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Del mal trato y su metástasis

Del mal trato y su metástasis

domingo 28 de marzo de 2021, 11:28h
Te rasga las vestiduras, te pega, te viola cuando le place, o - lo que es peor -, no hace nada de eso y afila la palabra cual puñal invisible que raja tus vísceras día tras día: "nadie te creerá nunca, yo no te pego, no tienes una sola señal que mostrar, desgraciada, inútil, buena para nada, analfabeta, guarra, puta"…

Abre puertas de armarios cuando tú estás de espaldas, sabiendo que al darte la vuelta te golpearás con ellas, y entonces se ríe para insultarte de nuevo porque eres una despistada que no se entera y esa herida no es suya, te la has hecho tú sola por imbécil, porque estás loca.

Esconde objetos domésticos fundamentales, como las llaves, tarjetas de crédito cuyas claves cambia él cuando le da la gana para que te quedes sin dinero por tu culpa, tu santísima culpa, porque no estás bien de la cabeza. Y un día cualquiera buscas el cinturón de seguridad en la butaca del cine, intentas abrir la puerta con la VISA, llegas al despacho con el delantal de la cocina bajo tu abrigo y te das cuenta de que has paseado por toda la ciudad una gran bolsa de basura: la de tu propia casa, olvidando tirarla al container de enfrente. Y piensas que la culpa es tuya porque eres muy imperfecta, y hasta que tiene razón, porque te falta paciencia, pobre hombre.

Ninguna mujer elige a un maltratador, no los verás venir ni de lejos, son los más galantes, simpáticos, generosos y románticos, los reyes de todas las fiestas, los más divertidos e inteligentes. Sus acciones son lentas y espaciadas, poquito a poco, como la dosis de cualquier veneno que te acaba matando y bebes voluntariamente creyendo que es agua bendita porque él te la pone en los labios tras haberte besado con una pasión extrema.

Empieza a humillarte en público, te manda callar, se burla de tus opiniones al tiempo que coloca su mano en tu hombro, y en esa mescolanza infame de cariño y desprecio perderás la razón con una calma idéntica a la suya, creyendo que eres su alma gemela y la mujer de su vida.

Lo tuyo ya no cuenta porque ya no eres nadie, vives por él y para él, tiemblas cuando aparece, comprobando que todo esté en orden por miedo a que estalle una vez más, borracho o sobrio. Y te callas. No lo cuentas porque te da mucha vergüenza, y ni se te pasa por la cabeza denunciar porque tiene razón: no existe una sola señal física de maltrato, nadie te va a creer. Jamás.

Cuando la gente pregunta por tu mal aspecto dices que tienes la gripe o que no has dormido bien, y en lo último no mientes, porque el insomnio apareció hace mucho y con él unas ojeras mayores que los propios ojos: tu mirada es una gran bolsa violeta donde descansan las lágrimas que ya no derramas, porque te has quedado seca.

Lloras mientras él ronca, miras su espalda, te repugna, hueles a esa especie de macho degenerado que ha podido contigo y piensas en separarte, aunque te quedes en la calle: separarte o morir.

Tus hijos te reprocharán que estás siempre cansada, sin ganas de nada, mientras se divierten con él en parques de atracciones, restaurantes y demás; concediendo todos los caprichos que acabarás pagando tú: ¡qué padrazo, qué hombre, ¡cómo se desvive por ellos!

Eres tonta, inútil, fea, ya no te arreglas, das asco. "¡mamá es una amargada!", "¡mamá está enferma!"…Sabiendo que no existe final y te has convertido hace mucho en la última colilla de su cenicero, piensas en quitarte la vida, y ese pensamiento recurrente ya no te dejará en paz. Caminas sobre una nube blanca, inmersa en un silencio olvidado, y eres feliz en sueños.

"Está loca, ha intentado suicidarse, la han ingresado en un psiquiátrico".

Por todas las mujeres maltratadas psicológicamente que no lo pueden demostrar excepto con su propio testimonio. Por todas las que no son creídas ni en su entorno ni en los juzgados. Por todas las no reconocidas como víctimas de violencia de género. Por las muertas y las vivas. El maltrato tiene metástasis: se encuentra en tu círculo de supuestos amigos, en tu familia, en la de él, e incluso en tus propios hijos: "Pero ¿de verdad quieres meter al pobre papá en la cárcel?"

Hermana: Yo sí te creo.

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