Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, dijo Machado. La sentencia parece muy lejana en el tiempo. Eran tiempos de guerra, de una España matando a la otra. Hoy parece que solo matan los asesinos ordinarios, asunto de la policía. Pero solo parece. Las vidas de los españolitos de una España siguen estando en peligro en manos de la otra España. Porque no solo se mata un cuerpo agrediendo a sus órganos vitales. Al cuerpo de un hombre se le puede matar impidiéndole vivir una vida humana. Y eso es lo que hacen los politiqueros que alimentan sus cuentas bancarias robando el alimento y la paz de los medio pobres y de los pobres; los politiqueros que protegen a sus benefactores con leyes que les permiten alimentar sus cuentas bancarias a costa de los medio pobres y de los pobres; los politiqueros que defienden sus cargos y sus sueldos utilizando a los españolitos pobres y medio pobres como carne de cañón para ganar sus batallas. Y eso puede suceder en una democracia porque los españolitos votan a los politiqueros. Hoy cabe una paráfrasis del poema de Machado. Hoy Machado diría, "Españolito que votas al que te exprime, de los politiqueros te libre Dios".
En Murcia, la politiquería de un partido condenado por el Tribunal Supremo por beneficiarse de negocios corruptos ofreció esta semana a toda España otro ejemplo de depravación impune. A cambio de tres consejerías con sendos sueldos de 76.000€, el Partido Popular consiguió los votos que necesitaba para evitar la moción de censura. Le vendieron esos votos tres politiqueros de Ciudadanos, el partido que encarna el ejemplo más genuino de la expresión catalana hacer la puta y la Ramoneta, expresión del siglo XIX que significa tener dos caras, aparentar una cosa y ser la otra. Nadie sabe hoy de qué pie cojea Ciudadanos ni adónde se dirige con su cojera. Lo que plantea un enigma indescifrable. ¿A qué votan los que votan a Ciudadanos? Ya que se desconocen su cambiante ideología y programas, sólo cabe suponer que a Ciudadanos les vota el votante que sólo vota por hacer la puñeta a los demás. El problema, el tragicómico problema, es que cuando ese voto acaba beneficiando al partido corrupto y al partido podrido de misoginia, homofobia, xenofobia y aporofobia, el votante sólo se hace la puñeta a sí mismo y a su familia.
En Madrid, la España más España de todas las Españas, en la imaginación de su politiquera mayor, su politiquera mayor disuelve la Asamblea y convoca a elecciones. ¿Cómo se le puede ocurrir a la Sra. Isabel Díaz Ayuso exponerse a unas elecciones después de casi dos años de política tan desastrosa que no hay ignorante que ignore las muertes que ha causado, la ruina a la que han contribuido sus disparates, su abandono de las tareas que impone su cargo para ocupar su tiempo haciéndose fotos como si su profesión fuera el modelaje? Ayer, haciendo un esfuerzo de voluntad para vencer la indignación, me tragué un largo artículo de Concha Minguela, directora de este diario, enumerando los disparates de Díaz Ayuso, tantos y tan gordos, que en las redes sociales han merecido el nombre de ayusadas. El artículo es una excelente enumeración y explicación de las ayusadas que Madrid ha sufrido en el año y medio de gobierno de esa mujer genial, genial porque hace falta un sobresaliente y extremado genio creador para no soltar discurso ni tomar decisión alguna sin meter una parida. Y dicen ciertas encuestas que Díaz Ayuso volverá a ganar las elecciones por mayoría casi absoluta, lo que le permitirá volver a gobernar con los votos de Vox. ¿Cómo es posible? ¿Qué le pasa a los votantes de Madrid?
