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"Lo que la oruga llama 'el fin', el resto del mundo lo llama 'mariposa'."

Casado, Rivera y Abascal pinchan en Colón y apenas reúnen a 45.000 personas

Casado, Rivera y Abascal pinchan en Colón y apenas reúnen a 45.000 personas

Partido Popular, Ciudadanos, Vox, Falange, Hogar Social… toda la derecha y la ultraderecha, habían convocado a los “españoles de bien” en la mañana de este domingo para pedir la dimisión del presidente del Gobierno y protestar contra lo que consideran una “traición” de Pedro Sánchez. Fuentes de la Policía Nacional, facilitados por la Delegación del Gobierno, han cifrado la asistencia a la convocatoria en 45.000 personas, una cifra muy lejana a otras manifestaciones históricas, como los 700.000 asistentes del Orgullo Gay en 2018 o las 170.000 personas que estuvieron en la última marcha del 8M. Y eso que Casado y el PP, había puesto autobuses gratis desde todos los rincones de España para acudir a Madrid.

🔴 Sánchez asegura que la ultraderecha ha radicalizado a PP y C"s para volver a una España regresiva
🔴 La batalla en las redes sociales por la manifestación de Colón
🔴 La manifestación de Colón en imágenes


Llegaron de todas partes de España, bastaba con que se acercaran a una sede del PP de su pueblo y subieran gratis en el bus que les llevaría, en jornada festiva a la Plaza de Colón de Madrid. Se esperaban, los organizadores cientos de miles de personas, pero se quedaron muy por debajo de los cincuenta mil. Nimia concentratación. Gritaron consignas como “España unida jamás será vencida”, “Puigdemont a prisión”, “fuera el okupa”, “España no está en venta"queremos votar" "Sanchez vete a tu casa", y exhibieron tantas banderas como nunca habíamos visto. Una persona, una bandera. Miles de banderas de España. Tres periodistas, Carlos Cuesta, María Claver y Albert Castillón leyeron un manifiesto firmado por PP, C’s y Vox en el que acusan al presidente del Gobierno de “dar una puñalada por la espalda a la ley y la justicia”.

El tripartito de la extrema derecha, compuesto por PP, Ciudadanos y Vox sigue su camino juntos y este domingo han oficializado aún más esta unión en la manifestación que las tres derechas convocaron en Madrid para exigir la dimisión de Pedro Sánchez. La excusa perfecta la encontraron la semana pasada al hacerse público que la mesa de partidos en la que se buscaría una salida al problema político catalán contaría con la participación de un “relator”, “mediador” u “organizador” que dirigiría la agenda de reuniones y plasmaría lo que allí se iba a tratar.

La derecha reaccionaria quiso ver en esta figura el mediador que solicita el independentismo y se lanzó, a través de sus líderes Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, a una carrera loca para ver quién le dedicaba los insultos más fuertes e hirientes al presidente del gobierno socialista, Pedro Sánchez. Pero Sánchez ya les había tomado la delantera porque dijo "hasta aquí hemos llegado a los de Quim Torra que no aceptaron las reglas del juego: Ley y Estatuto". Cero concesiones fuera de la Ley.

En lo que parecía iba a ser la manifestaciòn del siglo, este domingo, 10 de febrero, la derecha y ultraderecha ha conseguido reunir en la madrileña Plaza de Colón a 45.000 personas, traídas en autobuses desde todos los rincones de España. Allí, enfundados en la bandera de España, la enseña de todos que siempre pretenden arrogarse en exclusiva, han leído un manifiesto lleno de mentiras y falsedades, mientras los enfervorecidos asistentes gritaban encendidas consignas.

Y todo ello, a tan solo dos días de que el Tribunal Supremo abra el juicio a los políticos independentistas catalanes por el ‘procés’. Doce políticos independentistas de ERC y PdCat, así como los dos Sánchez, se enfrentan a penas de entre cinco y quince años. O incluso más, depende los delitos que incorpore la fiscalía.

Sin embargo, la convocatoria ha pinchado para Casado, Rivera y Abascal (los tres se estranan en estas lides) si lo comparamos con el número de asistentes con otras manifestaciones como la del Orgullo Gay del 2018 que reunió a 700.000 personas, o la última marcha del 8M, que contó con más de 170.000 participantes, solo en Madrid, mientras que si sumamos el resto de ciudades españolas puede superar el medio millón.

El acto central de la concentración consistió en la lectura de un manifiesto que se encargaron de leer tres periodistas, Carlos Cuesta, María Claver y Albert Castillón. En el documento, acusaron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez detraicionar” al país y de “dar una puñalada por la espalda a la ley y a la justicia” y recalcaron su apoyo a los jueces del Tribunal Supremo que a partir de este martes enjuiciarán a los acusados en el ‘procés’ de Cataluña”. No obstante, la foto de la manifestación, así como su fracaso, corresponde a los tres líderes de la derecha, ultra derecha y derecha liberal, Casado, Abascal y Rivera.

