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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

La vuelta de la oclocracia

La vuelta de la oclocracia

Desde 1945, hubo en Europa cuatro olas sucesivas de la ultraderecha: el neofascismo 1945-55, el populismo de derecha 1955-1980, la derecha radical populista 1980-2000, y la extrema derecha versión 2.0 desde el año 2000 hasta la actualidad. 


Hoy en día, esta última macrocategoría abarca un amplio abanico de movimientos y partidos que se extiende desde el Sur del continente (Vox en España, la Agrupación Nacional Francesa, la Liga Italiana) hasta los confines de Escandinavia (el Partido Popular Danés, los Demócratas Suecos, el Partido del Progresos Noruego, el Partido de los Finlandeses).

 

Fuera de Europa, se puede incluir en este bloque al Brexit Party, al Trumpismo, al Bolsonarismo y al Mileismo (de Javier Milei el nuevo presidente de Argentina). Quedarían fuera de esta megacategoría los grupos neofascistas y neonazis por su vinculación ideológica directa con el fascismo de entreguerras y por asumir la violencia como una herramienta imprescindible en su estrategia política. También quedarían fuera los gobiernos y los movimientos políticos que sostienen a Duterte en Filipinas, a Modi en India, a Erdogan en Turquía y a Putin en Rusia. Éstos se engloban más bien dentro de lo que se podría calificar como Autoritarismo Competitivo que basa su legitimidad sobre elecciones formalmente libres pero fraudulentas. 

 

Dos diferencias esenciales distinguen esta cuarta ola respecto a las tres anteriores: Por un lado, los partidos de ultraderecha han dejado de ser minoritarios; y por otro, los partidos tradicionales de derecha han empezado a considerarlos como aliados y adoptar algunas de sus postulados y comportamientos. Tal es el caso del DF danés, el PVV holandés o la Concentración Popular Ortodoxa en Grecia. Algunos incluso han llegado a gobernar como el Fidesz húngaro y el PIS polaco. 

 

Otra característica de esta cuarta ola en Europa es que dichos partidos han conseguido incluir sus temas favoritos en el debate público, entre otros: la inmigración, la seguridad ciudadana, la islamofobia, el euroseptiscismo, la soberanía nacional y la cuestión de género. La derecha clásica no solo les ha seguido el paso sino que llevó tales ideas a la práctica al acceder al gobierno. Este nuevo dato, según Cas Mudde, ha hecho menguar las fronteras entre la derecha convencional y la radical y en algunos casos entre la derecha radical y la izquierda como en el caso de la República Checa y Dinamarca.

 

Fuera de Europa, tres de las democracias más pobladas del planeta han sido gobernadas por líderes de la ultraderecha: Modi en India, Bolsonaro en Brasil y Trump en EE.UU.

 

Algunas causas del auge de la extrema derecha en la cuarta ola: 

Entre éstas citamos:

  • El 11-S de 2001.
  • La gran recesión económica de 2008 que provocó un gran recelo de los ciudadanos de cara a su futuro. La socióloga Beatriz Acha matiza que el votante-tipo de la ultraderecha se suele identificar con los perdedores de la globalización. 
  • La crisis de los refugiados de 2015 considerada como la causa de mayor relevancia y el catalizador de las manifestaciones antiinmigración que se han vuelto habituales en las calles europeas y americanas.
  • El miedo a los cambios rápidos en el mundo del trabajo, las comunicaciones y la tecnología que han generado un verdadero backlash cultural y de valores según Pippa Norris y Russell Hochschild.
  • El fracaso de los partidos tradicionales frente al problema de la inmigración.

 

Principales rasgos de la ideología de la Ultraderecha:

Cabe destacar que ésta se define mucho mejor por aquello que rechaza que por lo que propone. El historiador español José Luis Rodríguez Jiménez estima que más que presentar un programa, la ultraderecha se presenta como salvadora ante cualquier situación de crisis, real o inventada, y como la alternativa del supuesto fracaso del liberalismo y la democracia. No obstante, se puede hablar de algunos rasgos distintivos, entre ellos:

  • El rechazo del derecho natural proveniente de la época de la Ilustración.
  • El antipluralismo y la refutación de la democracia.
  • Una visión conspirativa de la historia.
  • La insistencia sobre la identidad nacional y el tradicionalismo cultural. 
  • El proteccionismo económico.
  • El anticomunismo.
  • La xenofobia.