Estaba yo tomándome mi cerveza de medio día, bajo el amable sol pirenaico, cuando pensé en Madrid, uno de mis amores; en los politiqueros que amenazan a los madrileños; en los votantes que se preparan para volver a hundirlos a todos, incluyéndose a sí mismos. ¿Qué le pasa a los madrileños?, me pregunté. ¿Qué les ha pasado durante tantos años votando a ladrones? ¿Qué les hizo doblar el espinazo ante Franco y pasar horas haciendo cola para ver su cadáver cuando al final el alma negra se le fue a otra parte? Las preguntas me devolvieron el recuerdo de una anécdota que me dejó marcada con su horror para siempre. Un día me contó mi madre que, siendo ella una niña, la mujer que la cuidaba la llevó de paseo al cementerio de la Almudena. Junto a un muro yacían varios cuerpos de fusilados la noche anterior. Mientras mi madre esperaba, la mujer fue quitando a los cadáveres los cinturones, los zapatos, las medallas, todo cuanto pudiera tener algún valor. La mujer volvió a la casa con mi madre y una bolsa llena de objetos que una vez habían pertenecido a seres humanos asesinados por el odio. Mi madre se atrevió a preguntarle para qué quería todo aquello. La mujer le contestó, "¿Para qué lo voy a querer, tonta? Para venderlo." La pobreza de esa mujer, me contó mi madre, era tan extrema que solo podía comer sobras una vez al día.
La pobreza mata, mata lentamente la dignidad, los valores, las ilusiones, la esperanza, las ganas de vivir. La experiencia de la pobreza se incrusta en el alma y en el alma se vuelve miedo, un miedo cotidiano que se siente a cada paso, que impregna el ambiente que rodea al pobre, que contagia a los suyos y que puede ir pasando de generación en generación. A Madrid, como a casi todo lugar de España, la guerra le incrustó el miedo en el alma y los traidores que causaron la guerra se encargaron de que ese miedo perdurara y se agravara durante décadas. La economía mejoró con el tiempo y muchos pobres se convirtieron en medio pobres. Pero a pesar del piso hipotecado, del coche y de los aparatos domésticos a pagar en letras, nadie se libró del miedo que les había convertido en pobres de espíritu.
Una de las facetas de la pobreza de espíritu es el masoquismo. Una de las facetas del masoquismo es negarse a tomar decisiones que puedan hacer que el masoquista se supere en cualquier ámbito. Otra de sus facetas, la más peligrosa, es la estupidez. La estupidez mueve al estúpido a hacer daño a los demás sin obtener ningún beneficio a cambio o hasta haciéndose daño a sí mismo. Es evidente que quien vota a un partido que recorta la sanidad, la educación y todas las ayudas públicas que previenen la pobreza o es un rico muy rico que sabe que ningún politiquero se atreverá a tocar su riqueza, o es un medio pobre masoquista incapaz de vencer su pobreza de espíritu. ¿Y quién vota al partido de los matones que conciben el mundo como un ring de lucha libre y se divierten oyendo a sus politiqueros estrella derribar verbalmente a la lona a las mujeres, a los inmigrantes, a los pobres, es decir, a los más débiles? ¿Quién vota a esos politiqueros matones con la esperanza de verlos un día derribandolo todo de verdad, en vivo y en directo, y no solo en un mitin? Esos son los estúpidos, sin duda, que no piensan que ellos y los suyos estarán entre los derribados, y adolecen, además, del masoquismo más perverso; el sadomasoquismo.
Según las encuestas, en España hay millones de medio pobres masoquistas y sadomasoquistas. ¿Y los pobres de solemnidad? A esos, los politiqueros les han quitado hasta las ganas de votar.
Los Estados Unidos de la gran América se convirtieron en el hazmerreír del mundo cuando los estúpidos sadomasoquistas del país le dieron el gobierno a un payaso ignorante que en casi cuatro años estuvo a punto de cargarse el mundo. Esos enfermos de ignorancia, racismo y xenofobia volvieron a votarle cuatro años después demostrando que cuando el sadomasoquismo llega a cierto punto de gravedad, no tiene cura. Pero los seres racionales del país entendieron que ningún ciudadano responsable podía quedarse sin votar para librarse del peligro del payaso diabólico, y resultó que esos seres racionales eran mayoría y consiguieron dar la presidencia a un político. Ayer domingo, todos los americanos que cualificaban recibieron en sus cuentas bancarias el dinero destinado a librar a la mayoría de la pobreza en el mayor esfuerzo económico del gobierno por combatir los efectos de la pandemia en todos los órdenes. El milagro se logró gracias a la lucha de un político y de todos los políticos de su partido, trabajadores de la Política con mayúsculas, contra todos los politiqueros que se oponían a salvar a sus conciudadanos.
¿Qué pasará en Murcia? No hay votos que garanticen el triunfo de una moción de censura. ¿Y en Madrid? Si hay elecciones, en estos momentos sólo Dios sabe la índole de la mayoría de los votantes.