lahoradigital.com

Entrevista a Cinthia Takanashi, superviviente de violencia de género, del sistema prostituyente y presentadora del programa Las Uñas

“El patriarcado es el padre enrollado que se va de putas con mujeres que pueden ser su hija”
Ampliar

“El patriarcado es el padre enrollado que se va de putas con mujeres que pueden ser su hija”

miércoles 07 de abril de 2021, 10:52h

Cuando la vida te hace bajar una y otra vez a los infiernos te rompe a pedazos la dignidad. Cinthia Takanashi lo sabe bien. Ha vivido en varios avernos que la han enfrentado con el dolor y la angustia a más no poder. Conoció los abusos sexuales que su abuelo le hacía a su madre cuando era una niña, tuvo dos relaciones de malos tratos durante su juventud y fue víctima de la prostitución. Un pasado que la ha hecho sentirse “despreciable demasiadas veces”, reconoce.

Ahora, rescatada de sí misma, recoge cada día los pedacitos de su vida para pegarlos. “Aún estoy curando todas esas heridas”. Aquella joven vulnerable se ha convertido en una superviviente. En una mujer que se mira al espejo y refleja fuerza a pesar de los miedos que siguen en ella. El feminismo, como a tantas otras, le ha salvado del vacío. También lo ha hecho tener una pareja como se merece y experimentar la maternidad. A punto de ser madre por segunda vez reconoce que la vida ya no le genera tanta aprensión. “Ahora me reconozco”.

Cinthia Takanashi es la revolución en persona. Ella directa, casi atropellándose a sí misma cuando habla de tanto que lleva por dentro y quiere contar, ha tenido la valentía de ir a la raíz de su dolor, para quitarse la culpa de encima y dejar de vivir la vida mojada en lágrimas negras y silencios que se le clavaban en lo más profundo.

Por eso cada post que escribe, cada directo que hace en Instagram o cada programa de Las Uñas que presenta en televisión, es un ejercicio curativo que la devuelve al kilómetro cero de sí misma. Pero no solo. Hablar y explicar que “el mundo es pura opresión para las mujeres” hace que sea una referente más que necesaria tanto para quienes ya la siguen como para quienes cada día encuentran en ella las respuestas a la misma pregunta.

Esta reconocida feminista abolicionista no piensa callar ante nada y mucho menos ante un mundo que pone en venta a las mujeres como si nada. “Siento la necesidad y la responsabilidad de decir que la prostitución nada tiene que ver con la libertad. Llegar a esta conclusión no es fácil porque hasta que no abres los ojos piensas que es un trabajo más. En mi caso lo hacía como acto de supervivencia. Me decía a mí misma que no tenía implicación en mi vida ni me podía afectar. Pero nada de esto es cierto. Las putas lo hacemos desde la supervivencia mientras que el resto del sistema se aprovecha de nuestra vulnerabilidad y precariedad”, afirma.

Señalar al putero

Por eso para Cinthia “el intento de blanqueamiento que viene de las pocas privilegiadas que dicen hacerlo en libertad, pero que en el fondo están igual de forzadas, o de medios de comunicación masivos como Freeda, no puede convertirse en el discurso comprado por todos. Cuando dices que eres puta porque lo eliges y que eso te empodera, no es cierto”.

Takanashi se creía libre también hasta que comprobó que todo era pura autodefensa. “Yo tenía un límite que estaba en el sexo anal. Ese límite cuando empiezas te parece real, pero como humo se evapora cuando vas a hacer un trio o un putero te pide hacer eso o cualquier otra cosa aún peor. El mundo de la prostitución te hace vivir traumas, saltar límites. Quien diga que no los traspasa solo miente. Estoy harta de escuchar a quienes dan espacio a las mujeres que dicen que puta es sinónimo de libertad. Si es algo es la libre ilusión para soportar de todo y no criminalizar a quien se tiene que criminalizar, al putero. Estoy harta de que entendamos que cuando se trabaja en un McDonalds se habla de un trabajo precario que se hace por necesidad, pero ser puta no sea entendido de igual manera”.

