En el actual mundo saturado de tecnología, donde los dispositivos electrónicos se han vuelto omnipresentes, han surgido debates alrededor de lo significativo o no que era estudiar con papel o con herramientas tecnológicas.
Y este debate nos interesa en la actualidad, como consecuencia de los resultados del informe PISA 2022 (https://www.oecd.org/publication/pisa-2022-results#pisa2022results)
Aunque muchos defienden la integración de tablets y computadoras en las aulas, hay una creciente corriente de pensamiento que aboga por un enfoque más tradicional, desechando o limitando el uso de la tecnología en la educación infantil (Suecia, anticipando los resultados del informe PISA actual, decidió revisar su política de digitalización antes de este verano para ir reduciendo el uso de las tablets, como consecuencia del informe PIRLS 2021; en el que Suecia mostraba un claro retroceso en comprensión lectora).
[Resultados del informe PISA para Suecia confirmando el descenso en Reading que ya anticiparon: https://oecdch.art/a40de1dbaf/C597 ]
El planteamiento que se están haciendo los responsables actualmente es: ¿es posible que el camino hacia el aprendizaje más efectivo para los niños involucre menos pantallas y más interacción humana?
Quienes abogan por el no uso de la tecnología argumentan que las aulas deben ser espacios que preserven la infancia y promuevan la conexión humana. Sostienen que la sobreexposición a pantallas puede tener efectos negativos en el desarrollo emocional y social de los niños, ya que limita las interacciones cara a cara y el juego físico esencial para su crecimiento integral.
Y a su vez, el abandono de la tecnología en las aulas busca priorizar el desarrollo de habilidades sociales. Adicionalmente argumentan que el aprendizaje a través de la interacción con compañeros y maestros, fomenta habilidades como la comunicación, la empatía y la resolución de conflictos, skills (como dirían los anglohablantes) que son fundamentales en la vida diaria y en el entorno laboral del futuro.
La experiencia de generaciones pasadas ha demostrado que, al prescindir de dispositivos electrónicos, se buscó y se consiguió, fomentar un enfoque más centrado en la creatividad y la exploración activa de las resoluciones de conflictos.
Se jugó más y mejor en todos los ámbitos y se desarrolló mucho más la parte creativa e imaginativa de los niños; el arte manual y la experimentación física son elementos esenciales para nutrir la curiosidad innata de los niños y promover un amor duradero por el aprendizaje.
Finalmente, creo que lo que sería bueno es crear un Equilibrio Tecnológico Saludable.
Y ¿qué es eso o cómo lo podemos definir? Esto consistiría en la implementación de estrategias que hagan las experiencias tecnológicas frecuentes y se mezclen con actividades más tradicionales, permitiendo a los niños beneficiarse de lo mejor de ambos mundos.
Tendrían que repartirse las horas, los trabajos, las tareas, utensilios manuales y electrónicos, y todo ello, controlado por parte de los profesores y de las familias. Tendrían que mezclarse las actividades para utilizar todos los recursos posibles.
Ahora bien, el primer ejemplo deberíamos ser los y las responsables adultos para que nos vieran no hacer un uso abusivo, y a veces, injustificado y vicioso, de la tecnología.
En conclusión, la decisión de abandonar o limitar el uso de la tecnología en la educación infantil es un tema complejo que involucra consideraciones sobre el desarrollo infantil, la interacción social y la preparación para el futuro -también cuestiones económicas, y presupuestarias por toda la inversión que se ha efectuado en lo múltiples países. Si bien la tecnología ofrece oportunidades únicas, también desconectar a los niños de las pantallas puede ser la clave para preservar una educación que nutra su crecimiento integral y fomente el amor por el aprendizaje en su forma más pura y humana.