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Europa vota bajo el espectro del nacional-populismo
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Europa vota bajo el espectro del nacional-populismo

miércoles 22 de mayo de 2019, 12:45h
El espectro del nacional-populismo sobrevuela las elecciones europeas que se celebran desde este jueves al domingo en los 28 países miembros. Encuestas y analistas le auguran un auge notable, hasta un 30%, según algunos de ellos.

Hace dos años se vivió el maratón electoral (Holanda, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Austria y Chequia) como un test decisivo para comprobar si el proyecto de integración europea seguía teniendo futuro. Los nacional-populistas fueron frenados, pero no derrotados. Ahora estamos ante el desafío de ese voto anti-establishment, ya que estos comicios se tienen como secundarios y, por tanto, menos arriesgados para manifestar el malestar social (1).

FACTORES QUE HAN IMPULSADO Y LIMITADO EL RIESGO EXTREMISTA

1) La responsabilidad de los partidos del llamado consenso centrista (democristianos, conservadores, socialdemócratas y liberales, fundamentalmente), que no han sabido orquestar una respuesta eficaz y justa a la pavorosa crisis económica y social de la última década, favoreciendo el incremento de la desigualdad, el empobrecimiento de las clases medias, y la marginación creciente de las capas populares

2) El incremento de la presión migratoria, como consecuencia de la agudización de los conflictos en África y Oriente Medio, tras el desastre de la política neocon y la fallida primavera árabe. Los compromisos europeos a favor del desarrollo en esas áreas desestabilizadas y conflictivas se han ido debilitando.

3) El agotamiento de las ideologías europeas dominantes en la segunda mitad del siglo anterior y su incapacidad para implantar en unas sociedades bajo presión un discurso político sincero y comprometido, lo que ha favorecido el auge de opciones extremas: nacionalistas, populistas, xenófobas, seudo-libertarias e incluso nostálgicas del autoritarismo.

4) La heterogeneidad y dispersión del fenómeno ha limitado el alcance de su amenaza sobre el llamado orden liberal, al no haber sido capaces de ofrecer una alternativa continental o supranacional, quizás precisamente por haber quedado atrapados en la trampa de su discurso nacional y despectivo de cualquier cosa que suponga compromisos transnacionales.

5) Una extraña connivencia con la Rusia de Putin, más por interés puramente material (supuesto apoyo económico) que por sintonía con la deriva nacional-autoritaria del Kremlin. El último escándalo que le ha costado el puesto al líder nacional-populista de Austria y el colapso del gobierno derechista en Viena es uno más de una cadena que ha afectado a las formaciones de Francia o Italia, entre otras.

6) La capacidad para influir de formas diversas en las fuerzas políticas tradicionales, sobre todo del centro-derecha, forzando el acomodo de programas a sus ideas con más gancho (Francia, España), provocando disensiones en coaliciones conservadoras (Alemania, entre la CDU y su hermana, la CSU bávara), incluso aceptándolos como socios menores de gobierno (Austria, hasta hace sólo unos días).

7) La pasividad o negligencia del centro derecha, al exculpar, justificar o permitir a ciertas formaciones con responsabilidad de gobierno en sus países los excesos cometidos contra las libertades y normas democráticas, como son los casos del FIDESZ húngaro, socio aún, aunque bajo suspensión temporal del Partido Popular europeo, o del partido polaco Ley y Justicia (PIS), aliado de los tories británicos en el Grupo Conservador y Reformista.

Así pues, los factores impulsores del auge nacional-populista han sido compensados por otros que han frenado o amortiguado su impacto político. La Eurocámara es una institución muy criticada por los populistas por su carácter supranacional y sus dispendios (2), aunque paradójicamente haya servido como terreno propicio para el despliegue de ideologías de protesta (en la derecha, pero también en la izquierda). No lo suficiente, sin embargo, para amenazar seriamente la hegemonía centrista. Curiosamente, el factor división ha jugado un papel de contrapeso al reducir la influencia de los contestatarios.

