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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

LA HORA DE ROMPER MITOS, EQUIVOCOS Y ESTEREOTIPOS

Lo que hablamos de Rusia sin saber (I).

Lo que hablamos de Rusia sin saber (I).

Empezamos una serie de artículos sobre Rusia con el fin de dar información cierta sobre el país más grande del mundo y despejar, en un mometo en el cual deberiamos enterdernos mejor, los estereotipos más comunes. No puedo evitar la tentación de empezar con los chistes más populares y como no, con los clichés y vistas más estándar sobre Rusia y los rusos.

Capitulo I La ensaladilla rusa.


Capitulo I La ensaladilla rusa.

Como perfectamente demostró el humorista Eugenio, en su famoso chiste sobre un ruso y un andaluz en el tren transiberiano, para muchos españoles sus conocimientos sobre este país se limitan a la ensaladilla o a la montaña rusa. No quiero en absoluto ofender a los españoles que conocen mucho más, tienen gran respeto y cariño hacia la cultura, literatura y historia del país más grande del mundo. Y aquí no hay ninguna contradicción. La conciencia de masas es una cosa muy curiosa y es muy difícil quitar los estereotipos creados y estancados en la memoria durante muchos siglos. No me sorprende cuando, a pesar de los logros de Rusia y/o la Unión Soviética en ciencia y tecnología, de su música, pintura y literatura mundialmente reconocidos para muchos, el ruso sigue siendo un campesino brutal e inculto, sentado por debajo del arándano centenario copado con balalaika abrazando un oso y bebiendo vodka del samovar.

 

O después de ya más de treinta años de la desaparición de la URSS y el regreso al modelo puramente capitalista en la economía percibirla como una replica de la dictadura comunista con campos de concentración, represalias masivas o falta de libertades y derechos humanos (que no ha sido correcto ni siquiera para la propia Unión Soviética). Esta lista de ocurrencias es interminable. Y solo es superable con un poco de interés y un deseo mínimo de sobrepasar los estereotipos y mirar con un poco más de atención a la vida de otro país y su pueblo. Ahora con los medios y fuentes de información innumerables no es tan difícil. Se puede hacer con su propio teléfono o ordenador y sin contar con los medios oficiales los cuales a veces son comprometidos con la línea política del gobierno actual.

 

Regresando a nuestros carneros, perdón, osos en las calles de las ciudades rusas, esto fue uno de los cuentos más duraderos. Fue la Emperatriz rusa Catalina la Grande quien se quejó de que "no hay un pueblo sobre el que se hayan inventado tantas mentiras, absurdos y calumnias como sobre el pueblo ruso". Un país enorme, lejano y misterioso atrajo y asustó a los extranjeros, y sus notas estaban llenas de todo tipo de especulaciones que dieron lugar a estereotipos increíblemente tenaces. En el dibujo de un viajero que visitó Rusia a mediados del siglo XIX, los pastores conducen una manada de osos por una calle del pueblo, y hasta ahora muchos extranjeros se sienten frustrados al no encontrar un oso pardo solitario en la calle  Tverskaya de Moscu y descubrir que los rusos ya no inflan el samovar con una bota.

 

Otra creencia inconmovible es un impacto de los inviernos fríos al carácter nacional. Es muy simple y natural. Hay una enorme Siberia donde los pájaros se congelan en el vuelo. El carácter de la gente que vive allí debe ser diferente. La mayoría de los viajeros extranjeros en los siglos XV-XVII llegaron a Rusia desde regiones mucho más cálidas, por lo que los duros inviernos rusos causaron la mayor impresión en ellos. Un residente de Venecia, por ejemplo, se sorprendió de que las heladas en Rusia sean tan fuertes que los ríos se congelen.

Pero su compatriota, que visitó nuestro país a mediados del siglo XV, por alguna razón llegó a la conclusión de que toda la vida en el estado ruso se detiene en el frío invierno, la gente no sale de sus casas durante 9 meses y casi hibernan como osos. La verdad histórica lo contradice tanto que en los siglos X – XV con pocas carreteras construidas en regiones lejanas la mayoría de las comunicaciones se realizaron en inviernos por los ríos helados. Hasta que la invasión tártaro-mongolo en el siglo XIII se produjo también en invierno.

 

Un estadounidense que vivió en la URSS durante 14 años a mediados del siglo pasado explicó algunas características climáticas extrañas del carácter nacional del pueblo soviético. Según él, las heladas extremas de invierno causaron imprebisibilidad en el comportamiento de los rusos, y las mujeres locales comenzaron a llorar sin razón y ponerse nerviosas si la temperatura caía por debajo de – 30º. 

