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Edición testing    17 de enero de 2021

Casado marioneta de Aznar

Dejé mi último artículo en puntos suspensivos porque la cuestión del sadomasoquismo daba para mucho más. La peste vírica nos ha dejado un panorama sanitario y económico de pena y un panorama psicológico de espanto. Bajo los síntomas físicos perceptibles de la enfermedad, han ido naciendo o creciendo y agravándose trastornos mentales mucho más difíciles de combatir que un virus porque no existe ni existirá vacuna que pueda inmunizar a la mente contra los desvaríos. Miles de empresas y de profesionales han sucumbido a la desertización de las calles; muchos no podrán recuperar sus trabajos y sus negocios hasta que la epidemia se convierta en una pesadilla que pocos quieran recordar, pero ya han empezado a beneficiarse del desastre quienes se dedican a la cura de mentes: psicólogos y psiquiatras

El vídeo que inmortalizó a Pablo Iglesias -el vicepresidente tercero del Gobierno, no el fundador de la UGT- en el momento de pasar por caja y recoger los productos comprados en el Supermercado tiene dos detalles para reflexionar. El primero que Iglesias está sin ningún tipo de protección, ni guantes ni mascarillas. Cierto que los guantes no son recomendables salvo para manipular la fruta, pero la mascarilla es imprescindible, como bien le señaló su compañero de Gobierno, el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, y aconseja todos los días el responsable de la Sanidad, el ministro Salvador Illa. El vicepresidente de un Gobierno que nos 'da la brasa' todos los días con el mantra de protégete, quédate en casa, debería dar ejemplo y no andar por la vida como si fuera un ser superior, miembro de una casta libre de las debilidades humanas.
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