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La política de tierra quemada del PP

La política de tierra quemada del PP

miércoles 30 de septiembre de 2020, 20:35h

Será porque las gentes que vivimos en Madrid estamos hartas y asqueadas de la mediocridad, inacción e ineficacia de los dirigentes regionales con Ayuso a la cabeza. Será porque estamos realmente amenazados en nuestra salud de forma grave y alarmante. Será porque, aquí en Madrid, una sí, y otra también, casi todas las personas que conocemos tienen y tenemos en nuestro entorno a personas infectadas por el Covid. Quizá porque vemos la enfermedad de cerca, y sabemos, que esto no es una broma, o será porque sufrimos çómo compañeros y compañeras pasan días en cama, con vómitos, fiebre, ahogos, dolores y malestar profundo, sin saber si les van a quedar secuelas graves, o si van a morir, o si van a infectar a los suyos. Será, porque hemos visto morir a demasiada gente. Será porque, al mismo tiempo, nos hemos convencido también, de que ésto no es vital para ciertos dirigentes regionales, ciegos y sordos ante el dolor humano de la pandemia y obsesionados con sus negocios de salud privada y con su táctica política: derrocar al Gobierno de la nación a cualquier precio, sin reparar en medios hasta conseguirlo.

Será por todo eso, que nosotras, las gentes que nos consideramos progresistas y solidarias con la mayoría social, somos tan diferentes a ellos. Tan diferentes, que sólo pensamos en no contagiar ni contagiarnos… y ellos piensan en construir más hospitales y contratar más servicios privados, y sobre todo, aprovechar la oportunidad para desgastar al Gobierno nacional, legítimo y retomar el poder que las urnas no les dieron, perdieron las elecciones hasta en cinco ocasiones en sólo dos años.¿En qué país de Europa se da un partido conservador,de la oposición, tan devastador con su población y su Gobierno nacional?. Creo que en ninguno, ya que el PP europeo mira perplejo este comportamiento desleal y zafio, empezando por no entender cómo es posible que hayan metido a la ultra derecha en las instituciones.

Como resultado de todo ello, Madrid, que está infectada hasta los tuétanos, convertida en epicentro de la pandemia en toda Europa, pretende no acatar y recurrir judicialmente las recomendaciones del Gobierno a través del Ministerio de Sanidad, las mismas normas que el consejero había negociado y comprometido a cumplir, poniendo la condición de que se extendieran a toda España. Una vez más, el Ejecutivo nacional, cumplió su palabra de hacerlas vigentes en el resto de autonomías, pero a la hora de votarlas en el Consejo Interterritorial, Madrid, de forma incomprensible, ha dicho no a lo que él mismo había acordado. Con estos vaivenes de ida y vuelta, parece que Madrid no quiere que las cosas salgan bien, su política de tierra quemada lo es, aún a costa del sufrimiento y la enfermedad colectiva. El PP, ya no sólo acumula sentencias por corrupción, ahora demuestra que también es negligente y desalmado con el sufrimiento de la población. Y es que, al fin y al cabo, la mediocridad convierte en mezquinos a quienes la padecen.

Señores Ayuso, Casado, y tantos de sus amigos que viven de los negocios en torno a la Sanidad privada, no se pongan tan farrucos y ufanos con su Hospitales privatizados y con lo que llaman el milagro del IFEMA. Si precisamente lo que NO queremos los ciudadanos es tener que llegar a los hospitales, señora. Lo que no queremos es que haya en Madrid 50 hospitales privados, que se ponen de perfil y no acogen a gente de Covid, salvo sus selectivos clientes vip, y sólo 33 públicos, la mitad de ellos con los servicios semi privatizados por los sucesivos gobiernos populares de Aguirre, Ignacio Gónzalez, Cifuentes y su ahora parvularia Ayuso, que incluso, en tiempos de peste como es el caso, cierran sus puertas al virus, pero a la vez hacen el agosto, subcontratando servicios a la SS, a precio de estraperlo como en los tiempos de guerra. Lo que sí queremos, es que se hubiera reforzado, en estos meses de verano, la atención primaria, cubierto las bajas, reforzado los centros de Salud y contratado a más sanitarios (se contrató apenas a un puñado de los 3.000 que se necesitarían) ni a los rastreadores (3.000 necesarios y casi la mitad comprometidos y sólo 200 contratatos a última hora, más los que ha tenido que poner el Ejército), para atajar los contagios y evitar, lo que no han evitado con su negligencia: que Madrid se haya convertido en el epicentro de la pandemia en Europa.

