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QUE NADIE CONFUNDA NUESTRA AUSENCIA DE LAS CALLES ESTE 8M

Reyes Maroto, Isaura Leal y Puri Causapie en la pancarta del 8M el 2020. Este ano las feministas socialistas no estaran en la manifestacion por responsabilidad en la pandemia
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Reyes Maroto, Isaura Leal y Puri Causapie en la pancarta del 8M el 2020. Este ano las feministas socialistas no estaran en la manifestacion por responsabilidad en la pandemia (Foto: Psoe)

Este 8M el feminismo es ausencia responsable en las calles para proteger la salud de todas y todos

sábado 06 de marzo de 2021, 13:27h

La pandemia nos impide juntarnos en la calle este año el día 8 de marzo en un acto de unidad, de sororidad y de fuerza del movimiento feminista. Los tres años anteriores fueron una muestra de la vitalidad y de la fuerza que tiene el movimiento feminista en España. Y en el mundo, porque las manifestaciones fueron grandes y numerosas en muchos países. También ellas, nuestras hermanas, están afectadas por la pandemia y ellas y nosotras vamos a convertir este día en lo que es, un día de reflexión, aunque sin abrazos.

En primer lugar, me parece obligado tener un recuerdo para todas las mujeres que se fueron este año víctimas de la COVID y mi reconocimiento para todas las que han afrontado esta pandemia desde la primera y la más peligrosa línea de combate. Gracias y más gracias porque con unas pocas imágenes habéis conseguido que se visibilice la importancia del trabajo de las mujeres en nuestro País: personal sanitario de las ambulancias, de los Servicios de Urgencias, de todos los hospitales y de los centros sanitarios, hasta el 80% del total del personal sanitario de España son mujeres; cajeras de supermercados; educadoras; dependientas en los comercios, limpiadoras de servicios públicos y así una larga lista de profesiones con fuerte presencia de mujeres, cuyo trabajo en este año de pandemia ha sido de riesgo personal, pero vital para toda la ciudadanía y lo han hecho como sabemos hacer las cosas las mujeres, con valentía, sin alharacas y sin descanso. Y a pesar de todo eso, su trabajo está peor pagado que el de los hombres, con un 21.4% menos. Y a pesar de hacer trabajo del mismo valor que los hombres y estar peor remunerado, según un informe de CCOO recientemente publicado, todas las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres se han profundizado con la pandemia, desde la salarial, a la del desempleo o la precariedad laboral. Que injusto, ¿no?

La pandemia no ha sido neutra, ha castigado más a las mujeres. Por eso, decimos que la COVID nos ha alterado la agenda feminista, junto con algunos borradores de ley que nos amenazan en el horizonte. Pero las mujeres estamos acostumbradas a introducir cambios en nuestra agenda, porque el machismo anda mutando continuamente y nos obliga a estar ojo avizor y a ampliar nuestra agenda reivindicativa. Es la historia misma del feminismo.

La salida de esta crisis sanitaria, social y económica va a contar con recursos económicos europeos importantes, muy bien negociados por nuestro Gobierno.

Mientras Gobiernos anteriores se preocuparon en la Gran Crisis de salvar la banca, dejando tirada a mucha gente, particularmente a las mujeres que perdieron en mayor medida sus empleos, este Gobierno va a pelear por salir de esta crisis múltiple con un País fortalecido y una de esas fortalezas tiene que ser la de gobernar para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. La salida tiene que ser igualitaria. Cada medida que se adopte debe hacerse con perspectiva de género o, como prefiero decir, desde la igualdad de todas las personas, sean mujeres u hombres. Y estaremos pendientes de que sea así.

Porque no nos cansaremos de decir que a esta crisis hemos llegado las mujeres con muchas desventajas y la Comisión de Reconstrucción debe tenerlas en cuenta para que la desigualdad no aumente. Para alcanzar la igualdad nos dice nuestro Tribunal Constitucional que es necesario tratar de manera desigual a las personas que son desiguales.

La sociedad patriarcal hace que cualquier acontecimiento en nuestra vida de mujeres nos ocasione una nueva brecha. Si una mujer y un hombre se emparejan, él aumenta 5.7 puntos la posibilidad de tener un empleo, mientras que para la mujer la probabilidad de tener un empleo cae 4 puntos. Si la pareja no tiene descendencia, las mujeres ocupadas a tiempo completo suponen el 69%, frente al 85% de los hombres, cifras obtenidas de un reciente estudio de la Universidad de País Vasco. De manera que, a la discriminación de las mujeres en el acceso al empleo durante toda la etapa fértil de la vida, se suma la de vivir en pareja y a éstas su suman la de tener hijos o hijas. No es posible poner más palos en las ruedas.

Las mujeres queremos, tenemos derecho y necesitamos trabajar. Estamos igual de preparadas que los hombres para hacerlo y, como ellos, queremos empleos de calidad. Para ser libres e iguales, necesitamos ser independientes y eso requiere un trabajo estable y de calidad, adecuado a nuestra preparación y con la misma retribución que si lo hiciera un hombre. No pedimos nada extraordinario. Solo pedimos trato igual, no es tan difícil, es tremendamente justo.

Aún tenemos otro problema más las mujeres para conseguir la igualdad. Los cuidados. La pandemia ha puesto blanco sobre negro esta realidad: que cada día las mujeres trabajamos 4 horas más de media que los hombres, sin retribución. Porque el patriarcado nos hace asumir que cuidar de los hijos e hijas y de las personas dependientes, es obligación nuestra. Y no, no es verdad. Como dijo Simone de Beauvoir, que las mujeres podamos parir no significa que tengamos que cuidar a los hijos y las hijas.

Los cuidados no son solo de las mujeres; son de todos/as. Hay que ponerlos en valor, es verdad, pero sobre todo hay que compartirlos. Cuando hay pareja, se llama corresponsabilidad y cuando no hay pareja, o cuando con la pareja incluida tampoco se alcanza, se llama corresponsabilidad social, Estado del Bienestar. No hay que mistificar los cuidados, son un trabajo necesario y poco gratificante en general; pero hay que asumirlos con criterios de igualdad y de corresponsabilidad social. Las políticas públicas en una sociedad democrática y en un Estado de Derecho como es España, tienen que dar un cambio radical y transformador a la solución que se viene dando a este problema desde una visión capitalista, liberal y patriarcal.

No se nos oculta que nos esperan días duros a toda la ciudadanía, pero, si el Estado no lo impide, serán mucho peores para las mujeres. Todos los indicadores están poniendo de manifiesto que los sectores más feminizados, como son la restauración, la hostelería, el comercio o el servicio doméstico, van a ser los más dañados por la pandemia y el paro y la precariedad de las mujeres va a aumentar.

Es el Estado el que tiene la posibilidad de adoptar políticas que impidan que las brechas por razón de sexo aumenten. Se llaman medidas de acción positiva, amparadas en el art. 9.2 de la Constitución y en la extraordinaria L.O. 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de Mujeres y Hombres.

Este año de pandemia ha empeorado las condiciones de vida de muchas mujeres. En este 8M debemos exigir a nuestro Gobierno como reivindicación prioritaria, que planifique una salida feminista, igualitaria, de la crisis.

¡Viva el 8M feminista!

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