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Edición testing    23 de enero de 2021

Estados Unidos

Bajo un estado de máxima vigilancia, Joseph Biden ha tomado posesión del cargo de 46º presidente de Estados Unidos. Unidad, verdad, respeto y generosidad fueron los valores que articularon el mensaje inaugural a una ciudadanía sobrecogida. Un discurso grave y solemne pero compensado con el optimismo tradicional de una nación que se proclama indispensable, convencida de que siempre saldrá adelante por pavorosas que sean las dificultades, con la ayuda de Dios. Invocación a la democracia, frágil pero que ha vuelto a prevalecer a pesar de las amenazas que la acechan.

Hace unos días me apareció el tuit de una tuitera americana indignada porque Twitter le había clausurado la cuenta a Donald Trump. Anunciaba que ella daría de baja la suya en protesta e instaba al resto de los tuiteros a hacer lo mismo. Le di las gracias por librarnos de una trumpista y le deseé que muchos trumpistas siguieran su ejemplo. No me contestó. Supongo que la sorpresa la dejó sin palabras, porque una de las creencias de los fieles de Trump es que la mayoría de la humanidad pertenece a su secta y que no hay ser humano que no venere al ídolo del país más poderoso del mundo. ¿Qué le pasará a estas almas cándidas cuando su todopoderoso pierda todo su poder el miércoles? Por ahora, contagiados hasta el tuétano de la facultad de engaño y autoengaño de Donald Trump, no hay fuerza de índole alguna sobre la faz de la tierra que les convenza de que Trump pueda perder su omnipotencia. Donald Trump es Dios, como él mismo dijo en un rally. Si, como dicen prestigiosos psiquiatras, Trump ha llegado a creerse sus propias mentiras, ¿qué puede hacer de aquí al miércoles para no salir de la Casa Blanca derrotado? Nadie lo sabe, razón por la cual, las mentes más preclaras de la política americana viven, desde el pasado miércoles, haciendo esfuerzos supremos por ocultar su canguelo.

“Una tierra prometida”, el primer volumen de las memorias de Barack Obama

Barack Obama fue un fenómeno político difícil de discutir y seguramente será también un fenómeno editorial jugosamente lucrativo. Las memorias del primer presidente afroamericano de la historia tienen asegurado uno de los primeros puestos en el ranking de best sellers de la temporada. Y con motivos. Había interés por conocer la autovaloración que el líder más mediático de Estados Unidos hacía de su ascenso y recorrido por la Casa Blanca. El resultado, como su presidencia, es agridulce.

"Joe Biden jamás será presidente de los Estados Unidos", dijo el miércoles una de las fieles de Donald Trump entrevistada en la calle para una televisión; mujer bastante madura, muy maquillada, ojos de investigadora de otros mundos, expresión de sibila dopada. "El presidente de los Estados Unidos será Donald Trump mientras él quiera", concluyó con una sonrisa triunfal. Mientras Trump quisiera, sus zombis seguían en el Capitolio de los Estados Unidos escalando paredes, rompiendo ventanas, probando tribunas y butacas de Senadores y Representantes, robando muebles, cartas, documentos. La señora sibilina estaba a la puerta de un hotel a punto de entrar. Se ve que se había cansado de cargar con la bandera durante el rally de Trump previo al asalto al Capitolio y había decidido dejar la parte más arriesgada de la aventura a sus correligionarios más brutos.

El asalto al Capitolio representa la culminación del periodo más oscuro de la historia norteamericana desde la guerra de secesión (1860-1865). Ni siquiera el episodio del Watergate llegó a desnudar de forma tan visible las carencias, fracturas e inconsistencias del sistema político. El bochornoso espectáculo del 6 de enero en el edificio más emblemático de la democracia americana no es responsabilidad de un solo hombre, aunque sea el máximo dirigente del país, ni siquiera de su equipo más recalcitrante: la vergüenza arrastra a casi todo el liderazgo del partido republicano, cooperador necesario en el desastre.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump lleva meses denunciando un supuesto fraude electoral sin ningún tipo de pruebas e incitando a sus seguidores para que “defiendan nuestra clara victoria”. El momento culminante fue el asalto al Capitolio el día en el que se debía certificar la victoria del presidente electo Joe Biden. Sin embargo, ahora, el dirigente republicano amenaza con que “lo pagarán” aquellos que “profanaron la sede de la democracia estadounidense”. En un giro más en su locura, el multimillonario arremete contra los mismos a los que animó en sus protestas. Mientras, los principales líderes demócratas apuestan por que se proceda a una destitución del presidente al que consideran una persona “muy peligrosa”. La novedad es que a la petición también se unen algunos republicanos y representantes de la sociedad civil.

Los gigantes de las redes sociales, Twitter, Facebook, Instagram y Snapchat, han bloqueado de manera temporal las cuentas de Donald Trump como consecuencia de las escenas de violencia en el Capitolio de Washington protagonizadas por manifestantes seguidores del mandatario. Esta acción realizada por las distintas plataformas se produce después de que el expresidente insistiese en las falsas denuncias de fraude electoral en las elecciones del pasado noviembre que dieron la victoria al candidato demócrata Joe Biden, así como por alentar a sus seguidores a dirigirse hacia la Cámara de Representantes para frenar el nombramiento de Biden como nuevo presidente del país.

Tras una de las jornadas más negras en la historia de la democracia de los EEUU, el Congreso ha ratificado los resultados de las elecciones del pasado mes de noviembre que dieron la presidencia del país al demócrata Joe Biden. El asalto de los defensores de Trump se ha saldado con cuatro muertos y decenas de heridos, pero solo ha servido para poner de relieve la senda antidemocrática por la que transita el político republicano desde hace mucho tiempo.

