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Edición testing    23 de septiembre de 2020

José María Aznar

Casado lleva dos años siendo rehén de la extrema derecha y a día de hoy, también se ha vuelto rehén de la corrupción de su partido. Hace unos pocos años, algunos politólogos, opinadores y comunicadores a sueldo, afirmaban taxativamente, que la histórica división ideológica entre izquierdas y derechas había pasado a mejor vida en nuestro panorama político. "Nuevos líderes” como Pablo Iglesias y Albert Rivera, que intentaban por cualquier medio hacerse un hueco entre los dos formaciones que se alternaron en el Gobierno de España desde 1982, abrazaron por puro tacticismo este nuevo dogma político que negaba la existencia de esos dos bandos opuestos. Hoy sin embargo, tenemos dos grandes bloques y Vox. Y hoy, también sabemos que España necesita una Oposición leal y responsable para reconstruirse tras la pandemia. Pero el líder del principal partido de la Oposición, Pablo Casado, ya no sólo es rehén de la ultraderecha, también lo es de la corrupción de su partido. No en vano fue jefe de Gabinete de Aznar y estaba en primera línea del partido durante los casos de Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, y ahora Kitchen, entre otros.

España en los últimos 43 años ha ido evolucionando y madurando en su calidad democrática, subiendo puestos y colocándose a la vanguardia en materia de democracia, libertad, igualdad y Estado de Derecho. Así, hasta 2019 nuestro país ocupaba el lugar número 19 de una lista de 165 países que integran el Democracy Index, la clasificación anual elaborada por The Economist Intelligence Unit (EIU). Este organismo nos situaba como una de las 20 democracias plenas del mundo y, al menos hasta el año pasado, nos colocaba por encima de países con sistemas democráticos muy consolidados como por ejemplo Francia o Italia. En la actualidad, y viendo cómo la derecha y la extrema derecha no asumen ni respetan el Gobierno legítimo emanado de las urnas, concluimos que la Democracia española está en serio peligro de involución.

La leyenda del deporte del atletismo, Bernardino Lombao, ha fallecido a los 81 años de edad. A parte de ser conocido como el preparador físico del ex Presidente del Gobierno José María Aznar, también jugó en el Atlético de Madrid de balonmano.

Ante una pregunta de La hora Digital y la respuesta perfectamente lógica y clara del general de la Guardia Civil (hablando siempre en el contexto de combatir bulos perniciosos) , la derecha y la ultra ya quieren montar otra vez crispación y un golpe de Estado pidiendo de nuevo un gobierno de salvación nacional. Es lo que piden todos los días, cualquier excusa les sirve.

Todo les vale para deteriorar al Gobierno y justificar que, en lugar de ayudar en la peor crisis de todos los tiempos, la derecha y la ultra derecha se dedican a crear y difundir excusas, bulos, y hasta a justificar un golpe de Estado. Abascal lleva desde el inicio de la pandemia pidiendo que el Gobierno de Sánchez dimita en pleno para crear un Gobierno de Salvación nacional, eso en román paladino tiene un nombre que recuerda mucho a aquel 23F con el ruido de los sables. Casado no sólo no arrima el hombro sino que día si y día también, amarga a la población poniendo el foco en los muertos, como si le fuera el cargo en ello, en lugar de ayudar a los vivos a seguir viviendo. Y ahora, ante una pregunta de La Hora Digital sobre un bulo grotesco y hasta grosero -difunde la derecha en redes que el Ejército nos va a fumigar desde aviones a las personas- el general de la Guardia Civil, Jose Manuel Santiago, con su pulcra transparencia y mejor intención contesta que es completamente falso y que : “Estamos trabajando para atajar todos los bulos por un lado y para minimizar, por otro lado, las criticas [originadas por esos bulos se sobreentiende perfectamente] a la gestión del Gobierno”.

Los actuales lodos que embarran la política española proceden de los polvos que durante años han diseminado los vientos quien aspira a ser el nuevo Jefe del Estado, con o sin Corona, con o sin República. Me refiero a José María Aznar, un político que ha inoculado en el Partido Popular y en todas las facciones del derecha española el virus de la destrucción. Para el ex presidente español, la política no es el arte de lo posible sino una maquinaria de destruir Estados para lograr el poder. Sus rivales democráticos son enemigos a los que no hay que vencer en las urnas, sino destruir y enterrar.

El día 1 de junio del pasado año, pocos días después de las elecciones municipales y autonómicas de finales de mayo, analizaba en este periódico los resultados electorales del 28-M y hacía una dura crítica a la situación de la Federación Socialista Madrileña y a la elección de los candidatos al Ayuntamiento y a la Comunidad, Pepu Hernández y Ángel Gabilondo, incapaces de obtener unos resultados que impidieran la llegada de VOX a las instituciones madrileñas y así crear un tripartito con PP y Ciudadanos. El análisis no cayó muy bien entre la cúpula del socialismo madrileño. Criticar de forma abierta a Gabilondo y al amigo baloncestista de Pedro Sánchez era un tabú. Apoyados en este silencio, Martínez Almeyda y Díaz Ayuso, dos marionetas que carecen de personalidad para convertir la política en un arte al servicio de los ciudadanos, se han crecido ante la parálisis de los dos líderes, es un decir, del socialismo madrileño.

