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Euskadi 12-J: termómetro de la política actual

La política vasca se mira en el espejo del 12-J
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La política vasca se mira en el espejo del 12-J

El estudio electoral de Future Politics sobre los comicios vascos confirma la victoria del PNV, con 30 escaños, por delante de Bildu (18) y del PSOE (13)

miércoles 08 de julio de 2020, 13:03h

Euskadi acude a las urnas nuevamente. Tras el confinamiento, en doble cita electoral con Galicia, el 12J servirá para tomar la temperatura de gobiernos, partidos políticos y, sobre todo, de la ciudadanía.
Para el gobierno vasco, liderado por Urkullu, será un test sobre los 4 años al frente de la coalición con el PSE-EE. Con la gestión de la pandemia muy presente, ¿cómo valorarán los electores al gobierno vasco?Los partidos políticos, con candidatos y estrategias definidos desde inicios de marzo, ¿movilizarán a su electorado?. ¿Cómo afectará la alianza PP+C’s?, ¿entrará VOX en el Parlamento Vasco?
Y los ciudadanos y sus decisiones post-pandemia, ¿qué les preocupa a los vascos?. ¿Por qué posiciones políticas se inclinan? ¿Seguirá minando EH-Bildu los votos de Elkarrekin Podemos?
Del resultado de estos comicios podremos sacar interesantes análisis que, con matices, podrían ser extrapolables a la política nacional, ¿puede ser el 12J el termómetro de la política actual?

Radiografía del electorado vasco:

En los últimos diez años la sociedad vasca ha experimentado un enorme avance hacia un nuevo modelo de convivencia tras el fin de ETA. La violencia y el terrorismo monopolizaban los discursos políticos y condicionaban en gran medida las elecciones vascas. El nuevo modelo de convivencia está empezando a gestarse.

Los partidos políticos deben ofrecer a los ciudadanos vascos un modelo social que permita pasar página del terrorismo y afrontar nuevos desafíos comunes.

En este nuevo modelo, la co-gobernanza, tanto en el ámbito política – sociedad civil, como en la relación Euskadi – Estado central, será clave para generar mecanismos que permitan crear unas nuevas bases de convivencia sólidas y pacíficas, donde la confrontación de ideas no conlleve una falta de acuerdo y entendimiento.

Comprender cómo funcionan las ideologías en una determinada sociedad requiere ante todo que las contemplemos no como realidades inmutables, sino como procesos sociales en curso. Esto, sin duda, es un elemento clave para entender Euskadi.

Los bloques ideológicos en Euskadi

El sentimiento nacionalista en la sociedad vasca

Una de las particularidades de Euskadi es la estabilidad, que parece inmutable, entre el sentimiento nacionalista y no nacionalista de sus ciudadanos, con una leve prevalencia por el sentimiento no nacionalista.

Ahora bien, la realidad que percibe la sociedad vasca y manifiesta al votar no sólo se circunscribe en torno al sentimiento nacionalista, aunque este sin duda influye considerablemente.

De las Comunidades Autónomas que tienen un arraigo de voto regionalista-nacionalista, Euskadi, es la que mantiene una mayor estabilidad entre bloques ideológicos.

Sin embargo, en las elecciones vascas esta dicotomía se invierte; el bloque ideológico nacionalista -PNV y EH-Bildu- se acerca a un 60% de apoyo, frente a un 40% que se reparten el bloque de izquierdas –PSE y Podemos- y derechas -PP+C’s y VOX- .

Según el Euskobarómetro de junio de 2019, no todos los votantes de PNV (74%) y EH-Bildu (79%) tienen un sentimiento nacionalista; lo mismo ocurre con el sentimiento no nacionalista y los votantes de PSE (86%) y Elkarrekin Podemos (65%). Por su parte, todos los votantes del PP sí tienen un sentimiento no nacionalista.

De acuerdo con los indicadores sociológicos, en Euskadi no existe una fractura social, como puede ocurrir a día de hoy en Cataluña; esta ausencia de fractura social en Euskadi probablemente tiene relación con la gestión del tiempo post Plan Ibarretxe pero, sobre todo, con los resultados de la gestión de los sucesivos Gobiernos encabezados por el PNV sobre los ejes que se revelan como determinantes de cara a esta cita electoral: situación económica, empleo y desigualdad y servicios públicos.

