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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

Sálvese quien pueda

Sálvese quien pueda

Y ahora, la comunidad autónoma de Castilla y León se encuentra metida en una campaña electoral sin que sus ciudadanos entiendan por qué. Su presidente ha convocado elecciones. ¿Por qué? Porque le salió de las agallas y la ley se lo permite. ¿Y de lo nuestro?, preguntan el castellano y el leonés. ¿Qué es lo vuestro? Lo nuestro es la pandemia y el empleo y que la gente se va y qué hacer para que no se vaya. En fin, «lo nuestro» son todas esas cosas del trajín cotidiano con las que se supone lidien los políticos que se supone son servidores nuestros por cuyo trabajo les pagamos pingües sueldos.


Pablo Casado se encuentra, de pronto, con una agenda a rebosar de posados, como un modelo contratado por una empresa en plena promoción de un producto nuevo. Rodeado de vacas, rodeado de ovejas, delante de un bar donde se bebe vino,  deja muy claro que el nuevo producto va dirigido al cateto de toda la vida acostumbrado a vivir entre balidos, berridos, mugidos; poco acostumbrado a la palabra. ¿Qué decirles? A esos homínidos se les puede decir cualquier cosa que cualquier cosa aceptarán como buena si distinguen en el discurso algún vocablo conocido y si la sonrisa fotogénica del orador les transmite su cualidad de amigo. El orador les habla de ganado, de granjas, de vino en vez de agua. 

 

Esta campaña es un paseo para los asesores y redactores de discursos de Casado porque, aunque no hayan pisado un campo en su vida, ¿quién no sabe por cuentos y fotos y películas cómo son y cómo viven esos seres primitivos que viven de la tierra que ellos mismos cultivan y por la que pastan los animales que les alimentan?  En los discursos sale mucho la palabra tierra porque la tierra propia excita fibras sensibles y ya se sabe que las emociones mueven mucho más que cualquier reflexión. Partiendo de esa premisa, el discurso culmina con un abuelo recorriendo los campos de Castilla en una mula para curar enfermos. La imagen impacta con más intensidad que la vieja encina de Machado. Casado le imparte un realismo incuestionable al decir que ese abuelo era su abuelo. 

 

Pero, ¿es que Casado se presenta ahora a presidente de la comunidad de Castilla y León? No, pero, ¿qué más da? Pasa que a Casado, la presidenta de la comunidad de Madrid le salió rana, metamorfosis al parecer común en la política de esa región según la ex presidenta Aguirre. De dechado de simpatía y modelo de cualidades femeninas, de pronto Ayuso se transformó; sacó más pecho que Abascal, convocó elecciones, arrasó como Casado no ha arrasado nunca y se atrevió a retar al jefe a una carrera con la meta en la Moncloa. Que se lo ha creído, saltaron Casado y asesores. Y se pusieron a buscar una comunidad donde las elecciones pudieran adelantarse dando la oportunidad a Casado de lucirse con brillo estelar en la campaña electoral y de atribuirse luego el triunfo de su partido, un triunfo más sonado que el de la Comunidad de Madrid. Y la encontraron rápidamente. ¿Cuál mejor que la comunidad natal de Casado?       

 

El paso siguiente para los avezados asesores de comunicación de Casado consistió en analizar la campaña de Ayuso para descubrir los secretos de su éxito. Lo que destacó a primera vista fue su fotogenia. Afortunadamente, resulta que Casado también posee esa involuntaria cualidad. Pero Ayuso, además, resulta atractiva, lo que no puede decirse de un hombre sin desperfectos visibles, pero más bien corrientito. Claro que Casado  tiene una ventaja que Ayuso no puede igualar; es un hombre, y su masculinidad será, sin duda, un plus en una región tan conservadora y religiosa como la familia del presidente del PP.

 

Terminado el análisis de los asuntos físicos, los asesores se pusieron a estudiar el contenido de los discursos de Ayuso

 

