Decía José Luís Rodríguez Zapatero que Andalucía era una "fuente renovable de votos para el Partido Socialista". Lo decía en 2007 y sabía que tenía en esa comunidad el mayor empuje para revalidar la victoria en 2008. Él, que era un optimista antropológico, en esto por ahora no se ha equivocado: sin ganar en Andalucía no puede haber un Gobierno socialista en Moncloa.
El sondeo preelectoral del CIS que acabamos de conocer otorga al PSOE-A una nueva mayoría de votos y sitúa la pelea no en la victoria, sino en el liderazgo de la oposición. Desde la vuelta de la democracia a nuestro país, nunca en esa tierra se ha dado siquiera la posibilidad de un gobierno encabezado por otro partido que no sea el PSOE. Ya desde la preautonomía los socialistas han sabido hacerse fuertes en una posición izquierdista equilibrada, a la vez que se hacían fuertes en una defensa del carácter casi nacional de la región más poblada de España. De esta forma, una tierra con personalidad propia y un acervo cultural de la altura del andaluz, se ha configurado como granero de votos de un partido como el PSOE, un “atrapalotodo” que ha cerrado el paso incluso a partidos relativamente fuertes de corte nacionalista o regionalista. El Partido Andalucista, que llegó a tener representación en el Congreso, hace años que desapareció. Todo esto y un centro derecha cuyas estrategias siempre han sido erróneas, desde la oposición de Unión de Centro Democrático en el referéndum del 28 de febrero de 1980 (el famoso “Andaluz, este no es tu referéndum") a las innumerables ocasiones en que se ha llamado a los andaluces “votantes cautivos”, “incultos” o directamente “vagos y asiduos a los bares”. La última durante esta precampaña del 2D.
Por eso este escenario que dibuja el CIS es altamente positivo para el Partido Socialista: no solo se mantiene una convocatoria electoral más en disposición de formar Gobierno, sino que podrá acercarse más a izquierda o a derecha, según decida. Ya pasó en 2015 y se tardaron 80 días en formar Gobierno. Susana Díaz es hábil negociando lo post electoral, ya lo demostró entonces. No lo digo por la tardanza, sino porque abocó a Ciudadanos a apoyar a su gobierno responsabilizándolos de un bloqueo institucional demasiado largo por no hacerlo. Así que si los resultados son similares a los que vaticina el CIS, la estrategia a seguir puede ser similar: si no hay apoyo para formar Gobierno y las demás fuerzas no conseguís poneros de acuerdo entre vosotras, entonces hay que repetir elecciones y eso sería responsabilidad de la oposición. Ya resultó una vez, quizá pueda funcionar dos. Aunque, como en todo, los contextos temporales marcan mucho y en estos casi cuatro años los españoles, también los andaluces, hemos perdido el miedo a una repetición electoral. Dependerá, seguramente, de quién quede primero en la batalla por el segundo puesto.
La debacle del Partido Popular viene acompañada de una dispersión de la derecha, incluso el surgimiento de la extrema derecha. Podrían obtener representación parlamentaria regional por primera vez, con un escaño en Almería. No es de extrañar que sea por esta provincia, pues ya en 1980 fue la única que no cumplió los requisitos en el referéndum de la autonomía andaluza y tuvieron que ser los diputados andaluces en el Congreso quienes enmendaran esta decisión. Casi por primera vez la derecha divide su voto, tradicionalmente muy concentrado, entre varios partidos. Este fenómeno, que a la izquierda le lleva pasando desde el 78, ocasiona una fragmentación que en un sistema político como el andaluz con un partido dominante que mantiene su fuerza casi intacta no hace sino consolidar a este partido dominante. Por otro lado, la coalición entre Podemos e Izquierda Unida recoge parte del voto desencantado del PSOE sobre todo en la parte occidental (Huelva, Cádiz, Sevilla y Córdoba), mientras que ese voto desencantado opta por otras fuerzas en la parte más oriental (Málaga, Granada, Almería y Jaén).
Precisamente por esta asignación de escaños aseguraba esta mañana el Presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, José Félix Tezanos, que se había vuelto a este modelo en el que se pregunta el recuerdo de voto. No debe resultar sencillo estimar voto en un escenario donde la indecisión llega casi hasta el mismo momento de depositar la papeleta. El riesgo de fallar es muy alto. De ahí que se vaya a hacer cuando sea legalmente obligatorio, tal y como también ha anunciado Tezanos. No nos cansaremos de repetirlo: las encuestas no son sino “fotografías” del momento político en que se realizan y como tales pueden hacer que si sus protagonistas no se ven bien cambien cosas que les hagan estar mejor en la foto definitiva, en este caso las elecciones. Así que si los resultados no se calcan, miren más a los partidos políticos que a las encuestadoras. Ellos también hacen su trabajo.