El bloque nacionalista líder indiscutible

PNV y EH Bildu, enfocan también estas elecciones con la vista puesta en el Parlamento español. Ambos partidos llevan tiempo queriendo demostrar su importancia en los asuntos de la política nacional. No en vano, el PNV fue clave con su apoyo para la aprobación de los vigentes Presupuestos Generales en 2018, y tan solo una semana después votó a favor de la moción de censura que puso fin al Gobierno de Rajoy.

EH Bildu ha querido seguir los pasos de los jeltzales y se ha convertido en un actor político útil para los intereses de Euskadi (y de parte de la sociedad navarra) haciendo valer sus escaños en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento de Navarra; sirva como ejemplo el reciente acuerdo para la derogación de la reforma laboral junto con los dos partidos en el Gobierno o las abstenciones técnicas en las prórrogas del estado de alarma.

Todo indica que tanto PNV como EH Bildu capitalizarán gran parte de los nuevos votantes y una posible alta abstención no les pasará factura; superarán, entre ambos, el 60 % de los apoyos en las elecciones.

EH Bildu, con su candidata a la Lehendakaritza Maddalen Iriarte, tratará de rentabilizar que la formación abertzale es el partido con el que más se identifican sus votantes (85%). La normalización de la vida política en Euskadi tras la disolución de la banda terrorista ETA en 2018, favorecerá al PNV y EH-Bildu. Al PNV, como partido que rentabiliza el crédito político del Gobierno vasco, en una desigual coalición con el PSE, y a EH Bildu, que se erige como única alternativa de cambio real.

La derecha española, cada vez con menos apoyos en Euskadi

A pesar de que la derecha no espera obtener unos resultados que le permitan tener gran relevancia en el Parlamento Vasco, estas elecciones serán claves por varios motivos:

  • Puesta a prueba de la coalición PP+C’s como marca electoral.
  • Hasta dónde tiene recorrido VOX en las regiones donde, a priori, sus mensajes tienen menos seguidores.
  • Los mantras de la derecha a examen: cada vez menos presente en regiones como Cataluña o Euskadi.

Resulta cuanto menos paradójico que el lema de campaña de PP+C’s sea “un Plan para el futuro” mientras el candidato a Lehendakari es el mismo que hace 22 años.

Quizás Génova entiende que un perfil moderado, como el de Alfonso Alonso, no es el más adecuado para encabezar la alianza con Ciudadanos sin ceder por el centro derecha y a su vez contener un posible auge de VOX. Además, la pugna PP+C’s con VOX se produce por un mismo electorado cada vez con menos afines en Euskadi.

Los mensajes, programas y posturas políticas defendidas por la derecha en España se mantienen incólumes en gran parte del país.

Sin embargo han ido perdiendo peso en Euskadi y Cataluña en los últimos años, mientras lo ganaba el bloque nacionalista. La derecha tendrá muy difícil alcanzar los 100 mil votos en estas elecciones. Cualquier resultado superior a este número de votos puede ser considerado como un resultado aceptable para este bloque ideológico.

Será interesante analizar en qué territorios VOX mina apoyos al dúo PP+C’s y si se consolida como fuerza política en uno de los territorios donde sus mensajes provocan un gran rechazo en gran parte de la ciudadanía.

C’s ha tratado de evitar su desaparición de Euskadi aferrándose a un clavo ardiendo: el PP vasco. Ambas formaciones son conscientes de que la fragmentación del voto en el espectro del centro-derecha no nacionalista no hace sino penalizar sus posibilidades de retener algún tipo de poder institucional en Euskadi.

Por ello, la coalición PP + C’s es el experimento con el que populares y naranjas tratan de articular un frente no nacionalista de derechas -aunque bien pudiera considerarse que tratan de articular un frente nacionalista español- con el que apuntalar su suelo electoral.

