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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

Todos queremos Más

Todos queremos Más

Más y Más y mucho Más. Así decía una canción de hace muchas décadas, que pueden escuchar aquí, y que expresaba la ambición desmedida que, según el autor, mostraban las personas en aquellos tiempos. Si escuchan la multiplicación de los deseos que se reflejan en la canción, uno se pregunta si estábamos ante un simple sueño o ante la multiplicación de los panes y los peces. Y algo de eso nos está ocurriendo en estos momentos en la política española, la ambición se ha desatado y algunos quieren más, independientemente del precio que paguemos los demás.


La irrupción a nivel nacional de una nueva formación política, plataforma, coalición, grupo o llámese como se quiera, que no partido, porque a los nuevos políticos-politólogos no les gustan los partidos políticos, me ha causado una cierta impresión porque ha puesto de manifiesto tres cosas que creía superadas, pero que, ahora me doy cuenta, no se habían superado en ciertos ámbitos que debieran ser ejemplares, dada su ideología o sus objetivos.

Lo primero que ha llamado mi atención es la existencia de partidos o grupos políticos a los que podríamos llamar parasitarios o chupópteros. Porque unirse al aparente sol que más caliente para seguir estando en la pomada resulta, cuando menos, desmoralizador sobre lo que es la política. Ese es el caso de Equo y otros grupos o círculos, que se decía hace un tiempo, como lo ocurrido en el de Murcia. Y no me digan que responde a un acuerdo de programas porque la formación emergente sobre la que han decidido colgarse no tiene programa aún, como reconoce su líder carismático en entrevista reciente. Hoy me uno a este y mañana a aquél, dado que yo solo no soy nadie y necesito apoyarme en alguien para ser alguien, deben pensar sus dirigentes y sus miembros.

Gracias a esta especie de movimiento telúrico que se está produciendo vamos conociendo, en su verdadera dimensión, que Ahora Madrid, aquella fuerza rompedora, era un conjunto de egos y ambiciones personalistas que, a las primeras de cambio, empezó a saltar por los aires, y lo demostró desde el inicio cuando, en un alarde de soberbia, dieron por supuesto que las formaciones de izquierda les debían apoyar sin necesidad de pactar ni derecho a rechistar. De ese aguerrido grupo formaban parte no menos de 5 colectivos que se sentían imparables por la unión, hasta que empezaron a gobernar, y que ahora se disputan por separado ser los representantes genuinos de los valores más auténticos de la izquierda política.

La segunda cuestión que ha llamado mi atención es que la formación emergente no dispone de programa político ni tan siquiera de un atisbo de por dónde camina. Eso sí, ya sabemos que sus escaños no serán gratuitos, pero servirán a un objetivo político, ¿han visto alguna vez que unos escaños sirvan a un objetivo no político? No sabemos cuál es ese objetivo, pero debe ser tan relevante como reservado porque no se nos da a conocer ¿por rubor? Se utilizan adverbios comparativos en un intento de superponerse a los demás por mera locución, pero de contenidos, de principios, de valores, nada de nada, al menos de momento.

¿Por qué a algunos políticos españoles les cuesta tanto trabajo hablar con una cierta claridad de los objetivos que les animan a competir? No acabo de entender que, más de 40 años después de la vuelta a la democracia, cueste tanto conocer el ideario de algunas formaciones, que se escudan en eso tan manido de la transversalidad. Tan declaradamente transversales que luego votan igual que aquellos a los que dicen combatir. Una de las lideresas de esta formación emergente, con la que compartí mesa y mantel hace unos meses, convencida del que aventuraba como arrollador triunfo en mayo, seguía hablando de los mismos estereotipos de cuando se dieron a conocer en 2014, aún no había hecho mella en ellos la realidad del gobierno fracasado que estaban a punto de abandonar en junio de 2019. No era capaz de interiorizar el terreno abrasado que dejaban en la izquierda en Madrid.

La tercera cuestión que ha llamado mi atención, quizá la más significativa, es que nos estamos enfrentando a una disputa de líderes. Y es que la disyuntiva no es sobre organizaciones o sobre programas, es sobre personas. Y si no lo creen vean este titular del diario en el que su ex se decanta por el pacto que no funcionó. Parecería que los programas no cuentan. Es una lucha dentro de organizaciones o grupos repletos de caudillismo, ¿confrontaciones personales por aquellos que defendían equipos y programas?, ¿de verdad que no pedían puestos?

Fíjense que, en los últimos días, a partir de que se ha sabido de la nueva irrupción política, se han empezado a producir rupturas de proyectos, de direcciones, de partidos, ¿estaban todos presos en una especie de dictadura? Porque, de pronto, todo el mundo critica y se siente libre para opinar y llevar la contraria al que, hasta ayer, consideraban el líder máximo de esa nueva izquierda que venía a resolver los problemas y que había ido perdiendo apoyos según avanzan las elecciones y, sobre todo, según iban actuando. Porque no hay nada mejor para conocer sus objetivos que dejar que los políticos se pronuncien y actúen. Es ahí donde llega el momento de dar trigo y dejar la prédica.

Y ahora la gran pregunta ¿han oído o leído en algún lugar la razón de esa estampida política que se está produciendo en muchos lugares de España? Nadie nos dice que es fruto del fracaso en las negociaciones para apoyar un gobierno de progreso, nadie quiere reconocer que se han equivocado por enésima vez. Porque si fuera que las confluencias hubieran hecho lo correcto, nadie se movería en ese grupo. Si se producen desafecciones en el mundo morado es porque hay hartazgo con las actitudes y planteamientos demostrados.

Pero no podemos, nunca mejor dicho, olvidar esta breve secuencia de lo que, hace menos de 4 años, ocurrió cuando se presentaba un intento, tímido si quieren, para avanzar y que nos hubiera ahorrado muchos disgustos. Porque los protagonistas fueron los que fueron y las palabras son tan parecidas a las que hemos oído hace unas semanas que causa sonrojo que algunos se comporten como si aquello no hubiera sucedido o ellos no pasaran por allí.

Y es por todo esto que va a ser que no, como se dice hoy en día. No todos queremos Más, algunos somos de fácil conformar, con hacer política, sin adornos ni alardes jacarandosos, y con salir del entramado de la farsa nos conformamos. Porque se hace política desde el gobierno o desde la oposición, pero nunca desde la inanidad en la que estamos sumidos, esto de ahora no es política, aunque lo digan doctores en ciencia política.

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