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Irene Montero en pie de guerra contra todo el Movimiento Feminista
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Irene Montero en pie de guerra contra todo el Movimiento Feminista

Ministra Irene Montero, póngase las gafas moradas

Las asociaciones de mujeres y con ellas el movimiento feminista, está desconcertado por las políticas del Ministerio de Igualdad.

martes 10 de noviembre de 2020, 12:16h

Las asociaciones de mujeres, interlocutoras del movimiento feminista con la Administración, no han sido recibidas por la ministra. Al menos en dos ocasiones lo han solicitado formalmente y hasta la fecha, no ha habido una respuesta afirmativa, remitiendo a segundos o terceros escalones de responsabilidad política en el Ministerio. Este comportamiento desconcierta y no tiene nada que ver con el de las ministras de Igualdad anteriores, plenamente receptivas a las reivindicaciones del movimiento feminista y aliadas para sacar adelante la agenda feminista.

El Ministerio de Igualdad fue creado en el año 2008 por el Gobierno socialista presidido por Zapatero. Su finalidad fue poner en marcha las políticas de igualdad entre mujeres y hombres que se derivaban de la LO 1/2004 integral contra la violencia de género y de la LO 3/2007 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

El Gobierno presidido por Pedro Sánchez recuperó el Ministerio de Igualdad en el año 2018, con la misma finalidad, combatir y erradicar todas las desigualdades por razón de sexo que impiden en nuestro País que la igualdad entre mujeres y hombres sea real y efectiva.

El movimiento feminista aplaudió en su día y aplaude actualmente que la Administración central cuente con un órgano con categoría de Ministerio que planifique y centralice las políticas públicas que hagan efectiva la igualdad para las mujeres en el más corto periodo de tiempo.

Pero el actual Ministerio no nos representa a las mujeres. Porque la situación de desigualdad de las mujeres por razón de sexo es la mayor, afecta a la mayoría de la población, al 52%; porque ninguna mujer nos escapamos de ser o haber sido discriminadas y/o víctimas de alguna de las muchas formas de violencia de género una o muchas veces en nuestra vida. Porque las brechas de género, las cifras de la desigualdad de las mujeres son vergonzosas y es cansino repetirlas, pero hay que decirlas bien claro para que no las perdamos de vista, que es lo que le está pasando al Ministerio de Igualdad:

  • Las pensiones no contributivas, cuya media mensual es de 392 €, las cobran mayoritariamente las mujeres, porque carecen de derecho a cualquier otra pensión.
  • Las pensiones de viudedad las cobran mayoritariamente mujeres, 2.200.000 actualmente, y la cuantía media es de 747 €. Las cobran porque no tienen derecho a una pensión propia.
  • Porque las pensiones de jubilación de las mujeres son un 34,46% inferiores a las de los hombres.
  • Porque la brecha salarial durante la vida laboral es del 23%.
  • Porque el 75% del trabajo a tiempo parcial, lo desempeñan mujeres y por eso entre otros extremos existe esa brecha salarial y brecha en las pensiones.
  • Porque el 82% de las familias regidas por un solo progenitor tienen al frente a una mujer con hijos o hijas de menos de 18 años a su cargo.
  • Porque el 40% de las familias monomarentales, las anteriores, están en paro, la mayoría en paro de larga duración. Porque el 20% están en la economía irregular.
  • Porque la COVID19 ha puesto en evidencia la total necesidad y el valor del trabajo de cuidados, trabajo no retribuido que realizan las mujeres.
  • Porque las mujeres son las más afectadas por la COVID19 porque los empleos irregulares desaparecerán, los teletrabajos las mandarán a sus casas y son la primera línea en la asistencia sanitaria.
  • Porque los cuidados de los hijos e hijas y de las personas dependientes recaen casi en exclusiva sobre las mujeres (las excedencias en el trabajo las obtienen las mujeres en un 92%).
  • Porque la violencia de género afecta al 57.3% de las mujeres y porque la ejercen los hombres en el 99,6% de los casos.
  • Porque la violencia de género ha causado la muerte de 1.073 mujeres, cómputo desde el año 2003 y un número muy superior de heridas graves, físicas y psicológicamente.
  • Porque las mujeres y niñas víctimas de trata terminan en un 95% siendo prostituidas, víctimas de violencia sexual. España es ahora mismo el burdel de Europa para vergüenza de todas y todos nosotros.
  • Porque este año han sido asesinadas 37 mujeres según cifras oficiales y 77 según Feminicidios.net
  • Porque la tasa de actividad de las mujeres es un 22% inferior a la de los hombres.
  • Porque, aunque la Justicia tiene nombre de mujer, la gobiernan hombres: hasta hace muy poco tiempo no ha habido ninguna mujer en el órgano de Gobierno del Tribunal Supremo y las leyes se aplican, en general, desde una perspectiva masculina no igualitaria.
  • Porque en los órganos de administración de las empresas solo hay un 23.7% de mujeres, y solo hay un 16% de mujeres directivas.
  • Porque la pobreza es femenina, aunque las mujeres trabajamos muchas más horas que los hombres.
  • Porque la prostitución y la trata que la sirve, así como el alquiler de vientres, son la prueba más grande de que para muchos hombres las mujeres somos mercancía que utilizan y con la que comercian.
  • Porque los derechos humanos de las mujeres son conculcados impunemente.

