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Siete años de cárcel para Luis Antonio Irzo, ex edil del PP en Huesca, por violencia de género a su exmujer y sus tres hijos
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Siete años de cárcel para Luis Antonio Irzo, ex edil del PP en Huesca, por violencia de género a su exmujer y sus tres hijos

domingo 31 de enero de 2021, 14:07h

El Tribunal Supremo lo tiene claro. El expolítico del Ayuntamiento de Huesca es un maltratador y por ello debe cumplir siete años de privación de libertad por cuatro delitos de violencia habitual. A esta pena (un año y nueve meses por cada uno de los delitos cometidos), el terrorista machista ha de sumar 16 años de privación del derecho a la tenencia y porte de armas, así como cumplir con una orden de alejamiento de 200 metros de su familia, su total incomunicación con ella por cualquier medio y la suspensión del régimen de visitas durante tiempo de cuatro años.

La sala también dicta la retirada de la patria potestad durante cinco años y la realización de 40 días de trabajos en beneficio de la comunidad. En caso que el victimario se niegue a hacerlos, añadiría a su pena de cárcel cuatro meses más de privación de libertad.

Para la justicia Luis Antonio Irzo, el expolítico del PP que en su día estuvo ejerciendo en el Ayuntamiento de Huesca y que en la actualidad trabaja de profesor de instituto en Zaragoza, es un maltratador.

Y es que el Juzgado de lo Penal nª 1 de Huesca ha determinado probado el sometimiento machista que Irzo ha ejercido tanto contra la su ahora exmujer como hacía los tres hijos de su matrimonio. El juez -que ha dictado sentencia firme- le señala como responsable del sufrimiento físico y mental hacía los cuatro miembros de su familia y le impone las penas ya señaladas. En el escrito el magistrado describe las agresiones “dentro de un clima de dominación, menosprecios, insultos y una constante agresividad”.

Años de calvario

Una conducta que, para la jurista y abogada en su día por lo Civil del caso por parte de la afectada, Altamira Gonzalo, refleja que tanto la conducta violenta de Luis Antonio Irzo como algunas resoluciones del Juzgado de Familia, son patriarcado en estado puro. “Este es un caso grave de violencia de género psicológica y física, contra ella y contra los tres hijos del matrimonio. Todos estaban mal; le costó mucho denunciar y cuando todo se desencadenó, lo que necesitaban eran paz para empezar a recuperarse. En esas circunstancias, el Juzgado obligó a los tres hijos a tener visitas en el Punto de Encuentro Familiar con el padre, a pesar de que existía orden de alejamiento también respecto de los niños. Y por si eso fuera poco, obligó también a tener otras visitas, en días diferentes, en el Punto de Encuentro Familiar con los abuelos paternos. Los niños no querían ir y hubo un periodo en el que madre e hijo lo pasaron mal porque el Juzgado insistía en que debían ir. Esa incomprensión del Juzgado de las necesidades de estos menores y poner por encima de ellas el derecho del padre a verlos, es lo que llamamos justicia patriarcal”.

Además, Gonzalo añade a este maltrato institucional como “hasta que no hubo condena penal no se suspendió el ejercicio de la patria potestad del padre, que se llama autoridad familiar en Aragón, y el Juzgado de Familia no suspendió las visitas de los niños con el padre y también con los abuelos paternos. Y ahí los niños y a la madre con ellos, pudieron descansar”.

Según relata la sentencia el maltrato de Luis Antonio Irzo comenzó antes del matrimonio hasta ir in crescendo. Concretamente, en los fundamentos de Derecho de la sentencia ya se alude al inicio de la violencia de género en el viaje de novios (2004) donde él empezó a llamarla “gorda, foca, inútil” y otras expresiones similares, o a episodios probados como cuando durante el embarazo del primero de sus hijos le decía que “se había deformado y que le daba nueve meses más para que se recuperara”, y como tras el parto “era objeto de menosprecios, que se dirigía a ella a gritos y con actitud agresiva, insultante e intimidatoria”.

En el escrito también se prueba el grado de violencia psicológica y física en momentos clave como cuando la víctima se negó a mantener relación sexual alguna con el maltratador. Irzo reaccionó no dejándola dormir. Según la psiquiatra de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil de Huesca que en su momento trató a la exmujer del político del PP, ella tenía miedo a dormirse “por si se servía de ella”.

