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Edición testing    27 de febrero de 2021

Oposición desleal

Ángel Viveros, alcalde de Coslada, ha remitido un informe de daños y pérdidas a la Delegación del Gobierno y al Ministerio del Interior para que se declare al municipio como zona gravemente afectada por el temporal “Filomena”. El informe no es aún definitivo pero se calculan pérdidas de millones de euros entre pequeños y grandes negocios y la paralización del polígono industrial de Coslada, uno de los centros logísticos más importantes de Europa. Asimismo, Viveros ha reprochado la actitud de la oposición del PP por intentar “ganar votos con la nieve”. Califica su actitud de “no solo reprobable, sino también desleal de cara tanto al Ayuntamiento, como a las vecinas y vecinos de Coslada que sí han arrimado el hombro”. Expresa la necesidad de que haya “responsabilidad y lealtad” y que dejen “de poner palos a las ruedas” en lugar de buscar soluciones conjuntas.

Se me agotan las palabras, es tal mi frustración e impotencia que no sé cómo expresar mis pensamientos. Siempre me he considerado una persona moderada tanto en mis comportamientos como en las ideas políticas que he defendido. He intentado huir a lo largo de mi vida de posicionamientos radicales o extremistas. No voy negar que perteneciendo a esa generación de españoles que nos hicimos adultos durante la Transición, no ha sido una empresa fácil. En los tiempos convulsos que atravesamos en el País Vasco durante el post franquismo, muchos jóvenes vascos pudimos ser presas fáciles de los radicalismos. Como decía Salvador Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica. En cierto modo es así, si de joven no quieres cambiar la sociedad es que ya has nacido viejo.

Al menos mientras no cambien los líderes de esta desgracia de oposición con la que nos castigan a más de la mitad de los españoles. Nada nos gustaría más a la mayoría de los españoles, tando de derechas, centro e izquierdas, señor Sánchez, que se cumpliera su empeño, que todos los líderes políticos de todos los grupos, desterraran el partidismo de la lucha contra la pandemia dado que es la mayor calamidad que está sufriendo el planeta en el último siglo y de ello dependen nuestras vidas. Sobre todo, por parte del que aspira a ser un estadista, o al menos un adversario honesto y leal cuando la ocasión, como es en el actual caso, así lo requiera. Pero me temo, observando el nivel y las maniobras barrio bajeras de algunos pseudo-políticos como Casado, Ayuso y por supuesto, el franquista Abascal y otros tantos, que su deseo, señor Presidente, va quedar solo en eso, en un anhelo inalcanzable.

"La guerra de mis antepasados" es el título de una novela de Miguel Delibes que sirve para describir la situación actual de la sociedad española, artificialmente unida a través de sus balcones, ventanas y gestos de solidaridad entre vecinos que, obligados por el encierro han vuelto a sonreír a unos compañeros de celda a quienes ignoraban hasta hace dos meses.

Ahora nos preguntamos cómo un país demócratico como España ha llegado a tener una oposición que arrasa todo lo que toca, miente sin disimulo y hasta cuando los hechos y las realidades les deberían abochornar, siguen mintiendo. Nos preguntamos cómo hemos llegado a tener una oposición tan poco sensible y humanitaria, que en plena pandemia mundial y con miles de muertos encima de la mesa, explota las imágenes de morgue y tragedia, y le molestan las imágenes de ayuda y esperanza para los españoles. Muchos lo vimos venir cuando, en contra de lo que se hacía en Europa, los líderes del PP y de Ciudadanos, se abrazaron a la extrema derecha de Vox y le dieron entrada en las instituciones y en los gobiernos regionales. De aquellos polvos estos lodos.

Malas noticas para la derecha. Ya se ve luz al final del túnel. Con ello, se les esfuma un poco más la esperanza de aprovechar la pandemia para derrocar al Gobierno. Tal como afirman los expertos parece que llegamos al pico y que las drásticas medidas de confinamiento empiezan a dar sus resultados. Esta pandemia tardará meses, si no años, en ser encarrilada y normalizada en nuestras vidas. Pero después de esto ya nada será igual. Los occidentales habremos pasado nuestro bautismo de sangre y fuego (en África y Asia ya lo hacen desde siempre). Pero aquí, en concreto en España, la sangre la han puesto nuestros mayores. Ellos han recibido la artillería masiva de un virus que se ha ensañado en la Tercera Edad, las Residencias y que a la vez ha convertido en héroes, y también en afectados, a aquellos que les atienden y ofrecen una mano mientras mueren.
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