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Edición testing    21 de enero de 2021

Biden

Estamos en medio de dos guerras espeluznantes; dos guerras entre cuatro potencias que amenazan nuestra vida, física y emocional. Por un lado la guerra entre un virus asesino y la ciencia que lucha por vencerlo. Por el otro, la guerra entre el amor, que intenta hacernos más humanos y hacer más humana nuestra vida, y el odio, que intenta destruir nuestra humanidad para devolvernos a la época en que la política organizaba a la sociedad entronizando a los más fuertes y uniformando a los demás en una masa de pobres y esclavos. Parece exagerado hablar de amor y odio en política. No lo es si el amor se entiende como empatía, la facultad de ponerse en la piel del otro, y el odio se entiende como un egoísmo brutal capaz de cualquier cosa contra cualquiera con tal de obtener un beneficio.

¿A quién le importan las elecciones americanas cuando en casa está enfermando y muriendo gente y se están cerrando locales para siempre y miles están rellenando formularios para pedir una ayuda o haciendo cola para conseguir un poco de comida? Trump es solo un nombre, una palabra que suena a golpe de tambor lejano. Pues bien, esta mañana, leyendo The Guardian, Trump me sonó en la mente con la fuerza de decibelios insoportables para el oído humano. Trump me sonó a golpe mortal contra el virus que asola el mundo, contra todos los negocios, grandes y pequeños, contra todas las ayudas, contra todas las colas. Trump me sonó a la solución de todos los problemas de la tierra por la vía de la muerte. Ayer, Donald Trump comunicó a su gabinete su intención de atacar las instalaciones nucleares de Irán antes de dejar la presidencia.

La contestación interna demócrata por la Casa Blanca ha quedado despejada. Ni siquiera hizo falta el Supermartes para depurar la abultada lista inicial de candidatos. Cuando se abrieron las urnas en los 14 estados que reúnen una tercera parte de los delegados, algunos aspirantes ya se habían retirado (Buttigieg, Klobuchar, Steyer). La victoria, el sábado, del exvicepresidente Biden en Carolina del Sur confirmó su arraigo en el votante afroamericano moderado, por el influjo de Obama.

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