"Entre todos la mataron y ella sola se murió", decía mi madre con bastante frecuencia. Tardé años en entender la frase aunque, aún sin entenderla del todo, me resultaba inquietante. Hoy la recuerdo, la entiendo y la siento. Fueron muchos los que intentaron matar en mi madre la razón, la voluntad, las ganas de vivir cuando apenas era una niña que ni siquiera entendía esos conceptos. Intentaron matarla las bombas que caían sobre Madrid desde bombarderos alemanes. No lo consiguieron. Aferrada a la mano de su madre corrían las dos hacia el refugio y siempre llegaron a tiempo.

Varias cuestiones como las reacciones alérgicas, el tiempo de inmunidad o simplemente la opción de vacunarse envuelven los programas de vacunación para protegerse de la Covid-19 en todos los países. El Reino Unido ha sido uno de los primeros países del mundo en comenzar la vacunación masiva de su población por lo que son la "avanzadilla" de cómo de efectiva será la cura para el virus. Y es aquí donde están surgiendo noticias inquientantes sobre la crisis sanitaria. Primero fue la reacción alergica de dos sanitarios al ponerse la vacuna y ahora es la aparición de una nueva cepa del virus que puede estar asociada a los más de mil casos en el sur de Inglaterra. Examinando con atención cómo evoluciona el fármaco día tras día en cada inyección, la responsable técnica de la gestión de la pandemia de COVID-19 en la Organización Mundial de la Salud (OMS), Maria Van Kerkhove, ha lanzado un mensaje de tranquilidad “hasta ahora no hay pruebas de que esta cepa altere la situación y sea la causa del empeoramiento”. Sin embargo, aún se necesita, según ha comunicado Kate O'Brien, jefa de inmunización de la OMS, “constancia en el estudio de su evolución en las personas vacunadas, en los aspectos de control de calidad y determinación del tiempo en el que la persona es inmune”, sin atentar contra la efectividad y seguridad del fármaco.

Estamos en medio de dos guerras espeluznantes; dos guerras entre cuatro potencias que amenazan nuestra vida, física y emocional. Por un lado la guerra entre un virus asesino y la ciencia que lucha por vencerlo. Por el otro, la guerra entre el amor, que intenta hacernos más humanos y hacer más humana nuestra vida, y el odio, que intenta destruir nuestra humanidad para devolvernos a la época en que la política organizaba a la sociedad entronizando a los más fuertes y uniformando a los demás en una masa de pobres y esclavos. Parece exagerado hablar de amor y odio en política. No lo es si el amor se entiende como empatía, la facultad de ponerse en la piel del otro, y el odio se entiende como un egoísmo brutal capaz de cualquier cosa contra cualquiera con tal de obtener un beneficio.

El presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva por la que reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, considerando que su propuesta de autonomía es “la única base” para una solución “justa y duradera” que garantice “la paz y la prosperidad” en la zona. A cambio, el mandatario ha pedido un pleno establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel y de esta forma, el territorio marroquí se suma a Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán que también firmaron acuerdos similares al auspicio de Estados Unidos. Con este reconocimiento, Marruecos conseguirá un apoyo clave para anteponer su posición en el Sáhara Occidental, un territorio que lleva reclamando 50 años. Sin embargo, el Frente Polisario y el Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) han criticado la postura de Trump, estableciendo que “no le corresponde” reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, al mismo tiempo que han explicado que esta acción “no cambia en nada” la cuestión saharaui. Mientras que el Frente Polisario ha condenado la decisión del presidente, España ha pedido que se respeten las resoluciones de la ONU.

Italia ha registrado este jueves su peor dato de fallecidos desde el inicio de la pandemia, con 993 decesos en 24 horas. Esta cifra no se había registrado antes en Italia ni en los peores momentos, superando de esta manera las 969 muertes que se dieron en el país el pasado 27 de marzo. Otro de los grandes países afectados por Covid-19 en las últimas semanas es Estados Unidos, que notifica más de 217.000 positivos y 2.879 muertos, su nuevo récord diario de contagios. Por su parte, España parece que va recuperándose de la segunda ola, siendo uno de los países europeos con menor incidencia de casos y presentando cifras similares a Francia y Alemania, con alrededor de 300 casos por cada 100.000 habitantes. Por el contrario, a Suecia, Portugal y la citada Italia, aun teniendo medidas más restrictivas, les cuesta más reponerse de esta segunda ola, con una incidencia acumulada por encima de los 650 casos por cada 100.000 habitantes.

El fiscal general de Estados Unidos, William Barr, ha asegurado que su Departamento de Justicia no ha encontrado ningún indicio de fraude masivo en el recuento electoral que “pudiese afectar al resultado de las elecciones” celebradas el 3 de noviembre, en las que Joe Biden consiguió la victoria frente a Donald Trump. El secretario de Justicia ha explicado que procuradores y agentes del FBI han atendido denuncias y seguido pistas sobre las pasadas elecciones, pero que no han encontrado anomalías de especial relevancia. Pese a ello, Trump no se rinde y, horas después de las declaraciones de Barr, ha dejado caer que si los recursos presentados contra el resultado de los comicios de este año fracasan, los ciudadanos volverán a verle “en cuatro años”.

El asesinato del físico nuclear más relevante de Irán y el encuentro entre el primer ministro israelí y el príncipe heredero saudí son dos hechos de diferente impacto, pero de análoga significación, similar alcance y coincidentes consecuencias.