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DIA INTERNACIONAL DE LA NIÑA

Día Internacional de la Niña: Somos mujeres de frente

Día Internacional de la Niña: Somos mujeres de frente

domingo 11 de octubre de 2020, 14:41h

Hay una guerra que lejos de terminar se recrudece. Y lo hace todos y cada uno de los días. Es la que el mundo mantiene a pulso contra la mitad de la población. Da igual el dónde. Es un combate a muerte que incluso se mantiene en el más allá. Porque ni siquiera allí las mujeres tenemos honra, paz o justicia. El patriarcado está fuerte. Subido de tono. Se entrena cada día con todas sus ganas en el gimnasio anabolizante del macho alfa. Golpea contra nosotras. Somos su saco, la diana sobre la que apuntan en el centro la sumisión absoluta. Hoy, que es el Día Internacional de la Niña, no viene mal recordar que somos las que nos desaparecen en cunetas, descampados o ríos. Las abusadas sexualmente en lo que llaman hogar y las que en muchos casos acaban siendo #niñasnomadres.

Desde antes de nacer, el patriarcado nos señala con sus balas mortales y rosas para estar bien enseñaditas. Nos cuela los estereotipos sexistas sin anestesia ni remordimiento que valga. Recién en el mundo nos escribe el destino sin que podamos ser autoras de nuestra propia vida. Abolida teóricamente la esclavitud, somos las “negras”. Las que escriben lo que otros en genero neutro quieren seamos. La nada.

Somos las olvidadas, las ninguneadas, las maltratadas, las asesinadas, las violadas, los úteros low cost, los agujeros en los que evacuar semen para el placer masculino, las locas, las mal pagadas y a veces ni siquiera eso.

Somos la cuota en la foto y los culos y tetas en los medios. Mujeres florero. Somos las que vamos con la lengua fuera y el silencio bien dentro. Las que oímos que “no es para tanto” porque ya “nos ayudan”, pero bien sabemos que no hay auxilio que valga, salvo el nuestro.

Somos las que envejecemos con nuestras arrugas plegadas en el alma y en la cara, las que enfermamos, las veladas por religiones con trozos de tela y versículos que aprietan hasta ahogar. Las costillas de los hombres. Las que por discapacidad no tienen capacidad de superar dobles o triples barreras porque valen menos.

Somos las que no llegamos a los consejos de Administración, las que no estamos ni se nos espera en las listas del poder, dinero, gloria o conocimiento…a las que eso sí, se nos da la de la compra. Señoras de casa, sirvientas, putas, cuidadoras, ahorradoras…

Somos la carne fresca y pornográfica de Internet y las rodeadas en manadas o en solitario para ultrajarnos. Somos las que aparecemos “encontradas muertas” en lugar de asesinadas. Las víctimas perennes de un invierno robado al verano generación tras generación.

Somos las que nos desaparecen en cunetas, descampados o ríos. Las abusadas sexualmente en lo que llaman hogar y las que en muchos casos acaban siendo #niñasnomadres.

Somos los juguetes sexuales convertidos en juguetes rotos. Somos las amputadas y mutiladas vaginalmente y a las que no se nos deja abortar con seguridad en multitud de rincones. Las mandadas y obedientes.

Somos las que estamos ancladas al suelo pegajoso y a la vez oprimidas por el maldito techo de cristal y las paredes de cemento. Somos las princesas presas del amor romántico que tanto nos duele y nos ata. Las prisioneras de Gray, las pretty woman que complacen y las escogidas como audiencias para seguir siendo sirvientas. Las que en lugar de sexo consentido o placer infinito nos dejamos hacer en la cama. A las que se les dice que tienen que parir y a dar hasta reventar.

Somos la voz quebrada de las madres que nos lloran. También la mirada triste de los hijos e hijas que encarcelados en el SAP y en custodias patriarcales truncan su vida y sus fuerzas.

Somos las ignoradas, las que no tienen derecho a decidir porque el mercado manda. Somos las que de tanto llorar en silencio zurcimos ojeras que tiritan moradas en la soledad acostumbrada.

Somos las que o por muy jóvenes, por cincuentonas o ya muy viejas, no accedemos al mercado laboral y cotizamos podredumbre en la cuenta que ha dejado de ser corriente. Somos las dopadas de pastillas, las locas, las menopaúsicas. Ahora también las terfs a las que se nos impone ser cuerpos gestantes o vulportantes. Somos el borrón sin cuenta nueva.

Sin embargo, frente al somos impuesto cada vez somos más la que estamos de frente. De pie. Combativas. Las que hemos dejado de ser sombra para ser luz. Una luz que nos impregna a todas. Incluso las que aún no lo saben. Somos las feministas que hacen honor a las que vinieron antes y las que tomarán nuestro relevo. ¡Tiembla maldito patriarcado!

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