Hemos escuchado cientos de discursos del profesor y candidato Angel Gabilondo, donde en cada uno de ellos hemos aprendido algo nuevo. Nos ha acercado al mundo de la filosofía, del conocimiento, de la ética, de la solidaridad. Nos ha enseñado a dialogar escuchando al otro, y nos ha calado su mensaje al estilo Martin Luther King: “Ningún ser humano es superior a otro”. “No se puede presumir de ser una Comunidad rica sin sentir la vergüenza y el dolor de que casi doscientos mil niños -y sus familias- viven en situación de pobreza”. “No os equivoquéis conmigo, me gusta la riqueza de Madrid, el progreso, la ciencia, la educación, el trabajo de calidad digno… pero sobre todo me gusta la riqueza que sea justa y que nadie se quede sin cubrir sus necesidades básicas”.
En esos cientos de discursos que Gabilondo ha ido dejando caer por todos los rincones y barrios de la rica Comunidad de Madrid, pocas veces hemos escuchado de sus labios la palabra PSOE como propaganda política. O la palabra contrincante, enemigo, dirigida a sus colegas de otros grupos políticos. Porque Gabilondo ha ido pidiendo un voto muy específico: “vota igualdad”; “vota justicia”; “vota solidaridad fiscal”; “vota crecimiento económico si,pero justo”; “vota educación de calidad para todos”; “vota progreso igualitario” ;“vota conocimiento”; “vota ciencia”; “vota empleo y salarios dignos” ;“vota….” . Y si crees que todo eso lo representa el proyecto que yo humildemente represento-dice- “vota este proyecto”.
Y todo aquel que piense y quiera servir a Madrid y a los madrileños de esta forma, “estará conmigo, porque yo voy a hablar con todos”. En mi mente no hay bloques, “los bloques bloquean”, “la unión hace la fuerza”, todo el que venga en esos términos, de justicia social, podrá contar conmigo y yo con él. “Me dicen que tengo la enfermedad del consenso…¡Pues yo no quiero curarme de esa enfermedad!”.
Si hacemos el ejercicio de intentar comparar su discurso con el de sus colegas y oponentes de otros partidos, Diaz Ayuso o Aguado, por ejemplo, nos machaca el cerebro, a cada frase la palabra, “el PP ha sido el que ha….” (hecho todo lo bueno). “Ciudadanos es el que ha… (hecho todo lo bueno). Y a la inversa, “el Psoe es el que ha… (hecho de maligno, malo, malísimo, canalla, traidor, incluso "ha vendido la patria y ha negociado -como ha quedado claramente demostrado- con los catalanes para repartirse los beneficios de la independencia de Cataluña”, y así disparates inmensos que nadie en su sano juicio puede ya creer. Pero que incomodan, violentan y rompen la convivencia entre iguales y semejantes. Ya nos hemos cansado de esta política de raquitismo intelectual e indigencia moral.
Lo peor de esta campaña es que se han dicho mentiras a sabiendas de que lo eran sólo para conseguir un rédito electoralista. Lo peor de esta campaña, es que incluso cuando los “detectores de mentiras” de los medios de comunicación independientes, se han puesto al fin las pilas para poner freno a semejante cadena de infamia, tanto Casado, como Rivera, como Abascal, como Díaz Ayuso, como Aguado, como Monasterio, y no digamos Dolors Monserrat, han seguido repitiendo como “loritos” las mentiras que ellos creían iban a darles un puñado de votos. Lo peor de todo es que el pasado 28 de Abril, los españoles dijeron “No”, a este estilo bronco y retrógrado de crispar. Y no han aprendido. Y lo peor, es que no han aprendido porque no tienen nada bueno que decir, les falta conocimiento, trayectoria, experiencia, humildad para aprender y les sobra ambición y arrogancia de novato. Si no repiten el argumentario, la lección aprendida de antemano, no tienen una base de cultura, conocimiento, trayectoria política y calidad ética profunda como para confeccionar otros discursos de la categoría que esta ciudadanía española se merece. Al menos Rajoy sabía que una taza era una taza. Y un vaso era un vaso y un alcalde y los vecinos y los vecinos eligen al alcalde. Eso era una convicción profunda. Nadie se lo había soplado.
“No solo miente el que dice lo contrario de lo que piensa”, nos ha recordado Gabilondo, el hombre de la Universidad que ha pasado cuatro años en la Asamblea de Madrid, empapándose de política y conociendo las necesidades de los madrileños, el amante de la palabra, el amante de la exactitud de la palabra y de la importancia de la palabra dada. Por tanto de la verdad y el compromiso. “Sobre todo -dice el profesor- miente el que actúa de forma diferente a como piensa y piensa de forma diferente a como habla”.Pues eso, si por sus palabras -además de por sus hechos- les conoceréis, ya sabéis lo que podemos esperar de los que insultan, crispan, mienten, ofenden…
Al menos, los “otros” de la nueva política, los de la más izquierda, que llegaron para asaltar el cielo, ya han puesto los pies en la tierra. Lo cual es un triunfo. De negar la Constitución han pasado a llevarla en sus manos como si de la Biblia se tratara. Han cambiado Juego de Tronos, por la Constitución. No pasa nada. La acaban de descubrir, bienvenidos sean. Los de la regeneración de centro, liberal, derecha, derechita cobarde, aún tienen mucho que aprender, lo malo es que ni ponen los pies en la tiera ni se fijan en el “profesor adecuado”. Ahora mismo su referente se llama Abascal, al que intentan imitar para retener un puñado de votos directamente fascistas. Qué gran error. Espero que no tengamos que pagarlo todos los madrileños, por un puñado de votos que se queden fuera de las urnas. Quedarse en casa esto domingo, para un progresista, puede ser pecado. ¡Múevete a votar!.