 

Con semejante espíritu reduccionista, y sustentado por unas redes sociales (e internet en general) que multiplican los Fake news, el umbral que separa entre la verdad y la mentira ha ido menguando con una velocidad alarmante facilitado la entrada de la retórica incendiaria, de la zafiedad y del insulto gratuito a los hogares sin escudos ni filtros condicionando a las generaciones futuras y banalizando el mal. 

 

Según un estudio del MIT, una falsa información circula seis veces más rápido que una información veraz y fehaciente. Sesudos analistas han llegado incluso a considerar que si antes había compatibilidad entre democracia y prensa convencional, esta compatibilidad ya se rompió con los nuevos medios digitales de información. ¡El primero que publica tiene razón!

 

A nivel político, se puede decir que el tiempo del “fairplay” en que el perdedor de unas elecciones agradecía a sus electores haberle votado, felicitaba al ganador y le tendía la mano para trabajar juntos para el bien del país ya es cosa del pasado.

 

Este juego limpio, estos buenos modales sinónimos de buena educación como del respeto de millones de ciudadanos que habían optado por otras opciones políticas, ya han desparecido. Hoy, el que gana no solo quiere ganar sino machacar, y él que pierde se resiste a reconocerlo.

 

Ante el escepticismo de los ciudadanos en cuanto a la efectividad de la democracia y su capacidad para representarlos pertinentemente, los nuevos lumpen descritos por Marx y Engels, igual que los de antaño, sin consciencia de clase, sin participación ninguna en el cambio real de las sociedades y fácilmente manipulables por las élites carnívoras, idolatran a este tipo de políticos y les dan alas. No es sorprendente que estos nuevos “miserables” abracen desvaríos y quimeras como el “candidato anti-sistema” y “cambio de ciclo”, convivan con la corrupción, la interioricen y la vean como algo normal.

 

Con el Brexit quedó patente que basta con mentir, con arrojar números imaginarios para salir de la Unión Europea y echar por tierra un proyecto político y económico más que lógico y pertinente. En Israel tenemos a varios energúmenos que no deparan en llamar animales a los palestinos, en Holanda a un político que quiere echar a los marroquíes, y en España, a varios groseros especímenes de la derecha y la ultraderecha que han convertido la política en un escenario de baldones y denuestos.

 

Estos son meros ejemplos y sabe Dios que los hay por todos los países y a borbotones.

 

En todo caso, este año 2024 se van a celebrar elecciones en más de setenta países en el mundo donde cuatro mil millones de ciudadanos estarán llamados a escoger a sus máximos dirigentes. Una posible reelección de Trump en EE.UU es susceptible de crear una tremenda onda de choque, afianzar aún más la avalancha que describíamos antes y hacer del siglo 21 el siglo del nacionalismo populista por excelencia. 

 

Todo esto demuestra que la memoria de los seres humanos es más corta aún de lo esperado y que después de tres o cuatro generaciones estamos dispuestos a tropezar en la misma piedra y repetir los mismos errores. A penas setenta años después de la segunda guerra mundial, el saludo nazi vuelve a ser algo trivial. 

 

Más, esta tendencia ultraderechista será de larga duración por tres razones esenciales:

 

  1. El desafío creciente de los ciudadanos a las élites, al sistema y al estado.
  2. El miedo a la mundialización.
  3. El miedo a la pérdida de la identidad nacional y por tanto a la inmigración.

 

¿Cómo reconstruir la confianza en las instituciones del estado? ¿Cómo hablar de los mismos hechos, de las mismas narrativas y remediar que cada uno se quede encerrado en su burbuja y en su discurso? 

 

En encontrar respuestas a las dos preguntas quizás esté la llave para evitar o al menos paliar el impacto de semejante deriva. La coyuntura actual de inflación, crisis económica y vuelta de los conflictos violentos no es la más adecuada para tales hazañas así que lo más probable es que la humanidad vaya otra vez “droit au mûr”. Más tarde se percatará –una vez más- de la atrocidad del radicalismo y de las identidades asesinas.

 

Una cosa es el recuerdo y otra cosa es recordar decía Machado.


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