LAS RENCILLAS DEL NACIONAL-POPULISMO

Los nacional-populistas no han sido capaces de unificar credos ni sumar efectivos para asaltar la institución más representativa del entramado político europeo. En la actualidad, están esparcidos en tres grupos de la Eurocámara.

El más fuerte (por encima del 10% de los eurodiputados) es el Grupo de Conservadores y Reformistas, comandado por el Partido Conservador británico, euroescéptico, por supuesto, pero supuestamente alejado de postulados populistas. El otro partido grande de este grupo es es el muy derechista PIS polaco. Como le ocurre al PPE con FIDESZ, los tories han demostrado pocos escrúpulos al maridarse con un partido que quiebra cada día compromisos básicos de la democracia y los valores europeos, como la independencia judicial o la libertad de información, por no hablar del revisionismo de la II guerra mundial.

Otras dos formaciones de este grupo son dos de los partidos xenófobos nórdicos más pujantes, los Demócratas suecos y los Verdaderos finlandeses.

La Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD), con más del 5% de los eurodiputados, está liderada por Alternativa por Alemania (AfD, partido xenófobo que nació como oposición al euro). Además cuenta en sus bancadas con dos formaciones francesas de discurso euroescéptico y escindidas de los bloques principales de la derecha: Patriotes, del otrora mano derecha de Marine Le Pen, Florien Philippot, ahora tratando de explotar el fenómeno de los gillets jaunes; y Debout France, expresión de los soberanistas procedentes del gaullismo más rancio. Se han unido a este grupo otros disconformes, en este caso con el Partido Conservador británico, agrupados en el Brexit Party, y el sector más derechista del Movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo.

El otro grupo es la Europa de las Naciones y las Libertades (ENL), algo menos del 5% de los parlamentarios. Aglutina el nacionalismo de repliegue o rechazo, conservador y retrógrado, bajo el liderazgo intelectual del Rassemblement National (exFrente Nacional) de Marine Le Pen, el impulso enérgico de la Lega italiana y la influencia gubernamental de los sedicentes liberales austríacos (FPÖ), hasta que ha estallado el escándalo del video que destapa una supuesta operación corrupta con una representante de los oligarcas rusos. En este grupo se cobijan también unos disidentes eurocríticos del centro-derecha alemán, reunidos en el Die Blaue Partei, el minúsculo pero bullicioso Partido del Brexit, heredero del UKIP del polémico Neil Farage y los xenófobos flamencos del Vlaams neerlandés.

Por tanto, el nacional-populismo está dividido. Sus líderes son incapaces de ponerse de acuerdo, debido al lastre que supone su retórica patriotera y por una lucha de egos no resuelta. La politóloga Nathalie Brack ha estudiado los límites de su actuación en el Europarlamento (3).

Algunos de las estrellas nacional-populistas (Salvini, Le Pen) pretenden ahora de nuevo aunar fuerzas en un solo grupo, cuando se constituya el nuevo Parlamento (4). Pero se mantienen varias incógnitas. A saber, qué pasará con FIDESZ. Si el PPE necesita sus votos para mantener la hegemonía, es dudoso que terminen expulsándolo del grupo definitivamente. Si lo hacen, el partido de Orban debería recalar en ese nuevo grupo unificado de la derecha soberanista.

Por otro lado, de consumarse el Brexit, los tories británicos dejarán al grupo Conservador integrado solamente por el partido polaco gobernante Ley y Justicia y pocas formaciones residuales adicionales, lo que puede acelerar una migración de todos ellos al PPE o a los nacional-populistas. Estaríamos ante una reestructuración del nacional-populismo.

