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Interior del centro comercial Gran Plaza 2 Foto: Gran Plaza 2.
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Interior del centro comercial Gran Plaza 2 Foto: Gran Plaza 2.

Sandra Repollo: "tirados en el suelo durmiendo con frío, así estuvimos dos noches atrapados en el Centro Comercial de lujo Gran Plaza 2, de Majadahonda"

"Buscando cartones para el suelo y ropa de abrigo de las tiendas para no pasar frío", comenta Sandra Repollo, trabajadora de una de las tiendas y ex colaboradora de La Hora Digital quien, junto a un centenar de empleados quedaron atrapados dos noches en el lujoso Gran Plaza 2. La gran nevada de Filomena les hizo pasar esta aventura

jueves 14 de enero de 2021, 17:40h

"Lo hemos pasado mal y bien", resume la periodista Sandra Repollo, ex colaboradora de La Hora Digital y actualmente empleada en el Centro Comercial Gran Plaza 2, de Majadahonda, una de las zonas más lujosas de la zona noroeste de la Comunidad de Madrid. Al lado del Rozas Village, donde las tiendas de las marcas mas exclusivas del mercado del lujo se dan cita. Se veía venir el viernes, 8 de enero, y así lo estaban anunciando los partes metereológicos, que la noche iba a ser de fortísimas nevadas. Los responsables de muchas empresas, empezaron a pensar en adelantar el cierre de las tiendas para que el personal pudiera regresara a sus casas. Pero la tarde noche se les fue echando encima, igual que al alcalde y la presidenta de Madrid. Y cuando quisieron reaccionar, las vías de circunvalación, M-40, imprescindibles para salir del CC, estaban anegadas de nieve, y cientos de vehículos atrapados. Opción: buscarse la vida y quedarse a dormir en el Centro. La gerencia del CC no fue un modelo de gestión de emergencias, según cuentan. El centenar de trabajadores atrapados tuvieron que buscarse la vida como pudieron. "Lo mejor -dice Sandra- la solidaridad de los compañeros de las tiendas de comida, bebida, restaurantes y ropa, que nos facilitaron el pase de una noche gélida en plan ´atrapados en la nevada de Filomena´.

Inditex y algunas tiendas adelantaron el cierre sobre las siete de la tarde. Viendo como la caída de nieve iba en aumento y la noche se anunciaba complicada, decidieron adelantar la salida de sus trabajadores para que pudieran llegar a sus casas. Esto fue un arma de doble filo, porque muy posiblemente, muchos de éstos que se fueron antes, formaron parte de los centenares de vehículos atrapados en las autopistas de circunvalación de Madrid, las M-40 y M-30 que dependen del Ayuntamiento de la capital. "Teníamos miedo, preocupación, pero sobre todo pensábamos en nuestras familias y entre la decisión de irnos en unas condiciones climatológicas horrorosas, con las carreteras ya cuajadas de nieve o quedarnos. Y nos daba más seguridad la segunda opción", añade una compañera de Sandra que también pasó dos noches en el Centro Comercial.

Lo peor fue la primera noche, por la incertidumbre y porque la gerencia del Centro, en sí, no organizó nada. "Una vez más fue la solidaridad de los compañeros de las tiendas quien suavizó la situación, ya que cada uno aportaba lo que podía para disponernos a pasar una noche, pasando el menos frío y hambre posibles", nos cuenta la compañera Sandra que se vio obligada a dormir no una, sino dos noches, en el Gran Plaza 2. “El centro comercial no facilitó las cosas para cerrar antes de las 22:00. (…), dicen. Incluso la gerencia del Gran Plaza 2 redactó un comunicado que difería bastante de las impresiones y declaraciones de la mayoría del centenar de trabajadores atrapados. Un comunicado que retiró a las pocas horas. El Centro Comercial oficialmente se limitó a decir a este medio que cada operador fue plenamente libre de tomar su propia decisión ante la situación excepcional vivida a causa de la alerta por nieve, sin que por ello sea sancionado en absoluto”.

El revuelo de esta noche de nieve y manta, que tuvo a todo Madrid en vilo, por la histórica nevada de la borrasca Filomena, como no se había visto en los últimos cincuenta años, comenzó cuando empezaron a aparecer las imágenes de gente tirada en el suelo de uno de los más exclusivos Centros Comerciales, protegiéndose con cartones del frío del lujoso mármol. Al menos ellos estaban bajo techo, y algo de calefacción les quedaría. Pero millones de madrileños afortunados, desde nuestras casas, ya empezábamos, a partir de las nueve de la noche, a ver por televisión la dantesca situación no solo de las carreteras de acceso a la capital, sino de las principales arterias de la ciudad, la Castellana, Cibeles, Puerta de Alcalá, Callao, La Gran Vía, Plaza de Castilla, Atocha... completamente colapsada, con autobuses cruzados, coches enterrados en nieve, y gente intentanto refugiarse del frío y la nevada en el Metro, -donde miles de personas pasaron también la noche- sin siquiera poder regresar a sus casas porque ya las calles estaban intransitables.

