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Edición testing    27 de enero de 2021

Donald Trump

El nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, en su segundo día de mandado, ha presentado su estrategia para acabar con la expansión de la Covid-19. Afrontando un país que lidera la incidencia de casos a nivel global, Biden apuesta por un plan de actuación rápido basado en la aplicación de 100 millones de dosis a lo largo de los 100 primeros días de su mandato. Para ello, el Gobierno federal será el encargado de garantizar el cumplimiento de todos los compromisos de la nueva administración, como la reapertura de las escuelas o la imposición de leyes que combatan la discriminación racial. En la misma línea, para mitigar el impacto del virus en el país, el nuevo Gobierno ya se encuentra trabajando en la instalación de centros de vacunación y en el estudio de estrategias para ampliar la campaña en farmacias.

Donald Trump abanadonó la Casa Blanca, todavía como presidente, en el Air Force One con la idea de no acudir a la toma de posesión de Joe Biden. El líder demócrata, ganador de las elecciones, se convierte hoy en 46º presidente de los EEUU, acompañado por su vicepresidenta, Kamala Harris. Washington estuvo semanas blindándose tras los altercados violentos del asalto al Capitolio, promovidos por Trump. La Cámara estuvo rodeada por el mayor despliegue de la Guardia Nacional visto en una toma de posesión, 25.000 agentes, acompañados por vallas de seguridad y con las calles contiguas completamente cortadas al tráfico. El FBI llevaba semanas trabajando para estudiar y detener a sospechosos que podrían protagonizar hoy nuevos altercados violentos en un país que se encuentra completamente fracturado tras la estampida de Trump. Biden, ha tomado posesión apenas sin público, sustituido por 200.000 banderas, con las voces de Lady Gaga y Jennifer López. Hereda un Gobierno marcado por la mayor crisis pandémica vista en un siglo y además con una población dividida, con millones de estadounidenses que creen que es un candidato ilegítimo, convencidos por el presidente saliente.

Hace unos días me apareció el tuit de una tuitera americana indignada porque Twitter le había clausurado la cuenta a Donald Trump. Anunciaba que ella daría de baja la suya en protesta e instaba al resto de los tuiteros a hacer lo mismo. Le di las gracias por librarnos de una trumpista y le deseé que muchos trumpistas siguieran su ejemplo. No me contestó. Supongo que la sorpresa la dejó sin palabras, porque una de las creencias de los fieles de Trump es que la mayoría de la humanidad pertenece a su secta y que no hay ser humano que no venere al ídolo del país más poderoso del mundo. ¿Qué le pasará a estas almas cándidas cuando su todopoderoso pierda todo su poder el miércoles? Por ahora, contagiados hasta el tuétano de la facultad de engaño y autoengaño de Donald Trump, no hay fuerza de índole alguna sobre la faz de la tierra que les convenza de que Trump pueda perder su omnipotencia. Donald Trump es Dios, como él mismo dijo en un rally. Si, como dicen prestigiosos psiquiatras, Trump ha llegado a creerse sus propias mentiras, ¿qué puede hacer de aquí al miércoles para no salir de la Casa Blanca derrotado? Nadie lo sabe, razón por la cual, las mentes más preclaras de la política americana viven, desde el pasado miércoles, haciendo esfuerzos supremos por ocultar su canguelo.