Cada una de estas desigualdades es un grito, una reivindicación del movimiento feminista que tiene que ser asumida y resuelta por el Ministerio de Igualdad de un Gobierno que es feminista.

Lo que caracteriza al feminismo, de acuerdo con Celia Amorós, es la reivindicación y la lucha por la igualdad de mujeres y hombres en tanto que seres humanos. Nuestra humanización requiere que se destruyan esas barreras; por eso, la agenda del movimiento feminista se corresponde con todos los déficits descritos y más, porque no es, obviamente, una lista exhaustiva.

El Ministerio de Igualdad que rigieron Bibiana Aido y Carmen Calvo, hicieron suya la agenda feminista del momento; la pusieron en marcha con la aprobación de muchas medidas, entre ellas como más importantes, la Ley de derecho al aborto del año 2010 y las normas para desarrollar el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, RD Ley de agosto de 2018 y para combatir la brecha salarial, RD Ley de 1 de marzo de 2019. El Ministerio de Igualdad y el movimiento feminista remaban en la misma dirección, por lo que siempre, como ha ocurrido también desde la creación del Instituto de la Mujer en el año 1983, se han potenciado mutuamente.

El Ministerio que dirige Irene Montero ha decidido alejarse del movimiento feminista y de sus reivindicaciones, para asumir la defensa de unas posiciones que representan a algún pequeño colectivo, con claro olvido de la mayoría de las mujeres, y que pueden ser contrarias a los objetivos de la lucha por la igualdad y contra la violencia de género.

En el mes de noviembre, en el que en todo el mundo la lucha por la igualdad de las mujeres se concreta en la erradicación de la violencia de género, el Ministerio de Igualdad se ha centrado en la elaboración de una Ley Trans, cuyo contenido concreto no ha dado a conocer, pero sí ha difundido sus líneas principales, que son reconocer el derecho a la autodeterminación de género, con alguna derivada igualmente peligrosa, como es limitar la libertad de expresión, bajo amenaza de incurrir en delito de odio, si se cuestiona el derecho de cualquier persona, por menor que ésta sea, a cambiar de sexo cuando así lo quiera o sienta.

El derecho de autodeterminación de género no puede reconocerse, pues es un concepto inexistente jurídicamente. El género no es una categoría jurídica, mientras que sí lo es el sexo, por lo que existe el derecho de autodeterminación de sexo con los requisitos legales existentes u otros que se establezcan.

Las feministas, entre las que nos encontramos las feministas socialistas, hemos dicho repetidamente que no mantenemos ninguna lucha con las personas transexuales, cuyas reivindicaciones hemos apoyado, como las de otros muchos colectivos discriminados. Pero una cosa son las alianzas con el colectivo de personas trans y cuestión muy diferente es querer disolver el sujeto político mujer. Los postulados que inspiran la Ley Trans del Ministerio de Igualdad no los podemos compartir, porque suponen un obstáculo grave para la igualdad entre mujeres y hombres y un atentado a los derechos de la infancia proclamados en nuestras leyes nacionales e internacionales. Ni las mujeres ni los hombres somos un sentimiento, ni los deseos son derechos. Lo entendemos muy claro cuando decimos que está bien querer ser rica o joven. Pero eso no significa que tenga derecho a serlo ni a que me lo reconozcan. Son cuestiones tan obvias que no sería necesario explicarlas. Cambiar de sexo no es una frivolidad ni una cuestión baladí.

