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Si no es Sí, es NO

domingo 03 de noviembre de 2019, 00:02h
Si no es si, es no en las relaciones sexuales. Desde el respeto que debe presidir las relaciones entre las personas, entendemos claramente que, cuando no nos dicen sí, es que es no. Es lo normal. Pero, cuando se trata de relaciones sexuales, algunos hombres sobre entienden siempre que la mujer quiere decir sí, aunque no lo diga, aunque no muestre agrado o incluso, aunque llore implorando de esa manera que la deje en paz.

La sentencia que la Audiencia Provincial de Barcelona ha dictado este jueves en el juicio a los miembros de la manada de Manresa me ha conmocionado, porque de nuevo constato que nuestro sistema judicial es obsoleto, se ha quedado anclado en un pasado machista y casposo y que no representa a una justicia moderna, democrática e igualitaria, como sí lo son en general el resto de las administraciones o de poderes del Estado, que, teniendo el mismo origen que el poder judicial, han sabido hacer ese agiornamiento. Y lo siento profundamente porque conviven dentro del sistema judicial jueces y juezas demócratas y que aplican la perspectiva de género al dictar sus sentencias y otros, demasiados, que carecen de esa empatía hacia las mujeres y que son capaces de dictar una sentencia como la recientemente dictada por la Audiencia de Barcelona, a sabiendas de que recientemente el Tribunal Supremo enmendó la plana a la Audiencia Provincial de Pamplona en un asunto muy similar.

Los hechos son sencillos: una chica de 14 años, en estado de embriaguez, es penetrada por cinco o seis hombres mayores de edad que se van turnando, de noche y en un barracón aislado. Al parecer, una o dos amigas de la chica ven todo o parte de lo que ocurre e intervienen como testigos en el juicio.

Los magistrados de la Sección de la Audiencia Provincial de Barcelona que han dictado la sentencia, consideran que los hechos anteriores son constitutivos de un delito continuado de abusos sexuales, a pesar de que hubo penetraciones, varias, a pesar de la diferencia de número, de edad y de complexión y a pesar de que la chica, según relataron las amigas, lloraba, o sea, que algo de consciencia tenía.

Consideran estos buenos hombres que no hubo ni violencia ni intimidación, porque la joven no estaba consciente, al estar bebida, aunque sus amigas parece que dijeron que lloraba.

¿Cómo ha debido quedar esta chica después de este trauma? ¿Creen Sus Señorías que con 12.000 € de indemnización se saldan los daños que le han ocasionado? Siento vergüenza, mucha vergüenza.

De nuevo al enjuiciar delitos sexuales cometidos por hombres sobre mujeres, se pone el foco en la mujer agredida y no en los agresores. Las conductas brutales de éstos, si la mujer no ha consentido, esté como esté ella, jamás se pueden calificar con esa benevolencia, pues son bárbaras, degradantes, vejatorias, agresivas, humillantes, escalofriantes.

Y no se pueden amparar en que la chica estaba embriagada, porque circunstancias similares concurrieron en la manada de Pamplona y el Tribunal Supremo casó la sentencia de la Audiencia Provincial de dicha Ciudad, muy parecida a la de Barcelona, y estimó que hechos muy similares deben calificarse como agresiones sexuales, como violaciones, tantos delitos como violaciones se produjeron, porque se produjo intimidación ambiental.

Lo que se está juzgando y condenando es la conducta de los delincuentes y no, casi fundamentalmente, cómo de consciente estaba la mujer.

Yo quiero saber donde trabajan, a qué se dedican, si tienen parejas o hijas o hermanas. Como las tratan. Todo esto quiero saber de los violadores, porque tengo derecho a saber quién es mi compañero de trabajo o mi vecino. Pero la noticia es que ella estaba bebida. ¡Cuanto tenemos que cambiar!

La regulación actual de los delitos sexuales en el Código penal debe cambiarse, es verdad, pero que no se haya hecho, no debe servir de excusa para calificar tan benévolamente hechos tremendos, porque otra interpretación es posible con la regulación actual, tal y como se demostró con la sentencia del Tribunal Supremo.

No queremos más sentencias que nos hacen avergonzarnos de nuestro sistema judicial. No lo cambiaremos solo con una nueva redacción de los delitos sexuales, que es necesaria vista la situación; lo cambiaremos cuando seamos capaces de llevar el enfoque de género al conjunto del poder judicial.

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