A bote pronto, lo primero que captaba la atención de todos sus oyentes en todos sus discursos eran sus críticas a Pedro Sánchez; críticas despiadadas y sin reparos en verdad alguna que las justificara; críticas propias de una mujer despechada por la indiferencia del amor de sus sueños. Con retoques para no tentar a malos pensamientos, los asesores decidieron que Casado acusaría en sus discursos  a Sánchez de todos los males de la tierra mentando, de vez en cuando, al comunismo como quien menta al diablo. Es probable que  su gran descubrimiento psicológico les hinchara de satisfacción. Seguramente, los rústicos a quienes se dirigirían los discursos iban a misa los domingos y en esas misas escuchaban sermones  contra el mal y consejos para librarse del mal que incluían la instancia al auxilio divino para que del mal les librara. Bastaría convencerles por repetición de que Pedro Sánchez encarnaba el mal  para que de esa verdad dogmática se acordaran hasta cuando rezaran un Padrenuestro. Pero, ¿qué tenía que ver Sánchez con Castilla y León? Lo mismo que con Madrid, y se trataba de conseguir el mismo resultado. Para que no se notara demasiado la incongruencia, siempre se podría acabar culpando a Sánchez  de asfixiar a la comunidad reteniendo los fondos que le correspondían. De lo cual se podía deducir fácilmente que todas los problemas y carencias del territorio tenían un único culpable en el gobierno de la nación. 

 

De las críticas extemporáneas al presidente del gobierno, Ayuso pasaba a terrazas, cervezas y libertad; todo muy cosmopolita. Los asesores de Casado adaptaron enseguida el discurso  sustituyendo la diversión de la ciudad irresponsable y blanda por el esfuerzo heroico del campesino; madrugar, ordeñar. Teniendo en mente paisaje y paisanaje, las fotos con vacas y ovejas y los discursos con mula y abuelo salieron con facilidad; todo muy bucólico. 

 

¿Y el candidato de verdad? Alfonso Fernández Mañueco tiene una virtud que en ciertos partidos políticos se valora en grado sumo; la docilidad. Cuando el partido le pidió que adelantara elecciones, no dudó ni un momento en mandar a sus socios de gobierno a paseo. Hoy hasta les llama tránsfugas para que nadie asocie a los transfugados con el PP. Cuando el partido decide que el protagonista de la campaña sea Casado, Mañueco no tiene ningún inconveniente en relegarse a la categoría de actor de reparto. No es buen orador, no es muy fotogénico, no sabe enseñar los dientes en una sonrisa cordial, pero sí sabe muy bien que la humildad obediente puede llevarle muy lejos y espera tranquilo los réditos de su humildad.  Mañueco se limita a acatar esperando su momento, lo que, de todos modos, resulta mucho más fácil que ponerse a gobernar.

 

Alguno se preguntará qué tienen que ver las elecciones en una comunidad autónoma con el presente y el futuro de España; por qué todos los medios están dando a la campaña electoral de una región tanta importancia, como si se tratara de unas generales.  Parece, porque no puede parecer otra cosa, que personalidades influyentes están ejerciendo toda su influencia para hacer propaganda al espectáculo de la reaparición de Casado. 

 

Puede que alguno, más dado a reflexionar, se pregunte qué tiene que ver el espectáculo con lo que se entiende por política. Parece, porque no puede parecer otra cosa, que quien confunde ambos términos concibe la política como medio para alcanzar el poder y nada más. Es la confusión que lleva al populista a valerse de personalidades influyentes concediéndoles cuanto piden en cuanto pueden y a mangonear al pueblo con los recursos psicológicos de la propaganda. Para el populista, el gobierno es asunto de asesores y funcionarios. La agenda del gobernante no puede ocuparse intentando resolver problemas que, en general, no sirven para montar discursos que agiten a los  votantes para sacarles votos.

 

Donde se dice populista, sería más preciso decir fascista. Pero el fascio italiano de Mussolini y su adaptación al nazismo de Hitler y su adaptación al Movimiento de Franco cometió tantas atrocidades que la palabra fascista se ha convertido en un insulto. Hoy en día, el fascismo no comete atrocidades porque no puede, pero sigue existiendo agazapado en partidos que se llaman conservadores para atraer a los ingenuos que aún creen que esos partidos ofrecen una ideología digna de conservación. El Partido Republicano de los Estados Unidos, entregado a la defensa de la supremacía blanca; los partidos de derechas que hoy salpican el mundo con la voluntad de hacer que la historia retroceda a las épocas en que los vulnerables respetaban el derecho a privilegios de los poderosos, responden a la definición resumida del fascismo: movimiento que, fingiendo una ideología política y social, consiste exclusivamente en la conquista y disfrute sin límites del poder. 

 

Un análisis profundo de la supuesta ideología de las tres derechas españolas revela su carácter fascista. Un somero análisis de sus seguidores y votantes revela su absoluto desinterés por la política, por lo que resulta fácil convencerles de que las derechas, el fascismo, serán los dueños del poder y, por lo tanto, el mejor árbol al que pueden arrimarse para que les cobije buena sombra.  No saben que ese árbol es una realidad virtual  y que cuando el fascismo gana elecciones, la sombra desaparece y en su lugar queda el pavoroso desierto del «sálvese quien pueda».       

 


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