Parecía que a nivel nacional, todos sabían lo que iba a pasar, así al menos lo comunicaron los responsables a nivel nacional de Carreteras, Tráfico, Emergencias y Protección Civil, así como la UME, de las Fuerzas Armadas, que repartieron durante la mañana y tarde, y desde el jueves, toneladas de sal, miles de máquinas quitanieves, por las Comunidades afectadas, Comunidad de Madrid, Castilla La Mancha y Aragón, fundamentalmente, y lo que ahora se llama "embolsamiento de miles de vehículos pesados (caminones) en zonas de servicio y de reposo en la Red Nacional de Carreteras". Lo que evitó la gran catástrofe que en otros años había sucedido. Todos los mandos nacionales implicados tenían ya diseñado el Plan de Previsión y de choque, salvo al parecer, la presidenta Ayuso y el alcalde madrileño, Almeida, que parecieron sorpredidos por la tormenta y hasta las once de la noche, con Madrid y alrededores ya colapsada, no reaccionaron para pedir ayuda a la UME y al MITMA. A día de hoy, con los medios de Protección Civil y Emergencias de la Comunidad, han pedido situación de catástrofe pero todavía no han sido capaces de retirar las basuras y despejar la gran mayoría de las calles de la ciudad.

"Nos dieron la opciòn de desplazarnos a un Polideportivo, pero por la situación del Covid, preferimos quedarnos en Centro Comercial", dice Sandra

No se sabe qué fue mejor. A toro pasado, los que no pudieron adelantar el cierre de sus tiendas, en cierto modo lo ven como una experiencia incluso buena por la parte de la solidaridad de los trabajadores de otras tiendas. “A las ocho de la tarde del sábado, legamos a salir, pero nos quedamos dos horas y pico en el coche atascados en la rotonda de la salida del centro. Mis jefes me dijeron que volviésemos a la tienda”, recuerda Sandra. Lo que también les sucedió a varios compañeros, que tenían la incertidumbre de echarse a la aventura de una noche infernal con acumulación de nieve como nunca se había visto, o volver al cobijo del Centro. "El Ayuntamiento de Majadahonda y las propias empresas de cada negocio sí tomaron medidas para poder proteger al centenar de empleados". Incluso ofrecieron la habilitación de hoteles a cargo de las empresas o el pago de taxis para recuperar los coches estacionados en el parking del Centro.

Los de seguridad nos dijeron que el Ayuntamiento de Majadahonda había facilitado el polideportivo, y nos daban la opción de quedarnos en el Centro Comercial o que fuésemos al polideportivo. Nosotros decidimos quedarnos en el Centro porque no sabíamos cuántas personas habría en el polideportivo ya que hay que recordar que estamos en una pandemia. Mi empresa se estuvo moviendo como pudo para intentar socorrernos, pero era inviable meter el coche".

Al día siguiente del viernes,7, de la gran nevada, cuando llegó la gran helada, el sábado, la gente seguía sin poder desplazarse a sus domicilios dada la situación de tremendo congestión e intransitabilidad de las carreteras y calles. "Entonces nos reunieron a todos y ahí es cuando nos dimos cuenta de que éramos 99 personas. La opción que nos daban era que a los que vivían en Villanueva del Pardillo, o cerca, les podía llevar la policía hasta ahí remolcados por quitanieves”. Una alternativa que fue la perfecta solución para aquellos que vivían en zonas cercanas a Majadahonda o tenían la capacidad para moverse desde ahí, "en cambio, el resto decidimos quedarnos al no tener cadenas ni nadie de la familia o conocidos que pudiesen venir a rescatarnos”, pues al fin y al cabo todo riesgo de accidente durante los traslados sería única y exclusivamente "responsabilidad de nosotros mismos durante el desplazamiento en condiciones imposibles de transitar".

Por tanto, otra noche en el Centro. A esas alturas, ya se habían dado muchas escenas de solidaridad y compañerismo. Empezó la parte bonita de esta aventura, según Sandra y sus compañeras comentaron a este medio. Cuando a partir del domingo, la tranquilidad pareció haber vuelto a la zona y los accesos del Gran Plaza 2, el personal pudo volver a sus domicilios. Tanto Sandra como el resto de sus compañeros sólo tienen palabras de agradecimiento por la solidaridad de muchos compañeros que se quedaron atrapados como ellos -como cadenas de restauración y supermercados, "nos dieron alimentos y bebida" a los acampados forzosos. "Recordaremos durante mucho tiempo esta peculiar vivencia que ha inaugurado el año". Para Sandra las dos noches de insomnio, frío y necesidad ya es historia. "Lo pasé regular y luego mejor. La primera noche tuvimos que utilizar la ropa del trabajo, cogimos abrigos y demás para poder dormir, y como os han dicho nustras compañeras, estuvimos sobre el suelo con cartones para evitar el frío. La segunda noche algunos de los establecimientos nos dieron mantas, almohadas, pijamas, calcetines… el sábado dormimos mucho mejor, dentro de lo malo, estuvimos bien”. La noche histórica de la tormenta Filomena que colapsó Madrid, quedará en al memoria de Sandra y sus compañeros, quizá para contar algún día a los nietos.

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