“Los experimentos, con gaseosa”: que la puesta de largo de la coalición sea Euskadi es, si no una imprudencia, sin duda una temeridad. Esta alianza de perdedores no hace sino poner al descubierto las vergüenzas de ambos partidos, con un discurso que es incapaz de conectar con las preocupaciones de los vascos y que hace años se alejó del orden de prioridades que marca la ciudadanía.

Una coalición que sigue emitiendo en analógico, cuando hace años que la sociedad vasca se ha apuntado al mundo digital.

No sería descartable que la coalición PP + C’S se viera fuertemente arañada en cuanto a votos por VOX, sobre todo en Álava.

En Euskadi, ni PP+C’s ni VOX terminan de encontrar ni propuestas ni un mensaje que convenza al electorado ideológico de derechas. El abandono de la línea regionalista por parte del PP le ha ido alejando de su electorado potencial.

Si bien algunos votos de C’s servirán para evitar una debacle irreversible del PP vasco, muy probablemente no conseguirá evitar la desafección hacia la nueva coalición de las derechas no nacionalistas.

La izquierda pasa el examen en Euskadi con un “aprobado justo”.

El PSE alcanzó su techo electoral en las autonómicas de 2009 donde se quedó casi 8 puntos por detrás del PNV y a escasos 81 mil votos. En aquellas elecciones el PSE, sin competidor por la izquierda no nacionalista, y aupado con el apoyo recibido por el PSOE a nivel estatal, lograba colocar a un socialista Patxi López en la Lehendakaritza.

Para lograrlo, necesitó el apoyo del PP y de UPyD, pacto que fue rechazado ampliamente por la ciudadanía vasca (un 63% en mayo de 2010 y un 59% en noviembre de 2010).

El pacto con el PP vasco, un partido del cual tienen una percepción muy negativa amplios sectores de la ciudadanía vasca, unido a los efectos de la crisis económica de 2008 que comienzan a agravarse con especial intensidad a partir de 2010 y a la fuerte erosión del PSOE nacional, provoca un desplome del PSE sin precedentes, tendencia que se recrudece ante la irrupción de Podemos en 2016.

En este contexto, el PSE se ha visto forzado a buscar acomodo en la política vasca ante el auge de EH Bildu y de E-Podemos, dentro del espectro de izquierdas.

El PSE, el PSOE y Moncloa se encuentran cómodos como “muleta del PNV” en Euskadi ante las dificultades de Idoia Mendía para recuperar posiciones.

El hecho de que el PNV se haya convertido en principal interlocutor político y garante de la estabilidad del Gobierno central no hace sino apuntalar el pacto de los jeltzales con los socialistas vascos.

Del mismo modo, es preciso tener en cuenta que el pacto alcanzado entre PNV y PSE en 2016 se extiende también a municipios y Juntas Generales lo que hace más probable que el PNV decida mantener a PSE en el Gobierno autonómico en favor de la estabilidad.

Si el PNV tiene números suficientes, ¿se le antojará intentar un gobierno en solitario -y en minoría- o preferirá la estabilidad que le otorgan los socialistas vascos?

La implosión de Elkarrekin Podemos y el imposible frente anti-PNV.

El desembarco de Elkarrekin Podemos en la política vasca se produjo en 2015 donde dio sorpasso, -con casi un 30 % de los apoyos y más de 315 mil votos-, al todopoderoso PNV.

En el Parlamento Vasco, EP irrumpía, un año más tarde, en 2016, con 11 escaños, dando sorpasso al PSE y colocándose como tercera fuerza de Euskadi con casi el 15 % de los votos. En mayo de 2019 Elkarrekin Podemos obtenía tan sólo un 7,32% de los sufragios en las elecciones municipales.

Siendo cierto que se trata de tres citas electorales diferentes y las comparaciones entre ellas deben matizarse y contextualizarse debidamente, ¿cómo se entiende que en tan solo 3 años Podemos pasó de primera a cuarta fuerza y perder 3 de cada 4 apoyos?

