Desearía equivocarme por el bien de España con el análisis que se manifiesta en este artículo. Ojalá no fuera así, pero ya se están cumpliendo los primeros indicios que vaticinan la apertura de las puertas a la ultraderecha a gobiernos de coalición. Algo insólito, en España y en Europa, como asegura Luis Tudanca, Secretario General de los socialistas Castellano Leoneses.
Hasta ahora me intranquilizan las manifestaciones y actuaciones del señor Feijóo, nuevo presidente del PP nacional. Me parecen tibias sus declaraciones previas a la defenestración de Pablo Casado, echando tierra a la transparencia que debería ir por delante en un líder que pretende aspirar a gobernar España. Se le parece demasiado a Rajoy buscando la opacidad, cuando el anterior presidente del PP manifestó sus dudas en actuaciones del entorno de Ayuso. Entiendo que no se condene a nadie previamente, no obstante, me sorprendió su indolencia y falta de interés en la depuración de responsabilidades que pongan en primer lugar la transparencia.
Tampoco me tranquiliza su aquiescencia a considerar normal que Mañueco salga elegido con los votos de la ultraderecha. Lanza balones fuera no admitiendo lecciones, pero el hecho es que siendo presidente del PP se ha producido esta realidad, aunque haga comentarios y evite salir en las fotos con sus compañeros de coalición.
Mañueco, con tal de conseguir ser presidente, no tiene pudor en convertirse en alfombra, tal como hizo abrazando a Ciudadanos en su anterior elección para luego después traicionarlos. Ya tiene un lugar en la historia y se aleja de la derecha europea. Claro que democráticamente puede hacerlo, pero dónde quedan los valores de la sociedad de la Unión Europea, aquellos que tan nítidamente son defendidos por la derecha de los países de nuestro entorno, como está ocurriendo en Francia.
Ya lo manifestó el Presidente del Gobierno recientemente; Pedro Sánchez planteó la necesidad de que la derecha española se incorpore a los comportamientos de la derecha europea. La Unión Europea ha puesto cerco al odio, al pasado totalitario, a la xenofobia, a la insolidaridad… Por el contrario, apuesta a fondo por la democracia, y tal como se puede leer en el artículo 2 de su Tratado, respetando las estructuras políticas y constitucionales, también en lo referente a la autonomía local y regional. Nuestra Constitución lo ampara y en las Cortes de Castilla y León se amenazó con derogar competencias constitucionales autonómicas por la organización que apoya a Mañueco si llega al poder.
Mañueco en su investidura, y me temo que en su legislatura, no cejará en blanquear a la formación que lo acompaña. Su interés personal prevalece por encima de todo, y para consolidarse no dudará en ser el primer adepto para valorar las cualidades de sus compañeros de gobierno.
Al contrario de lo sucedido con la posición de Mañueco, en Ceuta hay que destacar el comportamiento a favor de la convivencia y de los valores europeos, sin dobleces, apoyado por la mayoría de las instituciones, en consonancia con lo que defiende la UE. Las soluciones que se han abierto para las ciudades de Ceuta y Melilla, gracias al esfuerzo valiente y decidido del Presidente del Gobierno, harán entrar en una nueva etapa a estas ciudades, con mejoras seguras para su economía, seguridad y sus relaciones con Marruecos. Eso es patriotismo que vela por los intereses de la ciudadanía. También opino que es de agradecer el apoyo sin fisuras por el Presidente de Ceuta, Juan Vivas y el esfuerzo resistente de una mayoría del arco parlamentario, en el que destaco la labor del Psoe local y nacional, con su Secretario General, Juan Gutiérrez, la delegada del Gobierno, Ory Mateos y el equipo que dirige los planes del Gobierno de España en la ciudad. Del mismo modo me podría referir a Melilla.
Termino con estas palabras del Secretario General del Psoe de Castilla y León, Luis Tudanca, refiriéndose a Mañueco: “Ha abierto las puertas a quienes cuestionan los derechos de las mujeres”. Tras denunciar otros desprecios más de Mañueco a nuestra democracia, terminaba, sin embargo, diciendo: “no por la dejadez del partido que represento esta tierra dejará de volver a ser un lugar de oportunidades, con futuro, ejemplo de diálogo y acuerdo. Terminaba con palabras de Miguel Hernández: dejadnos la esperanza”.
Ojalá la derecha española se fije más en la derecha europea, como decía el Presidente del Gobierno, y que me equivoque en los vaticinios.