Otorgar plenos efectos jurídicos frente a todo el mundo a una decisión que depende exclusivamente de un sentimiento con el solo requisito de su inscripción en el Registro Civil, puede satisfacer el deseo de la persona que lo insta, pero es jurídicamente una barbaridad y puede tener efectos perjudiciales para muchos terceros, en este caso en particular para las mujeres.

Porque con ello se desnaturaliza la lucha contra la violencia de género: cualquier denunciado se puede hacer mujer al instante y evitar así que le sea de aplicación la Ley Integral que tantos años costó conseguir al movimiento feminista y que sigue siendo esencial, pues cada año son asesinadas más de 50 mujeres por sus parejas.

Perjudica a terceros, mujeres también, porque diluye completamente la exigencia de la paridad conquistada en todos los ámbitos: en las listas electorales, en los nombramientos en la Administración, en los consejos de las empresas. Ya no habrá techos de cristal ni suelos pegajosos, porque quedará oculta la dura realidad de las mujeres.

Perjudica a terceros, mujeres también, que veremos invadida nuestra intimidad en baños, en cárceles, en vestuarios. No soy mojigata, pero recuerdo que el 99,7 de los agresores sexuales a mujeres son hombres. Se conculca gravemente la seguridad de las mujeres.

Dar libertad de hormonarse a los menores de edad aun sin el consentimiento de sus progenitores, es una enorme barbaridad y para mí que supone conculcar el derecho fundamental de las personas menores de edad a vivir en paz y a tener un libre e integral desarrollo de su personalidad.

Nuestras reivindicaciones no tienen puesto el foco en la orientación sexual de las personas, que respetamos, sino en el patriarcado. No podemos perder el norte de la lucha feminista, porque el patriarcado, es más, mucho más que un sistema de opresión sexual. En un momento en el que el avance de las mujeres hacia la igualdad se estanca en el mundo, necesitamos políticas públicas que la impulsen con determinación.

Por eso las feministas no estamos de acuerdo con la propuesta de Ley Trans que ha avanzado el Ministerio de Igualdad, separándose de la agenda feminista. Y esperamos no tener que llegar a una situación como al que se planteó contra la propuesta de Gallardón contra el derecho al aborto. Porque este Gobierno lo consideramos un gobierno progresista y feminista.

Cuando no se tiene como objetivo fomentar la igualdad entre mujeres y hombres, sobra el movimiento asociativo de mujeres, que empuja para conseguirla. Y el Ministerio de Igualdad está aparcando a las asociaciones de mujeres más representativas, las que están en el Consejo de Participación de las Mujeres elegidas por todas las demás para representarlas, mediante la creación de otro Consejo, que llama de Desarrollo Social, en el que ya no están nada más que en un número ínfimo y en el que han creado un grupo de género, para sustituir descaradamente al Consejo de Participación.

En ese trabajo sistemático por reducir la actividad del movimiento asociativo feminista, por primera vez en más de 20 años se han reducido las subvenciones del 0.7% a las asociaciones de mujeres, lo que compromete seriamente su actividad para mejorar las condiciones de vida de las mujeres. Esto nunca lo habían hecho ni gobiernos del PSOE por supuesto ni los del PP. Y lo que es más grave, no quieren recibir a las asociaciones para explicarles los porqués de esta reducción enorme ni los criterios que piensan seguir en años venideros. Esta es una política orquestada para tratar de debilitar el movimiento feminista.

Este no es el Ministerio que necesitamos las mujeres para vencer al patriarcado y para poner fin a tanta violencia y a tanta pobreza que padecemos las mujeres. O la ministra y su equipo cambian su política o nos tendrá enfrente a todas las feministas. Que no pierda de vista que le movimiento feminista es el más vivo y el más potente en la sociedad actual.

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