Políticos de nuevo cuño y poca experiencia vienen afirmando en los últimos cinco años que la división entre la derecha y la izquierda no tiene ya razón de ser en España ni en el mundo. Se trata de una intencionada confusión mental. Hoy, las clases trabajadoras están en un proceso de explotación creciente que creímos superado durante las décadas de los ochenta, noventa y primeros años dos mil. Concretamente, los gobiernos conservadores de Aznar y Rajoy, se encargaron de retroceder notablemente los logros laborales y derechos civiles adquiridos tras la muerte del dictador, y que con tanto ahinco trajeron los gobiernos socialistas de González y Zapatero. Una gran parte de la llamada clase media, de los noventa, ha visto como se convertía en "clase pobre", o en trabajadores que no llegan a fin de mes, excluidos sociales en paro y sin prestaciones. Al tiempo que el poder y la riqueza se acumulaba en las élites, defendidas por los partidos de la derecha. Hoy más que nunca, la ciudadanía debe saber que los autodenominados partidos de centro, Ucd, Cds, UpyD, o más reciente Ciudadanos, incluso de centro derecha, PP, han acabado arrastrados por las políticas de la extrema derecha racista, xenófoba, homófoba. Aquí intentamos explicarlo.

“A mi mirándome a la cara nadie me habla de derechita cobarde”. No señor Aznar, a usted que fue capaz de conseguir unos abdominales envidiables, donde sólo había flacidez. A usted que hizo de sí mismo "uno de los grandes protagonistas de la historia" -según su propia versión claro-. Que le metieron a la cárcel a doce de sus catorce ministros del "milagro español". Que nos llevó "heroicamente" a la Guerra de Irak, que ensalzó a "ese chico lleno de cualidades", Santiago Abascal, y que pretende reencarnar su "mando en plaza" a través del retoño Pablo Casado ¿quien le va a acusar de cobardica?

Hay momentos en la historia de la humanidad en que parece desatarse una epidemia de locura. Psicólogos y sociólogos achacan el fenómeno a las crisis que afectan a los sufridos componentes rasos de la sociedad. Cientificistas aquejados de pesimismo afirman que la humanidad se dirige a su destrucción impelida por el destino inexorable que exterminó a los dinosaurios. Uno que no descarte otras realidades podría creer que, un buen día, unos dioses burlones decidieron paliar su aburrimiento privando a los mortales del recto uso de su razón. La causa puede ser cualquier cosa, pero es lo de menos cuando las consecuencias de la chifladura universal amenazan conducir a todos a la ruina; la ruina intelectual, moral y, lo que más importa, económica.

El ex presidente del Gobierno, Jose María Aznar, vuelve a pedir el voto para su partido después de su acercamiento a Ciudadanos y sus elogios al líder de la extrema derecha española. Tras la época 'moderada' de Rajoy, ahora el PP vuelve a manos de la parte más conservadora del partido, liderados por Pablo Casado, a quién José María Aznar ha dado su bendición tal y como hizo con él Manuel Fraga hace 30 años "sin tutelas ni 'tutías'". La convención nacional del PP que, dicen, ha servido para rearmar ideológicamente el partido, no es más que la vuelta al aznarismo mientras se olvida el liderazgo de la etapa de Rajoy que también participó en el evento el pasado viernes. Ahora todos encumbran a Casado y su discurso nacionalista y conservador radical que pretenden llevar a todas las instituciones de la mano de las otras dos derechas, la liberal y la extrema.

Por Concha Minguela

A vueltas con la prisión permanente revisable. O lo que es lo mismo, los monstruos que la sociedad crea, que la sociedad los meta en un cajón o directamente que los mate. Creará otros nuevos y pronto no tendremos cajones donde guardarlos a todos de por vida. Prevenir y tratar las causas, tratar al delincuente, darle calificación y tratamiento penitenciario reinsercitivo, y sobre todo, que es lo que ahora mismo está faltando crear "políticas de control y vigilancia permanente para estos criminales sexuales y medidas inmediatas de protección para las mujeres y para la sociedad en general", como anunció de forma sosegada pero contundente y pedagógica la vicepresidenta del Gobierno, Camen Calvo este martes en la sesión de control.

El presidente de la formación conservadora, que ha compartido mesa de diálogo con José María Aznar durante la presentación del último libro del presidente, ha reunido a buena parte de ex ministros como Esperanza Aguirre, Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja o José María Michavila.
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