 

Y qué sorpresa era para todos estos viajeros encontrar a la gente normal, muy amables y alegres. Es muy difícil encontrar a la gente más hospitalaria y acogedora que los rusos. En pueblos pequeños no cierran las puertas y cualquier visitante encontrará tal cariño y cuidado como en su propia casa. Claro que en las grandes ciudades con su ritmo de vida diferente ya no es así. En la temible Siberia los cazadores que pasan semanas fuera de casa construyen las cabañas – albergues donde dejan todo lo necesario para pasar la noche o vivir un tiempo con una sola condición – dejar alimentos y otros objetos de primera necesidad para el siguiente visitante. 

 

Claro que todos nosotros somos diferentes en algo. Pregunta en España al andaluz sobre un gallego o catalán o viceversa. La diferencia posiblemente será mucho más drástica que entre un ruso y un español en general. Esta arrogancia es un fruto de muchos siglos de evolución y tenemos que aceptar a las personas tal como son, con sus debilidades, características, ventajas y desventajas, con respeto y compresión.

 

 

Es más fácíl entenderse con los pueblos que se conocen que con los que se ignoran.  Lo peor es fabular sobre ellos

La ensaladilla ¿es rusa?

Ahora pasamos a la famosa ensaladilla rusa. Para empezar no se llama así en Rusia y lleva el nombre de Olivier, su inventor, un belga de origen francés Lucien Olivier, quien, aprovechando la francofilia de la Сorte Imperial rusa, abrió en 1860 el elegante Restaurante Hermitage en Moscú. En el Restaurante, los clientes de la alta sociedad fueron atendidos por camareros vestidos con ropa campesina. Los famosos escritores rusos Turgeniev y Dostoievski vinieron aquí, y en 1877, el propio compositor Tchaikovsky celebró allí su boda.

 

Cuando la carta del restaurante era ya bien conocida, llegó el momento de presentar al público algo nuevo, y Lucien "compuso" una ensalada Olivier, cuya receta no reveló a nadie, pero según el testimonio de los clientes y un par de recetas encontradas del siglo XIX, era un verdadero "Bodegón barroco": filete de perdiz y urogallo, cangrejos, caviar negro, lengua de ternera y trufa, así como lechuga, pepinillos salados, patatas cocidas y aceitunas. Todo iba aliñado con una salsa cuyo secreto Olivier se llevó a la tumba, se sabe que contenía mayonesa, vinagre de ajenjo, mostaza y salsa Kabul. El éxito llegó de inmediato y a la ensalada se le "asignó" el nombre del apellido de su inventor. Después de la revolución de 1917 no era el momento de comer urogallos, ni caviar, el nuevo régimen trató de borrar todo lo relacionado con el estilo de vida aristocrático, los ingredientes "pijos" comenzaron a ser reemplazados por más simples: salchichas, zanahorias, guisantes verdes... Con el tiempo, la ensalada Olivier se convirtió en una ensaladilla proletaria, que invariablemente agregaba crema agria o mayonesa provenzal.

 

Según las suposiciones de los cocineros españoles, la ensalada cruzó las fronteras de Europa junto con los emigrantes rusos, según otros rumores, era un instrumento de propaganda del "Moscú rojo". De todos modos, comenzó a consumirse masivamente en la península Ibérica, pero el nombre ya ha cambiado a "ensalada rusa" (aunque algunos  los investigadores locales encuentran tal nombre en los anuncios del siglo XIX).

Es más, la ensaladilla comenzó a consumirse durante la guerra civil española de 1936-1939, cuando la Unión Soviética ayudó a los Republicanos a luchar contra el ejército de Franco. Aquí ya lo comieron los combatientes soviéticos y españoles. Después de la victoria del régimen de Franco, hubo un intento de cambiar el nombre a "Imperial" o "nacional", pero no tuvo éxito, ya que el pueblo continuó llamándolo obstinadamente "ruso".

 

Por cierto, en España, para los más ricos, antes había algunos ingredientes, y para las personas más modestas, otros. ¡Pero hoy en día la receta está "establecida",  ya no hay desviaciones y ensaladilla rusa es la ensalada de verano más popular! La salchicha no se pone aquí, pero se agrega atún. El local "Olivier" es decir la ensaladilla rusa se puede comprar en cualquier supermercado en forma envasada.

 

 


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