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“Las mujeres somos increíblemente fuertes, pero unidas somos invencibles”
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“Las mujeres somos increíblemente fuertes, pero unidas somos invencibles”

Entrevista a la escritora e investigadora Karen Peralta

domingo 06 de diciembre de 2020, 14:42h

Escribir es visibilizar. Es hacer importante lo que no lo es. Es hacer protagonistas a quienes, estando en primera línea de todo, ocupan el espacio infinito de la invisibilidad. Por eso El recuerdo del olvido es un acto de rebeldía bordado en oro en forma de novela por la mexicana Karen Peralta, una desobediente que ha prendido el fuego de la memoria de las enfermeras de la Cruz Roja y de la Armada Naval de los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial. Sin ellas, el mundo hoy sería otro. Además, su libro, tejido por la historia de cuatro de ellas, es el espejo de las profesionales de la sanidad que se están dejando actualmente algo más que la piel. Se estima, tirando por lo bajo, que la covid ha acabado con la vida de más de 1500 enfermeras en 44 países. O lo que es lo mismo, tantas como en la Primera Guerra Mundial.

Si hay algo que la escritora mexicana tiene claro es que rescatar del olvido a las mujeres “es un mandato necesario”. Y lo es porque según ella “las mujeres hemos vivido creyendo que los hombres son los únicos protagonistas de la historia universal y las poquísimas mujeres sobresalientes han sido seres casi sobrenaturales. La realidad es que las mujeres, de carne y hueso como tú y como yo, han participado, codo a codo, con los hombres en todos los eventos históricos relevantes, sólo que de ellas no se habla, a ellas no se les rinden homenajes y nadie las recuerda. Tenemos la obligación de conocer sus historias y de mantener vivo su recuerdo y su legado porque ellas también son parte de nuestra historia. Ese es justamente el objetivo de mi novela, que sepamos que existieron y que honremos su encomiable labor”.

Y es que no es exagerado decir que la Humanidad no sería hoy la que es sin aquellas mujeres. “La labor de las enfermeras de la Cruz Roja y de la Armada Naval de los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial fue tan extensa que el impacto de su ausencia sería incalculable. Ellas fueron el ejército detrás de los médicos de combate; junto con los cirujanos, fueron pioneras de la medicina de emergencia; se dice fácil, pero hay que escucharlas para entender lo que implica salvar una pierna, coser una vena o reinsertar un ojo en pleno campo de batalla con las ráfagas de las balas chiflándote al oído y las bombas estallando a unos cuantos metros de distancia”, afirma rotunda desde Hamburgo, la ciudad de la que se enamoró y en la que reside actualmente.

  • ¿Qué más fueron todas ellas?

Ellas fueron el alivio físico y emocional de soldados y civiles por igual, recolectoras y organizadoras de víveres e insumos, fueron las que se quedaron, al terminar la guerra, para auxiliar en las labores de reconstrucción, así como para monitorear que se cumplieran los convenios internacionales en la mayoría de los campos de prisioneros de guerra en Europa Occidental y, en especial, se hicieron cargo de una labor que yo considero de lo más emotiva: reunificaron familias y coadyuvaron a la reubicación y restablecimiento de los cientos de miles de sobrevivientes del holocausto. De ellas dependió la supervivencia de muchísimas personas.

  • Todas atendieron la llamada de gobiernos que en ningún momento las advirtieron de la crudeza con la que se iban a encontrar. ¿De saber a lo que iban habrían respondido igual?

No sólo no les advirtieron a lo que se iban a enfrentar, tampoco las entrenaron apropiadamente para hacerle frente a todo ello. Considero que sería muy atrevido de mi parte afirmar en sus nombres lo que hubiesen hecho en la situación que describes, lo que sí te puedo asegurar es que la inmensa mayoría decidió quedarse después de haber visto la peor cara de la guerra. Nada las obligaba a estar allí, se quedaron voluntariamente.

  • ¿No les quedó otra que salir del shock poniendo en shock sus vidas para siempre?

Es verdad que la mayoría de los testimonios a los que tuve acceso coincide en que los primeros meses de servicio activo representaron un shock tremendo en sus vidas. Es importante recalcar que, salvo algunas veteranas, la mayoría eran mujeres jóvenes de entre dieciocho y veinticinco años que fueron extirpadas de los roles tradicionales para ser catapultadas a una guerra sin precedentes.

Sin embargo, no creo que sus vidas hayan quedado marcadas por un shock permanente. La mayoría de estas mujeres eran muy simpáticas, alegres y amables. Después del voluntariado, vivieron vidas muy interesantes, pero nada trágicas; volvieron a sus países de origen, se reinsertaron en la sociedad, se enamoraron, persiguieron sus pasiones, muchas formaron una familia y vieron a sus nietos crecer en un mundo en paz.

