María de Maeztu, fundadora y primera presidenta del Lyceum Club, fue un motor incombustible que principalmente dedicó su vida a la Residencia de Señoritas que creó en 1915 como el primer centro español de apoyo de estudios, residencia e instrucción para la mujer, (ahora Fortuny 53 sede Fundación Ortega/Marañón). Allí también estuvo de pupila Victoria Kent, que sería posteriormente la primera Vicepresidenta del Lyceum.
María de Maeztu, la primera mujer pedagoga, estudió en Alemania e Inglaterra, gracias a las becas de la Junta de Ampliación de Estudios y fue profesora durante dos años en el International School of Girls, en cuya sede (C/ Miguel Ángel 8) se celebraron las primeras reuniones fundacionales. Esta trayectoria de estudios internacionales proyectó y asentó en María de Maeztu todo su futuro de dedicación hacia la mujer española promocionando su instrucción, pues como ella misma decía: “Es una labor interminable”. Postulaba: “El derecho a la cultura de la mujer no es un privilegio es un deber que se cumple” , y así dispuso, para una mayor permeabilidad cultural, el libre intercambio de socias entre ambas instituciones.
Efectivamente sabemos de los cursos de filosofía que se daban en el Club por la propia Elena Fortún, en una carta escrita a su amiga Mercedes Hernández: “Con lo del club estoy encantada creo que se va a hacer una verdadera labor social en favor de la mujer y del niño. Somos ya muchísimas. Yo pertenezco a la sección de sociología y pienso que mis ciegos van a ganar mucho con ello. Ahora acaba de irse de casa María Rodrigo, que ha organizado un concierto para el domingo en el salón del Lyceum. Cada una aporta lo que puede y todas recibimos más de lo que damos. María de Maeztu va a dar un curso de filosofía para treinta señoras y espero ser una de ellas…” Es también la propia Elena Fortún la que, en boca de su personaje, la madre de su famosa Celia dice: “tengo que tomar la cuenta a la cocinera y salir a tomar el té con mis amigas del Lyceum”.
Pero no solo se tomaba el té en un saloncito primorosamente decorado, o se realizaban bailes de disfraces como leemos en la prensa, era mucho más. Se programaron cursos de derecho hablando sobre la necesidad del voto femenino, se organizaron exposiciones de arte, se representó teatro, y los más reconocidos intelectuales de la época celebraron allí sus conferencias.
En resumen, mujeres, que legalmente no tenían ni siquiera capacidad para obrar económicamente ni para votar, organizaron en la casa de las siete chimeneas un polo de atracción para mujeres de ideas avanzadas, que fue base para un desarrollo posterior y decisivo de la mujer en la sociedad española.
Al cabo de los años serán figuras sobresalientes de esa España social, política y cultural de principios de siglo: Pilar Zubiaurre, Mabel Rick, Trudy Graa, Maria Martos y Pura Maórtua, Carmen Monne, Eulalia Lapresta, Pilar Valderrama, Ernestina de Champourcin, Elena Fortún… “Las mujeres no encontraron un centro de unión hasta que apareció el Lyceum Club” escribió María Teresa León en “Memorias de la Melancolía”. Carmen Baroja estaba a cargo de la Sección de Arte con conferencias de toda índole, tanto exposición de juguetes a beneficio de la Casas del Niño, como de flores o pintura como la realizada por las dos hijas de Sorolla. Esto daba además el beneficio del 10% al Club. Ella, en sus memorias escribió: “Yo tenía la buena costumbre de dejar a mis conferenciantes sentados en un magnífico sillón que teníamos para el caso, detrás de una mesita con un vaso de agua y hasta alguna flor, y marcharme a casa, pues Rafael, si no estaba para la hora de cenar que solía ser muy temprano, se ponía hecho una furia. Así que casi nunca me enteraba de lo que habían dicho” . Efectivamente una cruda realidad, una nueva mujer todavía a caballo entre el orden establecido y sus deseos emancipatorios.
Se estrenaron conciertos de música donde Rodolfo Halffter ya presentaba su nueva sonata “Escorial” con “innovadoras turbulencias” como recogió la prensa, teatro vanguardista y/o conferencias con intelectuales de renombre. De una de éstas nace la anécdota más o menos relatada a conveniencia que cuenta que habiendo sido invitado Jacinto Benavente a dar una conferencia y debido a la premura del tiempo él contestó: “No puedo dar una conferencia a tontas y a locas”. Ha quedado como cierta y así aparece a menudo, pero en rigor tengo que decir que carezco de la fuente exacta.
La magnífica biblioteca era responsabilidad de María Martos y de María Lejárraga y como decían sus detractores tenía de todo, incluso el Corán.
Mucho más allá fueron sus abogadas capitaneadas por Victoria Kent o Matilde Huici quienes redactaron el escrito pidiendo al Gobierno cambios en los Códigos Civil y Penal, reivindicaciones femeninas pues como María Lejárraga dictó en su conferencia en el Ateneo: “En la constitución del Estado no existimos, pura y simplemente. Los constituidores no pensaron más que en el sexo fuerte”, “la mujer casada no existe ante la Justicia”. Ella exclamaba con ironía: “No pueden ser tutores ni protutores: los que hubieren sido penados por robo, hurto, los condenados a cualquier pena corporal, las personas de mala conducta, los quebrados y concursados no rehabilitados, y las mujeres. -Como veis vamos en buena compañía” – terminaba diciendo.
El país estaba cambiando con nuevas mujeres diputadas, voto, divorcio, asociacionismo, y reclamaciones de emancipación femenina, y aunque fueron muchos los éxitos que tuvo el Lyceum no siempre esta burguesía femenina estaba de acuerdo con tantas “modernidades”. Las nuevas elecciones y sucesivos cambios políticos produjeron fisuras entre ellas. Pilar Valderrama se dio de baja en 1930. Cuenta Carmen Baroja en sus Memorias: “La política lo envenena todo y muchas mujeres se dieron de baja, comprendía que aquello se iba haciendo demasiado político”. El resto es la historia que conocemos: desgraciadamente una guerra civil de hermanos contra hermanos. Como resultado de ello la mayoría de todas estas mujeres que sobresalieron culturalmente acabaron en el exilio.
Termino con una frase de María Lejárraga, que me gusta y dice: “Y para terminar un ramito de consejos ¡Estudiad mujeres desocupadas!, ¡Apasionaos, mujeres desapasionadas! Salid, decididas y serenamente en busca de la verdad, que, a mitad de camino, saldrá ella a vuestro encuentro”.
Bibliografía: Obras, documentación e investigación nombradas en mi novela Ni Locas Ni Tontas editada por Espasa. Prensa de la época y Biblioteca Nacional como fuentes principales.
- Una vida entre la pedagogía y el feminismo de Mª Josefa Lastagaray
- Los mil sueños de Elena Fortún, Marisol Dorao
- Recuerdos de una mujer de la generación del 98 Carmen Baroja, pág. 91
- Conferencia La mujer española ante la República, María Lejárraga. Ateneo Madrid mayo 1931
Y para terminar un ramito de consejos ¡Estudiad mujeres desocupadas!, ¡Apasionaos, mujeres desapasionadas!