derecho a insultar, a amenazar, a atacar al contrario. Otro día, en muchos países, son millones votando para entregar el poder a enemigos de los valores humanos. Cada día, en todas partes, giramos y giramos y giramos entre cifras de enfermedad y muerte que pocos escuchan, y millones ahogan su esperanza girando, girando, girando en la inmundicia sin atreverse siquiera a patalear, a empinarse, a luchar con uñas y dientes por salir a la luz. Millones han reducido sus vidas a girar, a girar y girar en el mismo sitio, como las aspas de un molino, esperando que el tiempo desmorone sus vidas inútiles.

Parece mentira. Un filósofo con cara de filósofo y anticuadas gafas de concha ha vuelto loca a tres cuartas partes de la politiquería de este país al anunciar que se presenta a las elecciones de president de Cataluña. Parece mentira. Un hombre con cara de buena persona, un hombre tranquilo sin ningún rasgo inquietante, ha causado terror agitando la glándulas de todos los aspirantes a gobernar la autonomía más importante del país y a todos los politiqueros de todos los partidos distintos al suyo. ¿Por qué causa ese pánico? Uno se lo pregunta porque no se lo explica. Todos le ponen a parir como si ese hombre fuera una amenaza para todos los politiqueros de la tierra. Y a los politiqueros se han unido, ¿como no?, todos los comentaristas a sueldo de las derechas y los comentaristas serios que pretenden no estar a sueldo de nadie más que de sus propios intelectos, intelectos que adolecen de una mediocridad que espanta; comentaristas cuyas voluntades les mueven a instruirse, por puro terror, con las directrices de las tres derechas para no meter la pata demasiado cargándose prestigio y sueldo. ¿Qué tiene Salvador Illa que ha puesto a temblar a toda la politiquería nacional?

"Entre todos la mataron y ella sola se murió", decía mi madre con bastante frecuencia. Tardé años en entender la frase aunque, aún sin entenderla del todo, me resultaba inquietante. Hoy la recuerdo, la entiendo y la siento. Fueron muchos los que intentaron matar en mi madre la razón, la voluntad, las ganas de vivir cuando apenas era una niña que ni siquiera entendía esos conceptos. Intentaron matarla las bombas que caían sobre Madrid desde bombarderos alemanes. No lo consiguieron. Aferrada a la mano de su madre corrían las dos hacia el refugio y siempre llegaron a tiempo.

Apenas hace una hora continuaba entre las sábanas, estrenando y maldiciendo la melodía de la alarma que elegí la noche anterior. Ahora, malhumorado y con la cabeza dispersa, intento distraerme con el vaivén de personas entrando y saliendo del tren. Me imagino a dónde van, si duermen mejor que yo y si tienen la suerte de trabajar de lo que les apasiona. ¿Es lo habitual?

El PSOE del Rincón de la Victoria en Málaga señala que no es la primera vez que el portavoz de Vox ha mostrado una ''actitud intolerable y faltas de respeto en los plenos del Consistorio''. Ahora, los socialistas exigen su dimisión y estudian denunciarlo por delitos de odio.
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