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Edición testing    12 de abril de 2021

política americana

Americanos, hace años os recibimos con alegría; os imitamos, aprendimos a cantar, a bailar y algunos hasta a hablar en inglés. En este nuevo siglo, estamos a punto de perder los últimos pelos de la dehesa. Ahora semos, como decía Ozores, más que europeos. Ahora semos más americanos que nunca. ¿Que no? A ver. Las derechas suben en las encuestas. Osease, que en España ya hay millones tan trumpistas como los senadores republicanos de América. Toma ya. Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío. Y viva España que es la que torea mejores "corrías", y que a moderna no le gana nadie porque sigue y seguirá siendo, con todo el orgullo de los españoles de verdá, el país de Don Pablo, el alcalde; el país de gloriosa memoria; el país de mi mare, de mi suegra y de mi tía.

“Una tierra prometida”, el primer volumen de las memorias de Barack Obama

Barack Obama fue un fenómeno político difícil de discutir y seguramente será también un fenómeno editorial jugosamente lucrativo. Las memorias del primer presidente afroamericano de la historia tienen asegurado uno de los primeros puestos en el ranking de best sellers de la temporada. Y con motivos. Había interés por conocer la autovaloración que el líder más mediático de Estados Unidos hacía de su ascenso y recorrido por la Casa Blanca. El resultado, como su presidencia, es agridulce.

El asalto al Capitolio representa la culminación del periodo más oscuro de la historia norteamericana desde la guerra de secesión (1860-1865). Ni siquiera el episodio del Watergate llegó a desnudar de forma tan visible las carencias, fracturas e inconsistencias del sistema político. El bochornoso espectáculo del 6 de enero en el edificio más emblemático de la democracia americana no es responsabilidad de un solo hombre, aunque sea el máximo dirigente del país, ni siquiera de su equipo más recalcitrante: la vergüenza arrastra a casi todo el liderazgo del partido republicano, cooperador necesario en el desastre.

Joe Biden disfruta de sus primeros días como vencedor de las elecciones, desde su casa-refugio en Wilmington, Delaware. Le llega muy mitigado el ruido del presidente caído, que agita su arma preferida (las mentiras: fraude o robo electoral) y rumia una venganza inútil y egotista. El vencedor se solaza con las celebraciones comprensibles de seguidores o de los neutrales que prefieren una vuelta a la antigua normalidad política. Tiempo habrá de analizar equipo, programas y estrategias del presidente electo. Hagamos hoy vista de pájaro.

Todo Estados Unidos está pendiente del recuento de todas las papeletas en cinco Estados donde aún no hay resultados definitivos. Ahí está la clave que resolverá quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Todo lo tiene de cara el candidato demócrata Joe Biden que está a punto de derrotar al actual presidente, el republicano Donald Trump. La esperada ‘ola azul’ que prometía arrasar con el ‘trumpismo’ se ha convertido en una lenta inundación pero que poco a poco va cubriendo al polémico multimillonario que ha presidido el país más poderoso del planeta durante los últimos cuatro años. El resultado final se sabrá en unas cuantas horas, a la espera de la batalla judicial que Trump ya ha puesto en marcha para aferrarse al poder.

Los estadounidenses eligen durante este martes 3 de noviembre quién será el inquilino de la Casa Blanca para los próximos cuatro años en una de las jornadas electorales más largas del mundo. Los colegios de la costa Este ya han abierto, pero aún quedan muchas horas por delante hasta que los últimos centros de votación de la costa Oeste cierren la maratoniana jornada. Las encuestas dan una clara ventaja al candidato demócrata, Joe Biden, sobre el actual presidente, el republicano Donald Trump, pero nadie da nada por seguro después de los vivido en 2016 cuando Hillary Clinton se quedó a las puertas de la presidencia. Alrededor de 80 millones de ciudadanos ya han ejercido su derecho al voto mediante por correo o por adelantado lo que prevé que la participación sea histórica, aunque es posible que esto retrase el resultado final. La mayor potencia económica del mundo decido hoy su futuro y, con ello, las relaciones con el resto de los países.

A dos meses exactos de las elecciones presidenciales, el ambiente político en Estados Unidos se enrarece por momentos. La crisis racial se agrava y amenaza con producir nuevos episodios de violencia y enfrentamiento social, la emergencia sanitaria está lejos de estar controlada, aunque parece disminuir en los últimos días (seis millones de casos y 183.000 muertos) y la perspectiva de una agria polémica sobre los resultados parece inevitable.

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