Además, dado que el maltratador le decía que no podía dormir bien por las noches “porque sin sexo no podía”, para hacérselo pagar se encargaba de que ella tampoco lo hiciera. Por eso se encargaba de moverla a ella, zarandear su cama, e incluso cuando se iba a dormir al dormitorio de su niña, él iba allí y movía la cama de ambas. “Así te jodes y te aguantas”, le decía el exedil del Ayuntamiento de Huesca. Llegando al punto de que el único momento en la cual podía descansar y dormir era durante las guardias en el Hospital en el que trabajaba ella, que sin embargo, al ser uno de los de mayor volumen de trabajo por atender a pacientes de toda Huesca y pueblos de alrededor, los descansos son de tres horas como máximo.

Un maltratador nunca es un buen padre

En cuanto al maltrato a los tres hijos la sentencia deja claro que Luis Antonio Irzo les sometía “a un clima de dominación, menosprecios, insultos y constante agresividad”, haciéndolos objeto de actos de violencia física y verbal y de intimidación constante que excedían ampliamente del derecho de corrección, insultando y humillando a los tres frecuentemente.

Se reseña en la misma la inquina especial a su hijo mayor, a quien de forma reiterada se dirigía llamándolo "subnormal, sinvergüenza, gilipollas, mocoso de mierda”, entre otras expresiones, rompiendo a patadas sus juguetes, golpeándolos, agarrándolos por el cuello o por el pelo, y utilizando castigos totalmente desproporcionados a la menor ocasión. En varias ocasiones lo golpeó, dándole empujones, o golpes con el canto de la mano, azotes en las nalgas, lo agarraba por el pelo llegando a levantarlo en el aire, o lo arrastraba de la oreja mientras le insultaba.

En la sentencia se puede leer como cuando tenía 18 meses, lo zarandeó por haber pisado el suelo descalzo, cuando tenía dos años le dio dos bofetadas por coger una patata frita con las manos, agresión que repitió cuando tenía tres años y por el mismo motivo. Y en concreto, el día de año nuevo de 2014, cuando el niño tenía siete años y estaba estudiando música con su padre, este le golpeó tras haberse equivocado en una nota, haciéndole sangrar por la nariz y por el labio y a continuación le decía “¡mira lo que me has obligado a hacer, esto te lo he hecho por tu culpa!”.

Vista la contundencia de sentencia y la gravedad de los hechos cometidos por este excargo público, solo falta que esta se haga efectiva. Sin embargo, Altamira Gonzalo alerta de la posibilidad de que el maltratador que imparte clases a jóvenes, no la cumpla. “A pesar de que hay varias condenas, cuatro de ellas son por malos tratos y cada condena es de un año, nueve meses y un día, es decir, no llega a dos años cada condena de privación de libertad, existe la posibilidad legal de solicitar la suspensión condicional de la condena”.

A la espera de resarcir el daño

La pelota de que Luis Antonio Irzo entre en prisión está en el tejado del tribunal. “El que la conceda o no depende de él. No es automática, sino que está condicionada a que se reúnan determinados requisitos”, subraya la abogada zaragozana.

A la espera de que la justicia cumpla con su misión lo que está claro es que hay un antes y un después en la vida de esta madre y sus tres hijos. Y es la de haber pasado de ser víctima a superviviente. Tal y como relatan varias testigos y profesionales que la trataron “al principio ella no era consciente de la violencia que vivía. Tenía tanto una adaptación a la violencia como una anestesia emocional hasta que fue tomando conciencia de su situación de maltrato poco a poco, no pensaba que fuera una maltratada hasta que fue descubriéndolo de alguna manera, lo que es muy típico también (la víctima piensa "esto no me puede estar pasando a mí"), reciben información verbal de que son personas paranoicas, que se lo están inventando; estos son rasgos de comunicación perversa, la persona duda mucho de sí misma y empieza a pensar que a lo mejor es cierto y sigue dando oportunidades intentando descubrir qué es lo que está pasando porque tampoco lo entiende y no lo entiende porque recibe muchos mensajes contradictorios”.

Sea como fuere lo que Altamira Gonzalo tiene claro es que en este caso “lo más importante para la tranquilidad de los menores es que hay condena de prohibición de aproximación y de suspensión de la autoridad familiar por un periodo de tiempo superior al de la duración de la condena de privación de libertad. Si yo hubiera mantenido una costumbre que durante muchos años tuve, que era hacer una fotografía a cada mujer que defendía el primer día que acudía a mi despacho, para comprobar el cambio físico que tenían pasados unos meses, podríamos comprobar cómo la cara de ella de ahora no tiene nada que ver con la cara de la mujer que conocí cuando empezó a venir hace muchos años, porque le costó años tomar la decisión de denunciar. Dejé de hacer las fotos y no tenemos esa prueba. Pero ella hoy se ríe y sus hijos también, aunque lo han pasado muy, muy mal”, finaliza.

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