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Edición testing    26 de octubre de 2020

Política internacional

Los expertos advierten de la alarmante situación que presenta el continente europeo ante el aumento continuado de casos de coronavirus. Tanto la OMS como la ECDC manifestan que Europa puede estar ante un otoño aún más complicado que la pasada primavera, donde los picos de contagiados y muertos fueron más altos. Ello ha generado que algunos países, como Francia, Alemania, Bélgica, Italia y Francia, entre otros, hayan decidido tomar medidas más estrictas e incluso cerrar bares y zonas de ocio, como Stuttgart, Franfort, Colonia, París, Bruselas, etc. Al igual que se está haciendo aquí, en Madrid, Cataluña, Rioja, Galicia, Andalucía o Aragón, entre otras.

Los vicepresidentes no suelen realizar labores destacables en la política estadounidense, pero el contagio de coronavirus del actual presidente, Donald Trump, junto a la tardía edad y las inquietudes sobre la salud de su rival, Joe Biden, han concedido una mayor importancia al debate electoral que se celebrará esta misma noche entre los números dos.

Donald Trump es el presidente de Estados Unidos con más fortuna hasta la fecha, pero también el que menos impuestos sobre la renta ha pagado. Tanto en 2016, año que ganó las elecciones, como en 2017, ya asentado en la Casa Blanca, Trump pagó tan solo 750 dólares a Hacienda. Si esta cantidad parece escasa, ‘The New York Times’ ha revelado que el presidente no abonó ni un solo dólar durante al menos una década desde el año 2000. Este secreto ha sido destapado víspera del primer debate de Trump contra su rival demócrata Joe Biden.

Lenta y gradualmente crece el caos y la anarquía en Argentina sin que el gobierno kirchnerista reaccione ante las demandas provocadas por la crisis sanitaria y socioeconómica.

La dimisión del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, formalmente por motivos de salud, a finales de agosto, abre un nuevo frente de incertidumbre en Asia, en un momento de grandes zozobras por la inestabilidad en Hong-Kong, los efectos persistentes del coronavirus, la renovada hostilidad entre Pekín y Delhi, los planes de refuerzo militar de China en los archipiélagos marítimos en disputa y el empuje nacionalista en toda esta vasta región mundial.

Los demócratas abren una fría y distante Convención en medio del trauma nacional por el fracaso en contener el virus más globalizado de la historia, pero con el convencimiento de que están llamados a pilotar la mayor rectificación política desde el periodo de entreguerras.

Las causas de la horrible doble explosión en el puerto de Beirut, que causó la muerte de 160 personas, herido a miles más y privado de sus casas a centenares de miles, tardarán en esclarecerse, si es que alguna vez se llega a saber lo ocurrido. El almacenamiento fraudulento e incomprensible, durante años, de 2750 toneladas de nitrato de amonio, un compuesto altamente volátil, ha evidenciado la quiebra del Estado libanés: descontrol oficial, información deficiente, falta de seguridad básica y descoordinación de los servicios públicos.

El mundo se mueve al ritmo de la propagación del Coronavirus y del relato muchas veces alarmista de unos medios abonados al opiáceo del espectáculo catastrófico. El despotismo informativo hace que los asuntos perentorios desplacen a los necesarios análisis de fondo. El interés se centra prioritariamente en los avances del virus y en los esfuerzos por aislar/proteger/tranquilizar a la población. Los Estados tratan de buscar soluciones que refuercen el control de la infección con la preservación de las libertades y el sostenimiento del sistema productivo. Pero se habla mucho menos de las carencias de los sistemas sanitarios, como consecuencia de años y años de recortes.

La contestación interna demócrata por la Casa Blanca ha quedado despejada. Ni siquiera hizo falta el Supermartes para depurar la abultada lista inicial de candidatos. Cuando se abrieron las urnas en los 14 estados que reúnen una tercera parte de los delegados, algunos aspirantes ya se habían retirado (Buttigieg, Klobuchar, Steyer). La victoria, el sábado, del exvicepresidente Biden en Carolina del Sur confirmó su arraigo en el votante afroamericano moderado, por el influjo de Obama.

La dimisión diferida de la presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK para amigos, colegas y medios), y su renuncia a la candidatura para la Cancillería en 2021 ha abierto una crisis más en Alemania. Que podría no ser la última, si se quiebra la endeble GROKO (Gross Koalition) y se precipita el adelanto de las legislativas.

Su algoritmo, el de Trump, está programado para atacar y hablar de si mismo. De los más de once mil tweets que ha publicado estando en el gobierno (una media de once diarios), el 80% están escritos antes de las diez de la mañana (hora a la que comienza su agenda presidencial) y la cuarta parte de estos están escritos para alabarse a si mismo: “Soy vuestro presidente favorito”. ¡Y funciona! Un 37% de los votantes americanos no se plantean cambiar sus preferencias republicanas. ¿Para qué? La economía va bien y el impeachment ha sido una farsa montada por la oposición deshonesta, los dirty cops (los policías sucios), los vicius people (la gente viciosa). Todo es muy visual. La verdad es lo que yo digo que es la verdad, es su idiosincrasia.

En el norte de África parece haber llegado el tiempo de la resolución a las crisis que sacuden a esos países desde hace semanas, meses o años, según el caso. Tres son los escenarios que merecen especial atención inmediata: Argelia, Libia y el Sahara Occidental.

El régimen de los ayatollahs parece haber superado la última y hasta la fecha más amplia protesta social en sus cuarenta años de existencia. La pregunta es hasta cuándo podrá resistir el sistema el deterioro galopante de las condiciones de vida, el acoso exterior y el desgaste de su legitimidad.

Lo que no consiguió el informe Mueller lo ha puesto en marcha la denuncia anónima y en origen discreta de un miembro de los servicios de inteligencia. Si en el caso del Rusiagate no pareció encontrarse la pistola humeante, la prueba fatal que pusiera al turbulento presidente en el disparadero de su posible impeachment (destitución), en esta conexión ucraniana todo ha ido más rápido. Lo que no quiere decir que Trump tenga los meses contados, ni mucho menos. Pero ya no parece tan seguro el blindaje de la mayoría republicana en el Senado, que será, a la postre, el órgano de poder que decida la suerte del presidente.

Estados Unidos vuelve a estar en el ojo de un huracán innecesario en Oriente Medio, en esta ocasión en el Golfo Pérsico, epicentro del tráfico internacional de petróleo y otros derivados, aún esenciales para el funcionamiento de la economía mundial.