La estafa de la prostitución

Y es que tal y como destaca Chintia, llevar a cuestas tanta opresión duele demasiado. “Mi pasado marca mi presente. Lo que soy hoy es el resultado de lo que fui en mi pasado. Haber sido puta te marca no solo en las relaciones sexuales, también en la autoestima. Me validaba a través del sexo y me sentía insignificante. Cuando abrí los ojos y dejé de comprar el discurso de la puta feliz recibí mucho odio porque me posicioné contra la estafa de la prostitución como trabajo que había defendido. Muchas putas a las que seguía y daba voz me dijeron que era una vendida. Sin embargo, todo el amor que recibí, todas las respuestas en las redes sociales, me compensaron con creces”.

La presentadora recalca cómo las mujeres “somos educadas para complacer y no alzar la voz. Tenemos que callar. Por eso justificas a otras mujeres. Te dices ¿cómo voy a cuestionar o herir a otra mujer? Cuando dejas de hacerlo te das cuenta de cómo funciona todo. Se nos pide que seamos moderadas y no le demos tantas vueltas a las cosas. Esta misma frase la recibo muchas veces en comentarios en mis publicaciones cuando expongo la realidad del reparto de los cuidados, la mierda utópica de conciliación que hay en España, la opresión que sufrimos las mujeres en la calle, en el trabajo y en nuestra propia casa, con nuestra propia familia.
Yo seguí el rebaño de lo aparentemente feminista hasta que me salí de él”.

La depresión postparto, el punto de inflexión

Dar el paso de abandonar el discurso proxeneta para abrazarse al abolicionista tuvo un antes y un después. “Fue a raíz de la depresión posparto de mi hija. Ahí abrí la caja de Pandora y recordé cómo mi madre también me tuvo muy joven y la forma de criarme, los abusos que sufrió por parte de su padre. Me daba miedo repetir esos patrones con ella. El impacto era tal que tengo que decir avergonzada, que los primeros meses de vida de mi niña, no soportaba que Darío (su pareja) la bañase. Pensaba en los abusos de mi madre. No podía evitar pensar en ello cada vez que llegaba el momento del baño”.

Su depresión postparto le duró muchos meses, tantos que se le hicieron eternos. “Odiaba mi cuerpo. Recuerdo un día un señor me preguntó que de cuánto tiempo estaba y me destrozó. Esa misma noche lloré con mis padres y con Darío en la mesa del salón de la casa de campo que habíamos alquilado y les dije que estaba muy mal, que no quería seguir así.
Sentía pena por mi hija por haber llegado al mundo con una madre como yo. Lo recuerdo y se me saltan las lágrimas por lo profundamente injusta que era conmigo misma”, recuerda.

Con la terapia se ha relajado y ha entendido que lo que le pasó a su madre no tiene porqué volver a pasar con su hija. O quizá sí. “Si mi hija sufriera un abuso sexual infantil la diferencia es que ahora tengo las herramientas con las que defenderla y defenderme de ello”. Porque Cinthia sabe que los abusadores, como los maltratadores o los puteros pueden ser cualquiera. “Ningún hombre tiene en su cara un cartel que ponga lo que es, pero sus actos son los que le definen”.

El patriarcado que no se deshace

Y pone el ejemplo de Luis, un putero que conoció cuando tenía 18 años y él 50 y que la sacó del primer prostíbulo en el que estuvo. “Le tenía tan idealizado por sacarme de allí que hasta no pensaba que fuera un putero. Le excusaba. Entonces él tenía una hija de mi edad. Vivimos en una sociedad en la que el patriarcado es el padre enrollado que se va de putas con mujeres que pueden ser su hija y no pasa nada”.

Preguntada sobre la serie Sky Rojo, responde que no le gusta “por el cliché que vende”. Y es que, aunque se alegra de cómo “ha conseguido abrir los ojos a muchísimas personas y hacerlas replantearse que la prostitución no tiene nada que ver con lo bonito por la que se la pretende hacer pasar”, al mismo tiempo “hace pensar que hay dos tipos de prostitución: la mala, que es cuando hay un sistema de captación que te trae de otro país y te explota, y la buena en donde por no haber este sistema no es problemática. Sin embargo, al sistema prostituyente no le hace falta ponerte una pistola tras la cabeza para amenazarte. Te ata con unas cadenas que son invisibles”.