LA DISPERSIÓN DEL CENTRO DERECHA

Otra de las claves a dilucidar en esta ronda electoral es la capacidad del centrismo político para someter esta contestación aparentemente antisistema bajo límites manejables, como hasta ahora. La lucha por la hegemonía complica seriamente este propósito. A día de hoy, la fuerza dominante en el Parlamento europeo es el centro derecha, con 217 diputados (casi el 29%). Aspira a continuar siéndolo, pero no lo tiene asegurado. Las familias políticas que gobiernan en los estados europeos están divididas en tres grupos: Populares democristianos, Conservadores y reformistas y Liberales-demócratas.

En el Partido Popular europeo, en origen de inspiración democristiana, cohabitan formaciones genuinamente adscritas a esa ideología, arraigadas en Alemania, Holanda, Bélgica, Austria o Dinamarca, con otras de perfil netamente conservador. Es el caso del Partido Popular español, cuyo perfil es poco tributario de la doctrina social católica ya desde hace años, o de Forza Italia, cuyo auge ocurrió a costa precisamente de la Democracia Cristiana italiana, fuerza hegemónica durante décadas, a la sombra del Vaticano. Y qué decir de Los Republicanos franceses, antiguos gaullistas, que nunca pudieron ser considerados como partido confesional. No es de extrañar que la derecha francesa, más atomizada de lo que sus éxitos electorales indican debido al sistema electoral de agrupamientos en segunda vuelta, se encuentre dispersa en varios grupos políticos del PE.

El gran lastre del PPE es la presencia en sus filas del partido húngaro FIDESZ, liberal en sus orígenes, en el tardocomunismo de finales de los ochenta, pero inscrito ahora en la tendencia iliberal, autoritaria y dudosamente democrática. EL PPE ha sancionado al partido del primer ministro Viktor Orban, pero no ha querido expulsarlo, porque aporta una decena de diputados que le ayudan a sostener su hegemonía en Estrasburgo. El líder del PPE y aspirante a presidir la próxima Comisión Europa (spitzen kandidat) es el bávaro alemán Manfred Weber (CSU), que mantiene puntos de vista sobre migración próximos al nacional-populismo.

Los liberales de la ALDE agrupan a un 9% de los eurodiputados. Macron ha asumido el liderazgo externo del grupo, aunque su dirigente parlamentario sea el belga Guy Van Verhofstadt y los alemanes del FPD provean una buena parte de sus actas parlamentarias. Ciudadanos se inscribe lógicamente en este grupo, con la incómoda compañía del PdCat y, sorprendentemente, el PNV, al que no podríamos calificar de liberal en España (de origen democristiano, conservador en lo social y nacionalista en su ambición estratégica).

El líder francés se presenta en estas elecciones como la máxima garantía para frenar al nacional-populismo, como ya hiciera con notable éxito en las presidenciales de su país (6). Pero su estrella se ha apagado un poco por la contestación social y la falta de sintonía con otros líderes europeos. Macron no se resiste al papel de comparsa de los liberales y pretender acabar con la alternancia entre populares y socialistas (7). Sus diferencias con la canciller Merkel han bloqueado las expectativas de restauración del motor franco-alemán que se abrieron con la llegada al Eliseo del joven dirigente francés (8).

LOS SOCIALDEMÓCRATAS, EN ARDUA BÚSQUEDA BUSCA DEL LIDERAZGO PERDIDO

El centro-izquierda se presenta unido en torno a los Socialdemócratas, que aparecen como el grupo político europeo ideológicamente más cohesionado. Con 184 escaños, disponen de una cuarta parte de la Eurocámara. Públicamente aspiran a conseguir el 30%, lo que les convertiría en el principal grupo parlamentario. Pero las encuestas les predicen un descenso importante, debido a su debilitamiento en algunos de sus feudos tradicionales del centro y norte del continente (Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia o Finlandia).

Paradójicamente, el líder de los socialistas europeos y declarado candidato a presidir la futura Comisión es el políglota e influyente Franz Timmermans (actual número dos de la CE), perteneciente al partido holandés, uno de los más castigados en las recientes elecciones.