  • Y ¿cómo sobrevivieron a lo que vieron?

Sobrevivieron por puro instinto. Pasaron por una dosis extrema de zozobra y fueron testigos de las peores atrocidades de la humanidad, muchas de ellas lo vivieron en carne propia. En los testimonios visuales hay momentos de silencio y lágrimas reprimidas, en los testimonios escritos hay palabras como “indescriptible”, “inenarrable” “innombrable”.

Algunas de las enfermeras que aún viven en Alemania se negaron rotundamente a concederme una entrevista porque cuentan que esos recuerdos son muy dolorosos, así que supongo que, para superar lo vivido, todos esos sucesos fueron escondidos en algún lugar de sus memorias.

No obstante, también noté que la mayoría habla de su voluntariado con una enternecedora nostalgia y de su labor como el más grande regalo de servicio, como un privilegio que la vida les permitió experimentar. Algo que me sorprendió mucho es que ninguna se quejó de todo lo que les ocurrió y que cuentan con un repertorio vasto de anécdotas preciosas, conmovedoras, pero también chistosas. No todo fue malo durante el voluntariado; en sus testimonios compartieron muchas más cosas positivas que negativas.

  • ¿Qué hay del abuso sexual que sufrieron?

Las enfermeras de la Cruz Roja fueron víctimas de abusos sexuales brutales. Paradójicamente, el momento de mayor vulnerabilidad ocurrió al término de la guerra porque al concluir el voluntariado muchas de ellas volvieron a sus países a pie; textualmente tuvieron que cruzar fronteras y zonas desoladas llenas de desertores, grupos rebeldes y soldados rabiosos. Pero quizá el caso de abuso sexual que mejor se ha documentado es el que sufrieron las enfermeras voluntarias de la Cruz Roja Alemana.

Hay que aclarar que no todas las que sirvieron en esta delegación eran de nacionalidad alemana, también había suecas, danesas y noruegas. Cuando el ejército rojo invadió Alemania y, en particular, cuando entraron a Berlín, sometieron bestialmente a todas las mujeres y niñas de todos los pueblos que quedaron a su paso. Hay relatos profundamente estremecedores que cuentan violaciones masivas que duraron semanas enteras en las que las enfermeras, mujeres y niñas gritaban sin pausa hasta morir. Los soldados soviéticos fueron atroces.

  • ¿La sororidad se hizo medicina y apósito para ellas?

Sin lugar a duda, estas mujeres crearon vínculos inquebrantables durante el voluntariado. Muchos testimonios, especialmente aquellos de las enfermeras de la Cruz Roja Británica, hablan de las amistades que formaron durante sus años de servicio, un hecho que no sólo está presente en mi novela, sino que representa el eje y fundamento de la historia. En medio de ese caos espantoso se tenían una a la otra y eso marcó la diferencia.

¿Crees que fueron conscientes del hito que hicieron saliendo de sus casas inocentes y madurando de repente para siempre como cuidadoras y enfermeras?

Sí, claro, todas están conscientes de que la guerra marcó un antes y un después en sus vidas personales, aunque muy pocas dimensionan el impacto que tuvo su participación en el mundo, supongo que es porque se les ha negado el reconocimiento.

  • ¿Qué te han enseñado tus heroínas?

Que le debemos mucho a las mujeres de generaciones anteriores a la nuestra, que las hemos estereotipado y rechazado injustamente al no comprender que han librado una lucha muy dispar para pavimentarnos el camino. Para mí, escribir esta novela fue una reconciliación muy necesaria que me llevó a entender que mi tiempo no es el de ellas. Quizá la más importante de las lecciones ha sido que las mujeres, como individuos, somos increíblemente fuertes, pero unidas somos invencibles.

  • ¿México es oxímoron para la paz de las mujeres?

No es fácil hablar de México, de paz y de mujeres. En un país en donde el machismo y la misoginia están tan arraigados que la sociedad es incapaz de percibirlos, hay muy pocas opciones para las mujeres que buscan incansablemente la reivindicación de nuestro sexo. Es evidente que México está inmerso en una dolorosa crisis social en la que imperan la normalización y generalización de la violencia, la impunidad y la corrupción.

Las mujeres que apuestan por la vanguardia siguen siendo todavía muy pocas en comparación con el resto del país (hombres y mujeres por igual) que continúan aferrados a los roles de género tradicionales. En México, hoy por hoy, las mujeres no gozan ni de paz, ni de seguridad, garantías o futuro. Sin embargo, me niego a perder la fe, sobre todo porque veo a mis mujeres mexicanas exigiendo como nunca el cambio que México necesita y estoy segura de que tarde o temprano lo lograrán.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena
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