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Edición testing    8 de agosto de 2020

Cayetanos

Madrid. Fase 1. El asfalto se queja del calor. Del solar y del que le inoculan los neumáticos que chirrían al frenar. El aire ya no circula limpio. Los pulmones rechazan la suciedad con asco. Las fosas nasales protestan. La mascarilla impide que el aire las humedezca. La garganta se reseca. Colisión de intereses. Camino hacia el Paseo de la Castellana desde el ala Oeste del barrio de Tetuán. Tarareo una canción popular de Paco Curto ‘la plaza de Tánger la van a tomar, también han tomado la de Tetuán…’ Camino ligero en busca de una librería donde exista un libro llamado ‘Good bye, verdad’.

66 días de confinamiento

Son las 21 . Oigo al cayetano furioso que por enésima vez intenta arrancar una cacerolada en el vecindario. Ya no golpea su cacerola sino una gran paella con la que muestra más aún su soledad. Hace una hora hemos vuelto a aplaudir a quienes trabajan por la vida de los ciudadanos y no por reventar al Gobierno que con ayuda de los científicos está venciendo al virus.

Los caceroleros gritan '¡Libertad!'. La misma libertad de cuando vivía Franco, ¿verdad? Lo que nunca esperábamos ver, los represores, los amantes del franquismo y del pensamiento único, pidiendo "Libertad", ahora que nuestra democracia ha evolucionado y todos -incluso ellos, que están insolidariamente poniendo en riesgo nuestra salud- pueden manifestar libremente sus discrepancias y sus protestas, quieren '¡Libertad!'. Libertad, cuando medio mundo, de derechas, de izquierdas, está confinado para proteger la propagación de un virus que ha matado a casi trescientas mil personas en poco tiempo, y enfermado a más de cinco millones, y se propaga a la velocidad del rayo… ¡ellos quieren 'Libertad' para salir a la calle a propagar la pandemia e infectarnos a todos!

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