Entre 2015 y 2020, EP tuvo hasta tres Secretarios Generales. Esta gravísima crisis de liderazgo ha de contextualizarse dentro de la guerra fratricida que han mantenido, hasta fecha bien reciente, las distintas facciones y sensibilidades de Podemos en todo el Estado y, especialmente, en Euskadi. El último episodio de este drama -o tragedia, según cómo se mire- se produjo en febrero de este mismo año 2020 cuando la dirección autonómica de EP dimitía en bloque ante la derrota de su candidata en las primarias descabezando, así, a los morados.

En este escenario de debilidad y fractura, a EP le crecen los problemas: EH Bildu se ha consolidado como formación nacionalista de izquierdas desde su nacimiento en 2012 (o 2011 como Bildu).

La formación nacionalista pugna por hacerse con parte del electorado de EP ya que el perfil de votante de ambos partidos se superpone en el eje izquierda-derecha. Así, EH Bildu, con políticas de marcado carácter social, experiencia en la gestión municipal (83 municipios en 2019) y con un perfil sólido como segundo partido de Euskadi y principal partido de la oposición, se revela como una amenaza para la consolidación de la convulsa coalición EP.

Los morados se enfrentan al reto de no verse arrastrados por el declive generalizado de Podemos en toda España, pero lo tendrán realmente difícil con el bajo perfil adoptado por la coalición durante la campaña, la desaparición de Pablo Iglesias del escenario político vasco y la amenaza real de una pinza, dentro de la izquierda vasca, entre una “izquierda útil” (PSE) y la izquierda nacionalista (EH Bildu).

La desorientación de los morados les ha conducido a apostar por una “vuelta a los orígenes”: la construcción de un frente “anti-establishment” lo que, traducido a la política vasca, supondría crear un frente anti-PNV desde la izquierda.

Este anhelo imposible de unir a toda la izquierda (nacionalista y no nacionalista) en un mismo gobierno no sólo no cuenta con ningún tipo de respaldo tangible, sino que tampoco guarda sentido para con el contexto histórico-político de Euskadi.

La izquierda no nacionalista: tú a Boston y yo a California.

La ausencia de opciones reales de gobernar en solitario de la izquierda no nacionalista, su debilidad, despeja el tablero y coloca a al PSE como llave de la Lehendakaritza una vez más; en este sentido, el PSE se verá beneficiado por los vientos propicios que soplan desde la meseta y por la debilidad de su competidor directo: E-Podemos.

Dado el contexto político-económico actual, los votantes que huyen de la erupción estromboliana de los morados se inclinarán, bien por reforzar al PSE siguiendo la máxima ignaciana de “en tiempos de desolación, no hacer mudanza”, bien por dirigirse a EH Bildu o al nutrido grupo de abstencionistas lo que, en cualquier caso, frustrará la recuperación de apoyos soñada por los socialistas.

La izquierda no nacionalista no es capaz de ampliar su base electoral (PSE) o de inspirar suficiente confianza (Elkarrekin-Podemos), lo que impide que fragüe cualquier proyecto político de izquierdas sin el respaldo (por acción u omisión) del nacionalismo vasco.

¿Qué posibles resultados se darán el 12-J?

No se esperan grandes cambios en el Parlamento Vasco respecto a la representación que dejaron los comicios de 2016.

Se consolida el bloque nacionalista, con más de un 60% de apoyos y el bloque de izquierdas recuperará terreno, - con más de un 30% de los apoyos - a costa del bloque ideológico de derechas que difícilmente superará el 10 % de los votos.

PNV, EH Bildu y PSE son los partidos que más se han acercado en sus propuestas y mensajes de campaña a las preocupaciones actuales de los votantes vascos, entre las que ya no se encuentra desde hace 5 años, la violencia.

Además, hay tres elementos de la política nacional que pueden tener un cierto impacto en estas elecciones:

  • El acuerdo de Gobierno PSOE – UP.
  • Los apoyos recibidos en el Parlamento Español por el Gobierno de Sánchez tanto de PNV como de EH-Bildu.
  • En la derecha, el acoso y derribo a EH Bildu como partido “filotarra”,“proeterra”, “hijos de asesinos”.

Lo cierto es que EH Bildu ha sabido amoldarse a sus contradicciones y a las diferentes sensibilidades que integran el partido, logrando un equilibrio entre todas ellas.