No obstante esta profunda crisis, la socialdemocracia presenta algunos polos claros de recuperación. Numéricamente, el partido más fuerte en las filas socialistas es el Labour británico, que podría llegar de nuevo a Downing St, si no se lo impiden las contradicciones internas por el Brexit. Por esta misma razón, si se consuma la salida del Reino Unido de la UE, la pérdida de efectivos en las filas socialistas será de consideración.

La corriente más pujante viene ahora del sur, con gobiernos monocolores en España, Portugal y Malta. Y tampoco son desdeñables las aportaciones que este grupo recibe de la secciones reconvertidas de los antiguos partidos comunistas de Europa Oriental (dominantes aún en Rumania y fuertes en Eslovenia, Chequia, Eslovaquia y Bulgaria), aunque hayan sido barridos en Hungría y Polonia.

LA IZQUIERDA ALTERNATIVA, ANTE OPUESTAS PERSPECTIVAS

Finalmente, la izquierda no socialista tiene dos polos de referencia: ecologistas, de un lado, e izquierda reivindicativa más comunistas, de otro, con el 7% de diputados cada uno.

El Grupo Los Verdes-Alianza de la Libre Europa reúne a la gran mayoría de los partidos ecologistas, liderados por alemanes, franceses, centroeuropeos y nórdicos. Los sondeos indican que pueden salir reforzados. La otra rama está integrada por partidos nacionalistas de izquierda o reivindicativos, como el Partido Nacionalista Escocés (SNP), los nacionalistas galeses del Playm Cimru y los republicanos independentistas catalanes de Esquerra (ERC).

La Izquierda Unitaria aglutina a a los sectores críticos, como el alemán Die Linke o la France Insoumise de Melenchon, la Syriza del primer ministro griego Tsipras, Izquierda Unida de España y una larga lista de los partidos comunistas más convencionales del sur de Europa. Es llamativa la presencia en este grupo, y no en el anterior, del Sinn Feinn, cuyo objetivo fundacional es la reunificación de Irlanda. A pesar de la desafección hacia los socialdemócratas, no se les augura una mejora de posiciones.

Finalmente, para ayudar a visualizar el mapa político de la UE, adjuntamos un cuadro en el que aparecen la composición actual de los grupos políticos del Europarlamento y se marcan aquellos partidos que detentan la jefatura del gobierno en sus respectivos países, los que participan como socios menores del ejecutivo y los relegados al papel de oposición.

NOTAS

(1) “European Elections Will gauge the power of Populism”. STEVEN ERLANGER. THE NEW YORK TIMES, 20 de mayo.

(2) “Très cher Parlament européen. LE MONDE, 16 de mayo.

(3) “Emmanuel Macron y Matteo Salvini offer two visions for Europe” RACHEL DONADIO. THE ATLANTIC, 21 de mayo.

(4) “Opposing Europe in the European Parliament”. NATHALIE BRACK. PALGRAVE MCMILLAN, (e-book), 2018.

(5) “2019 European Parliament Elections will change the EU’s political dynamics”. STEFAN LEHME y HEATHER GRABBE. CARNEGIE EUROPE, 11 de diciembre 2018.

(6) “Emmanuel Macon y Matteo Salvini offer two visions for Europe” RACHEL DONADIO. THE ATLANTIC, 21 de mayo.

(7) “Pourquoi Macron veut garder la main sur le présidence de la Commission Européenne”. MICHAELA WIEGEL. FRANKFURTER ALLGEMEINE ZEITUNG, 16 de mayo (reproducido por COURRIER INTERNATIONAL, 21 de mayo)

(8) “Merkel-Macron. Après les disensions, la reconciliation. SUDDEUTSCHE ALLGEMEINE ZEITUNG, 17 de mayo (reproducido en COURRIER INTERNATIONAL)

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