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Feminismo con Memoria, Lastra, Calvo y Sanchez con Anabel Alonso y las Towanda Rebels
Feminismo con Memoria, Lastra, Calvo y Sanchez con Anabel Alonso y las Towanda Rebels (Foto: Psoe)

Mascarillas violetas en un 8 de Marzo global

lunes 08 de marzo de 2021, 14:40h
¿Todo ha cambiado?,,, nada ha cambiado, nos siguen asesinando, violando, discriminando, pero... ya nada sera igual. Abordamos una nueva crisis mundial de precariedad, de mascarillas violetas como unidad de acción feminista internacional, pero tras el estancamiento nada nos parará, porque nunca olvidaremos que el movimiento feminista dio la vuelta al mundo poniendo en el centro su agenda global. Un movimiento maduro, descentralizado e independiente de emergencia social que provoca la intervención de gobiernos sin éxito, porque ningún retroceso en los derechos conquistados verá la luz en nombre de una crisis. En la pandemia de las mascarillas violetas la resistencia a la ola machista será viral, contra el germen del androcentrismo y el control social de las mujeres.

En la crisis de la mascarilla hemos aprendido que todo poder de emergencia que restringa el movimiento y la reunión con justificación o no, afecta a la población más vulnerable y en particular a las mujeres, que es imprescindible la igualdad de acceso a la información y la comunicación, no solo porque la organización internacional Marcha de las Mujeres 2021 proponga el formato virtual, sobre todo para que no se silencie la voz de quien exige sus derechos cuando el distanciamiento social, y el veto a la identidad personal de la mascarilla, es más patente que nunca.

Hemos constatado la invisibilidad tras el velo de las mujeres de Oriente Medio, que ahora también es el nuestro, las confinadas toda su vida por represión patriarcal o falta de accesibilidad, la viral desigualdad y violencia de género en los hogares con toda la impunidad del confinamiento (algo habitual con o sin crisis que escondían las cortinas), la gala mundial del negacionismo sobre la violencia machista de la ultraderecha frente a los “regalismos” internacionales, la violencia racista y la aporofobia como plus, que se ceba en los campos acotados con las refugiadas, las migrantes y apátridas con el cierre de las fronteras cuando migrar es un derecho y también no migrar, y con las sin hogar, la falta de espacios de intimidad y de seguridad cuando los feminicidios, ejemplo América Latina, se disparan, que la industria de la explotación sexual se alimenta de las crisis con víctimas del machismo confinadas en prostíbulos, y es que lo personal es más político de lo que preveíamos.

Ahí está la crisis sistémica total de la economía de cuidados a la hora de proteger la vida, la interdependencia para la supervivencia, la importancia de lo público frente a la economía especulativa, y el trabajo de la salud, desempeñado en su mayoría por mujeres, así como la necesidad de la corresponsabilidad en los trabajos domésticos y de cuidados, “tareas” que en toda crisis es colchón ante la insuficiencia de un Estado del Bienestar superado hoy por la pandemia, la pérdida de empleos e ingresos, y el cierre de las escuelas, recayendo siempre en las espaldas de la mujeres con deterioro de su propia vida, como proveedoras en una economía no remunerada de responsabilidad desigual que conlleva a la pérdida de sus propios ingresos, lo que acentúa su dependencia respeto de los hombres, apunte y seguido es la merma de la salud materna, la pobreza incluso menstrual, y al aumento de las tasas de mortalidad infantil en muchos territorios sin cobertura sanitaria ni asistencial. Hemos aprendido que las dificultades de acceso a las ciudades y recursos, la inseguridad alimentaria, las colas del hambre y la pobreza energética, tienen lugar en cualquier parte del mundo, como la carencia de servicios para la atención médica, una salud sexual y reproductiva no sesgada, y la violencia machista.

Pero también hemos descubierto la ola de sororidad entre las mujeres, una unidad de acción feminista de primera línea, multitud de redes solidarias de mujeres comunitarias, vecinales, de asociaciones y plataformas feministas. Ahora toca despojarse de la mascarilla precisamente en un año en que todo falta menos las venta de las mismas, y reinventar el feminismo.

La comunidad internacional no está logrando la igualdad entre mujeres y hombres, menos aún con el impacto diferencial, y ahora el sistema se desquebraja, se hace necesaria una Alianza feminista global por los derechos de las mujeres, porque las medidas anti COVID-19 de los Estados no puede seguir soportándose en la gestión de una economía de género, a la deriva de las demandas y ofertas de lo productivo y reproductivo no neutras. Hay que reorganizar y distribuir los trabajos entre el Estado, el mercado y dentro de las familias, y acometer la distribución de beneficios mediante una economía feminista, en un espacio unitario que construya el feminismo de transición, exigiendo un acceso universal al trabajo y a la salud post pandemia no mercantilista, erradicando de una vez por todas la explotación laboral, sexual y reproductiva de las mujeres, que con las medidas de aislamiento social ha encontrado un nicho de consolidación sin precedentes.

El futuro no puede volver a la “normal normalidad” de siempre, la alianza del patriarcado contra la representatividad de las mujeres. El movimiento feminista tiene ahora la oportunidad de nuevos pactos entre mujeres contra las desigualdades, hay que acabar con la brecha digital (y no solo salarial tras la reducción de las actividades económicas post confinamiento, que no es poco), porque la crisis marcó la prioridad tras la evidencia de la importancia del trabajo de cuidados en los hogares, que vuelve a señalar a la mujeres su lugar sin corresponsabilidad, esta vez en nombre del reconocimiento del trabajo de cuidado y reproductivo como un derecho, y donde la tecnología se ha impuesto en la emergencia del aislamiento como herramienta imprescindible para “mitigar” la exclusión social de las mismas, la nueva jerarquía de clase (informatizadas/os y no) y de división sexual del trabajo, con el retroceso en la participación laboral, o... todo lo contrario, para una oportunidad de emancipación real, pero se necesitan urgentes respuestas feministas ante la crisis más allá de promover la movilización virtual.

Lejos de la pretensión de crear un gran movimiento con una única agenda feminista, y ya que la revolución feminista es la más grande de la historia de la humanidad, más de la mitad de planeta, bastaría comenzar a denunciar al unísono y a nivel internacional la violación de derechos, y demandar la diversidad de necesidades, intereses y propuestas sin mediación institucional, hacia un nuevo modelo social y económico en base a un nuevo orden mundial de género. Tras las mascarillas violetas se avecina el momento de un feminismo global.

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