Porque hasta en eso mienten. No es España el país con mayor índice de rebrotes en la segunda oleada, es Madrid, gestionada por su gobierno popular, con casi el 37,6% de los enfermos, hospitalizados y muertos, a nivel nacional, la región con la situación más crítica y alarmante de Europa. Dejen de mentir incluso ante la evidencia de los datos. Si a España le sacáramos Madrid, nuestro país quedaría a la altura de la media europea. Porque no encontramos un sólo país en Europa, con una región donde se haya actuado con tanto ahínco para salvar la economía en lugar de salvar las vidas. Ninguna región ha caído tan bajo con tanta negligencia en el Covid, como Madrid, y son los datos lo que cuentan. Y lamentablemente, en esta comunidad, el gobieno regional ya está llegando tarde a ejercer el control de los contagios desatados. Pero lo peor es que no lo reconoce y trata de poner el ventilador y acusar al gobierno de ensañarse con Madrid. Es tal el infantilismo de Ayuso que nos recuerda a los chicos de párvulos cuando no han hecho los deberes y "es el profe, que les tiene manía".

Y lo que tampoco queremos, señor Casado, es, desde hace ya dos largos años seguir oyéndole, insultar, ofender, crispar, bloquear y acusar al Presidente Sánchez, de todas las maldades del universo, de si se rompe España (cuando su partido azuzó ad infinitum al independentismo) de que si el Gobierno de Sánchez es ilegítimo, de lo mal que lo ha hecho en la pandemia. ¿Y usted qué ha hecho aparte de bloquear y crispar? Se propusieron hacer una política de tierra quemada y lo están cumpliendo a rajatabla. Y esto sucedió desde el minuto cero, mucho antes de que llegara el coronavirus. Empezaron por bloquear ad nauseam, la formación de Gobierno y desde entonces no han parado de deslegitimizar a un gobierno elegido y salido legítimamente de unas urnas que ustedes no aceptan porque perdieron tantas veces y porque tan salpicados como están por la corrupción de su partido, se temen, que tardarán años en tener buenos resultados, y eso les lleva a no creer en la democracia. Su aportación a la gobernabilidad de este país es nula. Se llama bloqueo. Bloqueo a las instituciones, bloqueo a la renovación del Poder Judicial, bloqueo a las cuentas públicas, bloqueo a que Europa nos ayude, bloqueo a resolver con el diálogo los problemas de territorialidad, y ahora bloqueo a la Salud Pública. Incluso, ya hasta me inclino a pensar que la pandemia les ha venido bien para conseguir su objetivo. Porque para la política que ustedes practican todo vale.

Su deslealtad llega a tal punto, que el señor Casado va a Europa, exactamente igual que el huido de la Justicia, Carles Puigdemont, a tirar piedras sobre España. Ustedes, los patriotas de la pulserita, las banderas y cacerolas en los barrios caros de Madrid, van a Bruselas a proclamar que España no es un país de fiar, -igual que hace el prófugo ex president- y a sembrar dudas sobre el Estado de Derecho y las libertades, con el fin de evitar que nos dieran las ayudas del Fondo de Reconstrución Europea, no vaya a ser que el Gobierno de Sánchez, consiga ayudar a los españoles a salir de esta y entonces se esfumen sus aspiraciones mezquinas de llegar al poder sin pasar por las urnas.

Incluso Casado ha aprovechado esta semana la reunión de los 28 embajadores comunitarios, para decirles que no deben fiarse del Gobierno español. ¿Es así como entienden ustedes el patriotismo? Si, ya les conocemos, sólo son patriotas si gobiernan ustedes. No se extrañen de que la ciudadanía esté asqueada de la política, pero hasta esto les aprovecha, porque con la equidistancia, muchos españoles creen que los políticos, todos, son incapaces de ponerse de acuerdo. Lo que pasa, es que viendo al ministro Illa, al presidente Sánchez y al Gobierno en general, tenderles la mano y pedirles unidad, que arrimen el hombro, tantas veces, y escuchando sus surrealistas y peregrinas excusas, sólo nos queda volver al significado de la palabra con la que comenzamos esta columna: “mediocridad” que contiene rencor, insensibilidad al dolor ajeno, falta absoluta de espíritu de servicio público y nulo pudor democrático. Como decía la escritora judia alemana Hannah Arendt, "hay personas malvadas, en efecto, pero muchas veces son simples mediocres que forman parte de un engranaje de odio totalmente destructivo". ¿Les suena de algo?. El que rumiaba su rencor por las esquinas, Aznar cuya sombra está tan cerca de la Puerta del Sol, que parece ser quien mueve los hilos de Ayuso y sería el autor intelectual de sus ejecuciones y las de su alumno aventajado, Pablo Casado, "ese chico que me gusta", dixit.

Lamentablemente, a este PP que alguna vez gobernó, bien es cierto que hoy está teñido judicialmente por la corrupción, se lo llevó el diablo, como decimos en Colombia, o quizá podríamos convenir que la ultra derecha les ha contaminado a tales niveles que nos va a costar, esta vez sí, vidas, sangre, sudor y lágrimas. Y los españoles no nos lo merecemos, así que por favor, abandonen -aunque solo sea hasta que se controle la pandemia mundial- esta política de tierra quemada.

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