EH Bildu amalgama partidos políticos del espectro de la izquierda nacionalista desde Eusko Alkartasuna, pasando por Aralar, Alternatiba y sectores de la izquierda abertzale cercanos, en ocasiones, a la banda terrorista ETA.

Desde su fundación, EH Bildu, ha desarrollado una labor política intensa y diversa tanto en Euskadi, como en el ámbito nacional, no siempre vinculada al soberanismo y a la reivindicación de la independencia -políticas sociales, reindustrialización, infraestructuras…-. EH Bildu es un partido con una propuesta claramente escorada a la izquierda, lo que le resta eficacia a la hora de ampliar su base electoral.

Por ello, EH Bildu no es capaz de absorber el espectro de la izquierda no nacionalista -con la salvedad de una parte del electorado de Elkarrekin-Podemos- lo que, unido a su nacionalismo esencial y a su pugna por la independencia imposibilita un acuerdo transversal de la izquierda nacionalista con la izquierda no nacionalista, más allá de cuestiones puntuales.

Las próximas elecciones autonómicas confirmarán la estabilidad del tándem PNV-PSE en Euskadi, fortaleciendo, a su vez, la alianza, coyuntural, de PNV-PSOE en el ámbito nacional.

La sociedad vasca tiene muy presente las repercusiones de la COVID-19 en la economía y en el tejido social, lo que se revela claramente en todos los sondeos.

El PNV capitaliza, con seguridad, la estabilidad del gobierno autonómico y los buenos indicadores -económicos y sociales- en comparación con el resto del Estado.

Ante la incertidumbre provocada por la pandemia, el PNV se percibe como un valor refugio tanto en el recuerdo histórico-político de la ciudadanía vasca, como a través de su papel de interlocutor privilegiado del Gobierno de España. Con seguridad, el PNV avanzará hacia la mayoría absoluta en el Parlamento Vasco, sin llegar a alcanzarla.

El PSE recuperará parte del electorado que le arrebató, en 2016, el arrollador debut de Podemos en la política nacional, pero no será capaz de rentabilizar el pacto de gobierno con el PNV, dado que sus competencias y áreas de gobierno se encuentran muy descafeinadas y ante su incapacidad para sacar partido de su posición dentro del gobierno vasco.

Los vientos favorables provenientes de Madrid servirán para apuntalar a Idoia Mendía al frente de los socialistas, pero no conseguirán despegar su destino del de los jetzales. En todo caso, el PSE seguirá teniendo la llave de la Lehendakaritza.

EH Bildu ha tomado cierto protagonismo con hábiles movimientos políticos tanto a nivel nacional, como a nivel autonómico. No sólo se ha consolidado como una fuerza de gobierno en muchos municipios de Euskadi sino también, en los últimos dos años, ha sabido sacar provecho de sus escaños en el Congreso -tras doblar su representación entre 2015 y 2019-.

Además, EH Bildu ha adoptado un discurso claramente social sin abandonar el soberanismo y la reclamación de la independencia de Euskadi, lo que lo presenta como un partido equilibrado que atrae desde lo social a los votantes descantados de Elkarrekin-Podemos y que retiene a los votantes nacionalistas con sensibilidad de izquierdas. EH Bildu no tiene mucho margen de mejora, salvo afianzar su base electoral y ampliarla levemente a costa de los morados.

Elkarrekin-Podemos va a tratar de detener la sangría de votos hacia PSE y EH Bildu. La tendencia de los morados sigue siendo a la baja, aunque puede que consigan evitar el desastre haciendo valer su posición no comprometida por las labores de gobierno (PSE) y no condicionadas por las exigencias del nacionalismo (EH Bildu).

En el espectro de la derecha no nacionalista, la coalición PP+C’s tendrá que demostrar que es capaz de reconectar con un territorio del que se ha desvinculado.

Esta coalición nace moribunda ante el escaso apoyo de la ciudadanía vasca al discurso radicalizado y nacionalista del PP y de C’s, pero muere ante la purga efectuada en el propio PP vasco desde Madrid y la sustitución de AntonioAlonso -moderado- por un candidato del perfil de Iturgáiz.