Si bien la serie de Netflix no le convence la docuserie sobre Rocío Carrasco le encanta. “Desde el feminismo necesitamos reivindicar historias que rompan con la imagen de la violencia machista que está en el imaginario colectivo. Como la del maltratador que llega borracho a casa y de la paliza que le da a la mujer la manda al hospital. La historia de Rocío habla del maltrato psicológico (aunque también físico) sin caer en el estereotipo. Es pura verdad. Por eso su testimonio ha servido para que aumenten las llamadas al 016 o a las asociaciones para pedir ayuda. Las mujeres se sienten identificadas con ella. Necesitamos ver esas historias”, afirma.

Otro de los frentes que Cinthia tiene abiertos es contra el discurso queer. “La inclusión no puede ser sinónimo de opresión. El género no es un derecho y que con todo lo que he pasado en mi vida por nacer mujer ahora no pueda hablar como mujer no voy a consentirlo. ¡Por nacer y ser mujer he acabado siendo puta, teniendo una tienda de uñas que después de poner toda la ilusión tuvimos que cerrar y en mi pareja la única que pensó en meterse a puta nuevamente para salvar la situación fui yo!”.

Por eso señala a un ministerio y a su ministra como colaboradoras natas del lobby generista. “Está haciendo más por la agenda LGTBI que por las propias mujeres. Es inaceptable y la ministra tiene una cara de cemento. Solo veo género por aquí y por allá, pero nada de políticas que defiendan a las mujeres”.

Tampoco se corta en mencionar el mantra que se repite sin cesar de que las trans son mujeres. “Mi peak trans ha sido precisamente por las mujeres transexuales, porque invisibilizar su transición a mujeres trans invisibiliza su lucha como transexuales”.

Una “matriactivista” con todas las ganas del mundo

Ahora, embarazada de su segunda criatura está llevando esta nueva experiencia mucho mejor que la primera. Y lo hace porque como le dice su psicóloga reconoce los logros conseguidos. “Desde sacarme el carné de conducir, a salir de la prostitución o recuperarme de la depresión postparto. He roto las cadenas invisibles que la gente no ve pero que te marcan. La valentía que se ha de tener para romper con eso no lo sabe nadie y ahora soy yo la que tiene las riendas de la vida. A quien no le guste cómo soy me da igual. Las mujeres estamos hasta el coño de estar hasta el coño, de hacer pedagogía. Yo soy tal y como se me ve”.

Y es que como escribía recientemente en un post, la mayor revolución en cualquier mujer es alzar la voz. “Nunca se ha combatido una opresión siendo moderada. Desde los ladrillos en Stonewall a las plazas principales de un país donde se escucha el violador eres tú coreado por miles de mujeres de distintas generaciones: en la lucha contra la opresión no hay moderación. Y es por ello que conviene llamarnos histéricas. Así́ nos llaman cuando nos salimos del molde, interrumpimos a un hombre, no dejamos que nos roce con las piernas en el metro, alzamos la voz contra los suelos pegajosos y los techos de cristal, señalamos a quien nos acosa sexualmente en la calle o cuando reclamamos que la igualdad de derechos no solo sea una realidad escrita, sino que se lleve a la práctica”.

Mientras que llega el momento de dar a luz nuevamente a Cinthia le urge ser también una voz en el matriactivismo y denunciar la violencia obstétrica. “Es necesario acabar con ella porque está tatuada en el discurso médico y muy normalizada en los hospitales. En la pandemia ha quedado de manifiesto que los hospitales son un caldo de cultivo para la violencia obstétrica y ha demostrado la fragilidad de los derechos de las mujeres y sus criaturas. Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer que en nada respeta la decisión de las mujeres. Muchos de los problemas de la salud mental vienen de ahí. Si queremos esperanza tenemos que tratar bien a las personas cuando vengan al mundo y cuidar a las mujeres durante el embarazo y cuando paran”.

Por eso a ella no le importa que le digan que está monotemática y que desde que fue madre solo hable de cosas de madre. “¡Cómo no iba a hacerlo, pues ser madre para mí no consiste solo en tener hijos, si no en la profunda transformación que atraviesa una mujer convirtiéndose en una diosa! Al ver que sonríe siento miles de pedacitos en mi interior recomponiéndose. Minerva es sanadora. Es, como su nombre indica, una auténtica diosa. Eso es familia: el espacio que hemos creado donde se escuchan, se validan y se disfrutan las emociones. La maternidad es la oportunidad de cambiar el mundo”, finaliza.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios