Como dice, de forma magistral, mi compañero Ignacio Ruiz en su columna publicada en este mismo periódico: El eslogan “una sociedad sin información es una sociedad sin opinión” o “sin periodismo no hay democracia” ha desaparecido de las redacciones si es que queda alguna. Hoy, lo que importa es llevar en la bata de cola de la información no lunares, sino likes, la nueva moneda con que se paga a los judas del periodismo. Las grandes exclusivas se firman en Twitter o se suben en Instagram que es donde la falta de coherencia de esta sociedad se manifiesta de forma más notoria. Enseñar una teta o calumniar puede valer un millón de euros. Dar una información elaborada, contrastada y útil para la sociedad, ir a cobrar el paro”.
Y para muestra un botón. La Casa Real pide al Presidente del Gobierno que se quede junto a los Reyes durante la recepción del Día de la Hispanidad. Pedro Sánchez así lo hace, algo sale mal y al segundo le dicen que siga. Ante tamaña memez, la prensa nacional se pasa tres días con grandes titulares sobre tan soberana anécdota. En una recepción del Palacio Real, repleta de periodistas de todos los pelajes, presidentes autonómicos, Presidenta del Congreso, del Poder Judicial, el Consejo de Ministros al completo, los jefes de la oposición, Pablo Casado y Albert Rivera, el Alto Estado Mayor y las autoridades militares, donde el voltaje de las conversaciones da para tantos titulares de portada que a buen seguro interesarían a los españoles, la altura de nuestra prensa nacional, salvo honrosas excepciones, parece haberse quedado en el “mal paso” del Presidente.
Con un independentismo quemando Cataluña sobre el que Sánchez habló largo y tendido y expresó con detalle su plan para Cataluña: primero normalización y distensión; segundo oferta de soluciones políticas, atenuando el protagonismo judicial, tercero, el independentismo tendrá que votar, aunque solo sea para poder evaluar los apoyos para una mayor oferta de autogobierno. Pocos son los medios que han aprovechado para informar a fondo sobre ello, así como de otras noticias referentes a los PGE que hoy lunes van camino de Bruselas. A muchos medios les renta más quejarse de que el Jefe del Ejecutivo no da ruedas de prensa porque prefiere irse de gira por el mundo. Pero cuando habla, prefieren hacer oídos sordos y estrategias de distracción no vaya a ser que lo que dice interese a la ciudadanía.
Ahora que las mentiras se han puesto de moda, sacándose de la manga el anglicismo de fake news para despistar, es momento de reivindicar noticias veraces. Porque en definitiva lo que interesa a la gente es saber qué están haciendo nuestros gobernantes para que podamos todos vivir mejor y con más igualdad. No es cometido de los medios derrocar a un gobierno a base de cinismo, como parece que los grandes decanos se han propuesto. Para ejemplo de cinismo, el del flamante jefe de la oposición, Pablo Casado, exigiendo a Sánchez, o a la ex ministra Carmen Montón, unos trabajos académicos, cuando él no es capaz de demostrar si hizo o no el suyo propio. E incluso se permite pasar por alto con chulería manifiesta la consideración de la Audiencia Nacional que le acusa de haber recibido un “trato de favor” del chiringuito de la URJC, financiada con capital del PP madrileño, dedicado a regalar master a los dirigentes populares de la Comunidad de Madrid.
Una oposición que prefiere las fake news para desestabilizar el Estado, antes que arrimar el hombro por ejemplo para ayudar con el problema catalán. O que prefiere atizar en sus medios afines las cloacas del Estado, con el comisario encarcelado José Manuel Villarejo, premiado por los diferentes gobiernos, dedicado a espiar la vida privada de jueces, fiscales, políticos y hasta al Rey emérito, con grabaciones ilegales.
Claro que no nos gusta el lenguaje tabernario y machista de la entonces fiscal Dolores Delgado, hoy ministra de Justicia. Pero escandalizar al público porque haya compartido mesa y mantel con un comisario ya pasa todos los límites de la decencia. Cualquier periodista que se precie de serlo, sabe de sobra que los fiscales comen y chismorrean con los policías, letrados, jueces, funcionarios de prisiones, y hasta si me apuran, andan siempre cerca de los delincuentes, para sacar información de las cloacas entre chupito y chupito. Por tanto, no insulten nuestra inteligencia, no todo vale para derrocar a un gobierno legítimo.
Y es precisamente este periodismo depredador el que no solo no nos gusta, sino que está haciendo mucho daño a la sociedad. Y por eso hoy salimos a la calle, para dar una nueva voz a la ciudadanía que exige denuncia, sí, pero también decencia y veracidad en las informaciones. Vigilaremos de cerca a este y a cualquier otro gobierno para que la transparencia exigida sea la máxima. Por eso aplaudimos las dimisiones y creemos que ello no debilita a un Ejecutivo sino más bien, al contrario, lo hace fuerte.
En apenas cien días ya han dimitido dos ministros del nuevo Gobierno socialista. Carmen Montón, que se fue para dejar bien alto el listón de la transparencia y Maxim Huerta, cuyo asunto con Hacienda le obligó a dimitir. Estos episodios nos acercan más a las prácticas y exigencias de Europa. Con el astronauta y ministro de Ciencia, Tecnología y Universidades, Pedro Duque, la prensa depredadora de las fake news no ha podido. Hasta aquí hemos llegado. El gobierno empieza también a defenderse.