En su alocución, los tres periodistas por encargo, reprocharon “las constantes cesiones intolerables y a pocas horas de que el Tribunal Supremo comience a juzgar a los responsables de la ruptura del orden constitucional que se produjo en octubre de 2017, (...) aceptando los términos y exigencias impuestos por el presidente de la Generalitat”.

Para los tres partidos firmantes del manifiesto, “los acontecimientos de los últimos días suponen una humillación del Estado sin precedentes en nuestra vida democrática”.

El manifiesto está repleto de falsedades y medias verdades y acusa al gobierno de España de “querer perpetuarse en el poder” o de unas cesiones que solo ocurrieron en la retorcida mente de los líderes de la derecha española “cedió al recibir al presidente de la Generalitat con lazos amarillos, cedió al trasladar a los presos a Lledoners, cedió al aceptar la bilateralidad entre iguales, cedió al aceptar las 21 exigencias del secesionismo, cedió al iniciar unas negociaciones para aprobar los Presupuestos”. Una retahíla de mensajes incendiarios para enaltecer a sus huestes en las redes sociales y así ganar un puñado de votos. Mientras tanto, el Gobierno se ha centrado en manifestar su deseo de abordar el problema catalán con diálogo, pero siempre con un escrupuloso respeto a la ley y a la Constitución, como no podía ser de otra manera.

Precisamente este sábado, Pedro Sánchez volvía a acusar a los independentistas catalanes de seguir con su “viaje a ninguna parte” y recalcaba por enésima vez que este Gobierno jamás aceptará un referéndum de autodeterminación, jamás hará nada para romper la unidad de España y jamás tratará de influir en la Justicia para beneficiar a los políticos independentistas que serán juzgados por el Supremo. Pero la derecha española se niega a escuchar, una vez más.

Momentos antes de la lectura del manifiesto, Pablo Casado aseguró que el tiempo de Pedro Sánchez “se ha acabado”, pero a la vista del escaso poder de convocatoria de los tres partidos unidos, más bien Casado debería plantearse si su debut en la escena política no ha acabado con su liderazgo en un partido que fue líder de la oposición socialista y que ahora ha caido a sus nives de votantes más bajo. Con este seguimiento de la concentraciòn de Colón, el comienazo que él sueña de la “la reconquista del corazón de los españoles”, no tiene mucho sentido. Desde que llegó a la presidencia del PP, el joven líder conservador ha centrado sus esfuerzos en escorar a su partido a la derecha para cerrar la fuga de votos hacia Vox y no duda en endurecer su discurso hasta diluirse con el de la extrema derecha con la que gobierna desde hace unas semanas en Andalucía.

Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que ha seguido al PP y a Vox hacía la radicalidad, afirmó que “el clamor hoy es que queremos votar. Sánchez nos engañó, dijo que iba a haber elecciones y no las hay”. La formación naranja se ha convertido en una de las tres patas que sostiene todo el espacio político de la derecha y la ultra derecha españolas. Esa que pretende pactar en toda España tras las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo para desalojar del poder al PSOE y comenzar la involución de España a tiempos pasados, casi remotos.

La tercera pata de esa coalición de derechas la forma el partido de Santiago Abascal, la extrema derecha española. El líder ultra reclamó este domingo la suspensión de la autonomía catalana y la detención del presidente de la Generalitat, Quim Torra. Medidas ambas inconstitucionales y meridianamente contrarias a la ley que pretenden defender.

La convocatoria terminó con la foto de familia, esa de la que algunos querían huir. Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal subieron al escenario junto a sus equipos más cercanos para inmortalizar el momento y entonar el himno de España. Por tanto, las tres derechas se quitan por fin la careta y muestran al país la verdadera cara de una coalición que se firmó en el Parlamento de Andalucía y que pretenden extender por todas las Administraciones del Estado.

A Sanchez le gustaría recibir la lealtad que él ofreció

Desde Santander, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aseguró que respeta la concentración y a continuación quiso recordar que cuando estuvo en la oposición apoyó fielmente al Ejecutivo de Mariano Rajoy en el tema catalán “hacen siempre lo mismo. Cuando están en el Gobierno exigen lealtad. Cuando están en la oposición lideran la crispación. A eso le llaman patriotismo, pero es deslealtad, Siempre hemos dicho lo mismo, diálogo y lealtad”.

El dirigente socialista recordó que “ser patriota es trabajar todos los días para que en España se viva mejor. Habéis escuchado a ese líder de la oposición decir que ‘si queréis dignas que no aborten las mujeres’. Las pensiones no se consiguen recortando los derechos de nadie, y mucho menos de las mujeres”.

Por último, Sánchez puso de manifiesto que “si te atacan es porque te temen” y acusó a los organizadores de la manifestación de Madrid de banalizar la violencia de género y defender los vientres de alquiler.

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