El 13 de enero saltaba a la luz el trágico suceso. Julen Roselló, un niño de dos años había caído a un pozo de un perímetro muy estrecho, en torno a treinta centímetros y con más de setenta metros de profundidad, en Totalán, Málaga. El padre, José Roselló aseguró a la Guardia Civil que incluso oyó los ecos del llanto de su hijo en el fondo del pozo. En aquel momento comenzó una operación de ingeniería civil para la búsqueda y rescate, con vida, del pequeño Julen. También en aquel momento, se situaron los platós de televisión en la zona del pozo, y empezó una descripción milimétrica de la ingeniería civil de perforación orográfica, aderezada con dignas lágrimas de sangre de las familia y todo el plañiderismo más casposo que los medios pudieron recoger y reproducir todos los días, durante horas, por la mañana, por la tarde, por la noche, sumiendo a toda España en una dolor de incertidumbre que bien podrían habernos ahorrado.
Las tareas de rescate, coordinadas por el delegado del Colegio de Ingenieros de Caminos de Málaga, Angel García Vidal, la Guardia Civil y el subdelegado del Gobierno, no dieron cuartel. Las tres administraciones, Gobierno, Junta y Diputación Provincial, se volcaron con todos los medios en la angustiosa búsqueda a contrareloj con la vida del pequeño de dos años atrapado en el fondo del pozo. No se volvieron a escuchar sonidos y nadie podría apostar si el chiquitín estaría vivo o habría fallecido con la caída de casi cien metros. Todo el pueblo y vecinos de la zona, se volcaron.
En Totalán, se desplegó un dispositivo de rescate con cerca de trescientos efectivos entre Bomberos, Guardia Civil, Protección Civil, emergencias, Policía Nacional y equipos de ingeniería de varias empresas que cedieron su colaboración. España entera hizo un master de perforación de pozos y túneles subterráneos que podrían habernos ahorrado, ya que el objetivo era otro.
Junto a ellos, equipos de radio y televisiones que montaron allí su plató y comenzaron un guión escrito sobre la tragedia de la familia, con tal amarillismo y falta de respeto al dolor humano, que avergüenza a la profesión. Durante estos trece días que ha durado el rescate, han desarrollado un espectáculo grotesco que cubría varias horas de su programación, con grandes audiencias, que es lo que les importa en verdad, y con intervenciones tan estelares de personajes como Juan José Cortés, el padre de la desaparecida niña Mari Luz Cortés, quien hizo desde entonces carrera mediática, e incluso política como fichaje del PP, a costa de la desgracia de su hija por supuesto con la connivencia y complicidad de unos medios que han convertido la cobertura de los sucesos y tragedias en espectáculos de la vergüenza. Descanse en paz el pequeño Julen Roselló y sobre todo dejemos respeto para el dolor e intimidad de la familia. Desde estas lineas, un homenaje a los mineros de Laviana que realmente se jugaron la vida, trabajando al límete y en condiciones muy peligrosas para finalmente rescatar al pequeño.