El presidente electo de los Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, planea poner en marcha una serie de normativas para garantizar la continuidad del país. A solo un día de la celebración de la toma de posesión, el grupo de trabajo de Biden ha adelantado algunas de las medidas que podrán poner fin a la dudosa gestión del presidente saliente, Donald Trump. Principalmente, a la espera de ser ratificado por el Congreso, el Ejecutivo dirigido por Biden y Kamala Harris estima poder afrontar la crisis que ha supuesto el coronavirus en el país mediante un reparto y una aplicación de dosis más amplia y rápida, aclamando la participación de entidades privadas y la aplicación en farmacias, sumando un plan de más de 1 billón de dólares para reactivar la economía. Por otro lado, la tolerancia migratoria y el retorno del país a participar en el Acuerdo de París sobre el cambio climático son otras medidas de planteará presentar al Congreso el mismo día de su investidura.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha recalcado la importancia de la democracia como garantía de la estabilidad mundial. Durante la celebración de la Conferencia de Embajadores -que no se celebrada desde el año 2008-, el presidente ha evidenciado el apoyo de España ante la nueva etapa democrática que recupera EEUU con la próxima gestión capitaneada por Joe Biden. De esta manera, Sánchez ha condenado todo acto que ponga en peligro la seguridad de cualquier democracia, como el asalto al Capitolio de EEUU o la falta de diálogo en las elecciones venezolanas. En este acto, el presidente del Gobierno ha señalado los principales objetivos de España a cometer en su estrategia de política exterior 2021, apostando por el multilateralismo y la cooperación, y no solo en el ámbito europeo. Ajustándose a los nuevos tiempos, Sánchez ha querido hacer hincapié en la imprescindibilidad de actuar de manera solidaria en el reparto de las vacunas contra la Covid-19.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos considera a Donald Trump, culpable de haber “incitado a la insurrección” contra el Gobierno tras meses de falsas acusaciones contra los resultados electorales que han dado la victoria al candidato demócrata, Joe Biden. La votación logró una mayoría de 232 votos frente a 197 en contra de la destitución del republicano, cosechando incluso 10 votos republicanos de un sector dirigido por la tercera en la Cámara del partido, Liz Cheney. “El presidente de Estados Unidos convocó a esta turba, les juntó y encendió la llama de este ataque”, mantenía Cheney el miércoles en la misma línea que la presidenta de la Cámara, la demócrata Nancy Pelosi, que ha sacado adelante el impeachment: “Sabemos que el presidente de EE.UU. incitó esta insurrección, esta rebelión armada contra nuestro país común. Debe irse”.

Este miércoles se cumple una semana del asalto al Capitolio de Washington incitado por el propio presidente, Donald Trump, que dejó un balance de cinco muertos. El martes se votaba en la Cámara de Representantes la petición de aplicar la enmienda 25 o, una votación que salió adelante pero se convirtió en un gesto simbólico ya que el vicepresidente saliente, Mike Pence, había rechazado horas antes la petición lanzada por Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara. “No cedí a la presión para ejercer un poder más allá de mi autoridad constitucional y no cederé ahora a los esfuerzos de la Cámara de Representantes de jugar juegos políticos en un momento tan grave en la vida de nuestra nación”, explicaba Pence. No obstante, continúa la labor por echar a Trump del poder a una semana de la entrada de Joe Biden a la Casa Blanca. Hoy mismo, se votará el segundo impeachment contra el presidente Trump.

"Joe Biden jamás será presidente de los Estados Unidos", dijo el miércoles una de las fieles de Donald Trump entrevistada en la calle para una televisión; mujer bastante madura, muy maquillada, ojos de investigadora de otros mundos, expresión de sibila dopada. "El presidente de los Estados Unidos será Donald Trump mientras él quiera", concluyó con una sonrisa triunfal. Mientras Trump quisiera, sus zombis seguían en el Capitolio de los Estados Unidos escalando paredes, rompiendo ventanas, probando tribunas y butacas de Senadores y Representantes, robando muebles, cartas, documentos. La señora sibilina estaba a la puerta de un hotel a punto de entrar. Se ve que se había cansado de cargar con la bandera durante el rally de Trump previo al asalto al Capitolio y había decidido dejar la parte más arriesgada de la aventura a sus correligionarios más brutos.

El asalto al Capitolio representa la culminación del periodo más oscuro de la historia norteamericana desde la guerra de secesión (1860-1865). Ni siquiera el episodio del Watergate llegó a desnudar de forma tan visible las carencias, fracturas e inconsistencias del sistema político. El bochornoso espectáculo del 6 de enero en el edificio más emblemático de la democracia americana no es responsabilidad de un solo hombre, aunque sea el máximo dirigente del país, ni siquiera de su equipo más recalcitrante: la vergüenza arrastra a casi todo el liderazgo del partido republicano, cooperador necesario en el desastre.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump lleva meses denunciando un supuesto fraude electoral sin ningún tipo de pruebas e incitando a sus seguidores para que “defiendan nuestra clara victoria”. El momento culminante fue el asalto al Capitolio el día en el que se debía certificar la victoria del presidente electo Joe Biden. Sin embargo, ahora, el dirigente republicano amenaza con que “lo pagarán” aquellos que “profanaron la sede de la democracia estadounidense”. En un giro más en su locura, el multimillonario arremete contra los mismos a los que animó en sus protestas. Mientras, los principales líderes demócratas apuestan por que se proceda a una destitución del presidente al que consideran una persona “muy peligrosa”. La novedad es que a la petición también se unen algunos republicanos y representantes de la sociedad civil.

