Al igual que ha sucedido en varios sectores -de los que se dice que han crecido exponencialmente gracias a Internet y las conexiones- también el sector de la construcción y la vivienda avanzan sin remedio.
Aunque muchos enfoques se centran en un eje ecológico y medioambiental, la naturaleza compleja de los problemas de sostenibilidad en la construcción y en la vivienda, requiere ante todo una visión social, dada la necesidad de involucrar a diversos actores sociales para llegar a acuerdos y consensos sobre cómo implementar posibles soluciones inmobiliarias y el impacto que las mismas llegan a tener sobre las personas y dónde y cómo habitan.
Ya se dijo por Neumeier (2012), que la innovación social tiene que ver con “los cambios de actitudes, comportamientos o percepciones de un grupo de personas que se unen en una red de intereses alineados y que conducen a nuevas y mejores formas de colaboración dentro de un grupo y más allá de él”.
Y aquí también la innovación social se aproxima a las formas de habitar y convivir entre la gente.
Se han planteado soluciones habitacionales muy novedosas como el coliving o el cohousing que están facilitando las diferentes elecciones entre las alternativas.
Que se pueda “co” vivir con otras personas; que se pueda “compartir” con otras personas, los mismos inmuebles o zonas, es una novedad de estos años recientes que nos ha tocado vivir, pero ya existía algo incipiente en los años 70´s, como la Bofællesskaber danesa (viviendas privadas con servicios comunes).
Todo cambia y todo permanece, pero al final seguimos buscando las soluciones a la insuficiencia de espacio para vivir.
Y esto debe ser el objetivo último, buscar que la vivienda, el lugar donde vivamos, sea suficiente y sobre todo SOSTENIBLE EN CUANTO A RECURSOS USADOS.
Las soluciones de cohousing o coliving, facilitan que en espacios fijos se agrupen comunidades de personas para vivir. Esto lo que inmediatamente provoca es ahorro de dinero; se comparten servicios y eso, por economías de escalas, disminuye el coste de tales servicios y genera ahorro.
También, planteando esa solución para comunidades más grandes, se puede optimizar el espacio que cada persona necesita y usa.
En muchas ocasiones, viviendo solos no nos damos cuenta de los desperdicios que generamos y del espacio que infrautilizamos. Si se comparte, y se hace común, se reducen los residuos y el espacio crece en cuanto a su uso colectivo.
Estos principios se basan, como casi siempre, en la eficiencia del uso de los recursos escasos (espacio, dinero y tiempo, por ejemplo, por citar algunos necesarios para vivir en comunidad).
En estas circunstancias, el fomento de las soluciones habitacionales vinculadas con el coliving y/o cohosing, puede beneficiar a todos, pero hay que advertir que quizás todo el mundo no esta preparado para ser parte de estas alternativas. Aún permanecen resquicios de valores humanos que sin darnos cuenta nos limitan a la hora de mirar de forma diferente a las soluciones alternativas.
Hay que seguir insistiendo -como hace Naciones Unidas y la agenda 2030, que se pueden plantear nuevas y sostenibles formas de habitar el mundo y vivir en el colectivamente.