Además, la coalición PP+C’s tiene que superar una prueba aún más peligrosa: detener el avance de VOX en Álava y evitar que entre en el Parlamento Vasco un diputado de extrema derecha.

Probablemente el aporte de votos de C’s a la coalición evite la hecatombe que puede suponer la fuga de apoyos del PP vasco hacia VOX.

El discurso de VOX es absolutamente residual en Euskadi, pero tiene predicamento en algunas comarcas del territorio meridional, lo que lo puede catapultar a la cámara del Izaro y generar un auténtico cataclismo en la política vasca; todo dependerá de la ciudadanía de Álava.

Finalmente, la abstención jugará un papel importante a la hora de confirmar las tendencias electorales y de ajustar los resultados que, en todo caso, habrá que mirar en detalle bien entrada la noche electoral.

La clave de la participación

En 20 años, la participación en las elecciones autonómicas vascas ha caído casi 20 puntos.

El posible miedo a aglomeraciones en los colegios electorales podría suponer una merma en las intenciones de acudir a votar de los vascos, unido a que estas se celebran en temporada estival.

Prevemos una disminución de hasta 3 puntos respecto a 2016, y similar en las 3 provincias, sin apartarse del histórico electoral.

No hay, a priori, ninguna fuerza política que se beneficie o perjudique, a priori, de una menor participación.

¿Cómo funciona la ley electoral vasca?

La Ley Electoral Vasca de 1990, tiene una gran relevancia en los escaños que obtienen las fuerzas políticas.

  • Son 75 los diputados autonómicos a elegir.
  • Fija el mismo número de parlamentarios por circunscripción, 25 en cada provincia. Esto a pesar de la gran diferencia de población entre los 3 territorios históricos. Es decir, el sistema supone que las 3 provincias tienen el mismo peso en el Parlamento vasco a pesar de la gran diferencia en cuanto a votos.

Debido a esto en la representación del Parlamento Vasco, un voto alavés equivale a 4 vizcaínos.

Históricamente ha favorecido a los partidos que obtienen más votos en Álava, y tienen menos apoyos en las otras dos provincias.

Además es necesario obtener al menos el 3% de votos válidos en la circunscripción para obtener representación.

Esto puede dejar sin escaño a partidos como VOX, PP+C’s y Equo, en las provincias en las que no lleguen a este mínimo favorecerá a aumentar los escaños de los 2 primeros partidos.


Metodología de los estudios electorales

El sistema metodológico seguido para la confección del estudio electoral ponderara esencialmente cuatro criterios en cada circunscripción atribuyendo un porcentaje de voto a cada partido político para posteriormente aplicar el sistema D’Hondt y obtener el número de escaños que le corresponde.

Los criterios que se ponderan son:

Bloques ideológicos: estudio del total de votos y porcentaje de voto, analizando como bloques políticos izquierda y derecha, y regionalista o nacionalista en su caso, con independencia del partido político al que se vote. Su variación a lo largo de la serie histórica permite determinar la propensión al voto a una u otra corriente ideológica, y corregir errores de las encuestas y tendencias más actuales.

Proyección histórica: análisis de la participación y su desviación con respecto a las elecciones generales y autonómicas en su caso y las curvas de tendencia obtenidas por unas y otras fuerzas políticas desde las elecciones de 2004 a 2016.

Estudio socio-demográfico: se recogen las particularidades históricas, culturales, económicas, demográficas, situación de los actuales partidos políticos en la región, líderes de uno y otro…

Encuestas y tendencias: Evolución de la tendencia de encuestas, valoración de líderes políticos.

Las encuestas se utilizan como elemento corrector de los anteriores, no como el elemento sustancial que determina el voto hacia uno u otro partido político.

Con los datos agregados de cada análisis, se proyecta el posible comportamiento del electorado en cada provincia y la asignación de escaños correspondiente.


Sobre nosotros:

Future Politics somos un grupo de profesionales del mundo de la ciencia política, el derecho, la economía y las finanzas. Elaboramos estudios y análisis metodológicos sobre temas relacionados con la política y la sociedad actual, proponiendo ideas de futuro.

Todas las opiniones, análisis y comentarios realizados en nuestros estudios son personales.

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