Los gigantes de las redes sociales, Twitter, Facebook, Instagram y Snapchat, han bloqueado de manera temporal las cuentas de Donald Trump como consecuencia de las escenas de violencia en el Capitolio de Washington protagonizadas por manifestantes seguidores del mandatario. Esta acción realizada por las distintas plataformas se produce después de que el expresidente insistiese en las falsas denuncias de fraude electoral en las elecciones del pasado noviembre que dieron la victoria al candidato demócrata Joe Biden, así como por alentar a sus seguidores a dirigirse hacia la Cámara de Representantes para frenar el nombramiento de Biden como nuevo presidente del país.

Tras una de las jornadas más negras en la historia de la democracia de los EEUU, el Congreso ha ratificado los resultados de las elecciones del pasado mes de noviembre que dieron la presidencia del país al demócrata Joe Biden. El asalto de los defensores de Trump se ha saldado con cuatro muertos y decenas de heridos, pero solo ha servido para poner de relieve la senda antidemocrática por la que transita el político republicano desde hace mucho tiempo.

Cientos de seguidores de Tump asaltan violentamente el Capitolio y obligan a evacuar a políticos y periodistas. Trump insiste en que "todo el mundo sabe que las elecciones las he ganado yo".

Miles de partidarios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, incluidos grupos de extrema derecha, protestan armados en Washington contra la sesión del Congreso que certifica la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado noviembre. Se dirigen al Capitolio, se acercan, rompen ventanas y asaltan la Cámara de forma violenta provocando disparos en el interior. Al menos una mujer ha sido herida de bala y varios agentes han sido evacuados. Algunos de estos manifestantes han roto puertas y han irrumpido en la Cámara que se ha visto obligada a interrumpir la sesión y evacuar a los congresistas y a todos los periodistas. El Ejército se ha instalado en las inmediaciones del Capitolio y ha entrado para contener a los manifestantes. La alcaldesa de Washington ha decretado un toque de queda desde las seis de la tarde hasta el día siguiente. El presidente electo de los Estados Unidos, se dirigió a los norteamericanos: "le pido a Trump que salga a hablar a estos exhaltados y que se retiren. Una nación como la nuestra, que es un faro de luz, se ha rebajado a este momento tan oscuro". Pero Trump insiste en que ha ganado las elecciones.

Una grabación sacada a la luz por el diario The Washington Post revela cómo el presidente saliente de los Estados Unidos, Donald Trump, presionó y amenazó al secretario de Georgia, Brad Raffensperger, para que sabotease la victoria de Joe Biden en el estado sureño. Ante la negativa de notificar un falso conteo, Trump sigue sembrando sospechas en la transparencia del sistema electoral. Representantes de la esfera pública han querido señalar que este tipo de acusaciones solo responden a la “voz de la desesperación” y a un claro “abuso de poder”. El próximo 6 de enero el Congreso ratificará definitivamente la victoria del presidente electo de los EEUU, Joe Biden, en un momento caracterizado por la oposición de 12 senadores y cien legisladores, y la segunda vuelta de las elecciones para el Senado, donde Georgia vuelve a ser clave.

El primer ministro de Marruecos, Saadeddine El Othmani, ha defendido durante el fin de semana que Ceuta y Melilla “son marroquíes como el Sáhara”, después de que el pasado 10 de diciembre el presidente estadounidense, Donald Trump, reconociese oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Tras estas declaraciones, el Gobierno español ha convocado de manera urgente a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, para pedirle “respeto a la soberanía e integridad territorial” de España y explicaciones sobre las palabras manifestadas por el primer ministro marroquí. Esta acción muestra que las relaciones entre España y Marruecos no están pasando por su mejor momento y supone un ‘golpe’ a la política bilateral de España con este país, uno de sus grandes socios en la lucha contra la inmigración ilegal y el terrorismo yihadista.