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Edición testing    25 de febrero de 2021

Lucia Otones

Desastre, despropósito, discriminación, desatención, deficiente,… Estos son algunos de los sustantivos y adjetivos que los habitantes del medio rural emplean últimamente en Castilla y León cuando se les pregunta por el sistema de Atención Primaria (y solo he seleccionado los que empiezan por ‘d’). Los vecinos y vecinas de las poblaciones más pequeñas se sienten abandonados por la Administración autonómica, competente en materia sanitaria. Desde que se decretara el estado de alarma, los consultorios rurales permanecen cerrados, por mucho que la consejera de Sanidad insista en lo contrario. Ahora, con el otoño recién inaugurado, anuncian reaperturas de forma progresiva. Veremos cuáles, en qué condiciones y quién asume los gastos que conllevará garantizar las medidas sanitarias en estos espacios.

Uno de Mayo… Vamos camino de los 50 días de cuarentena. A las ocho, como cada día, con la ilusión intacta por lo bonito del gesto, salimos mi pareja, mi hijo y yo a aplaudir a nuestra ventana. Suena el reloj de la torre de la iglesia de nuestro pueblo. “Son las ocho”, exclama uno de mis vecinos, que es el que cada tarde nos da el aviso. Hemos chocado nuestras manos un par de veces cuando otra de mis vecinas, asidua a los aplausos desde el primer día, nos dice que han dicho que ya no hay que aplaudir.

“Esto ya los hemos vivido”, escuché hace un par de años a una señora que rondaría los 80 en un pueblo de Castilla. Y tenía razón. Debatíamos sobre cómo el mundo rural vuelve a vaciarse, igual que ya ocurriera, fundamentalmente, en las décadas de los 50 y los 60. “La gente, sobre todo los jóvenes, se van donde hay trabajo y aquí tenemos poco que ofrecer”, reflexionaba con pena esta mujer. Por desgracia hoy, en pleno siglo XXI, en un mundo aparentemente digitalizado, el mundo rural vuelve a desangrarse.

Corría el año 2003 cuando Icíar Bollaín nos presentó a Pilar, la protagonista de la película Te doy mis ojos. Recuerdo que al salir del cine tuve que sentarme en un banco cercano y reflexionar sobre lo que acaban de ver los míos. A partir de entonces fui realmente consciente de la ansiedad, el dolor, la angustia, la impotencia y la rabia que pueden llegar a sentir las mujeres que se encuentran en esta situación, la muestra más cruel de la desigualdad que aún persiste entre el género masculino y el femenino.

Reconocer la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural. Con este objetivo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaraba el 15 de octubre como el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Uno más, como el Día Internacional de la Mujer trabajadora o el Día Internacional contra la violencia de género, para demostrar que nuestro sexo sigue sufriendo discriminación, silencio, violencia, oscuridad… por el mero hecho de serlo.
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