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Entrevista a la escritora y experta en amor romántico

Coral Herrera, autora del libro.
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Coral Herrera, autora del libro.

“Las mujeres hemos aprendido a amar desde la necesidad de ser amadas”

martes 06 de octubre de 2020, 14:04h

Cada vez que Coral Herrera Gómez escribe un libro hace un ejercicio de costura. Hila con palabras y reflexiones cada uno de los rotos que el amor romántico ha dejado desde el principio de los tiempos en la vida (y muerte) de la mitad de la población. Ahora con Dueña de mi amor, su última criatura literaria, nos propone algo más que zurcir. Pretende que dejemos de ser las yonkies del “quién te quiere te hará́ sufrir” y convertirnos en dueñas de nuestro amor.

Ni santo, ni Valentín. Más bien un fiasco y de lo más peligroso. Eso es lo que descubre la doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, Coral Herrera Gómez, en su nueva obra literaria publicada con Libros Catarata. Y es que, cada página es una invitación a la salud y la autoestima de quien se atreva a leerla. “Hay que quitarle el arco y las flechas a Cupido, a destronar a los que quieren a las mujeres de rodillas y a liberarnos de las trampas del romanticismo”, dice.

Su convite lo dice con tono tranquilo y casi risueño. La reconocida feminista propone acabar con el Cupido sin baño de sangre. “A Cupido hay que desarmarle, sin violencia, y dejarle sentado, neutralizado. Las mujeres tenemos que disfrutar de la vida y el amor, es nuestro derecho. Tenemos que tener una vida llena de gozo. Algo que es una reivindicación política ya que el patriarcado anida en el epicentro de nuestras emociones, está en todo lo íntimo. Nuestra reivindicación es una vida libre de violencia y del machísimo. Tenemos que dejar de sufrir por amor”.

Y pasar del dicho al hecho, tiene lo suyo. Porque desintoxicarse de lo que se nos ha metido a las mujeres en vena desde las cavernas no se logra ni fácil, ni a la primera. “Entenderse y quererse bien para querer bien es harto complicado. Es un proceso difícil pero apasionante que nos ahorra sufrir. El camino es complejo porque es reconocer que hemos aprendido a amar desde la necesidad de ser amadas. Y eso duele. Para conquistar la libertad hay que conocerse, mirarse, cambiar lo que no nos gusta. Hay que echar a la gente que no nos hace felices. Todo para ser libres. El premio de trabajarse lo romántico, tiene la mejor recompensa”.

  • Liberarse de una misma es liberar a las demás. ¿Sin feminismo esta meta es imposible?

En la medida en que una se libera, nos liberamos todas. El feminismo es eso. Un movimiento con el que cada cambio personal importa e impacta en las demás, y eso es contagioso. Cuando vemos mujeres que son capaces de salir del maltrato, o de dónde no hay cuidados mutuos, las demás vemos que se puede hacer igual. Todas las transformaciones personales llevan a un cambio social que nos permite saber que pertenecemos a un grupo de mujeres fuertes con ganas de vivir en un mundo mejor.

  • Aunque afortunadamente cada vez aguantamos menos sigue habiendo millones de mujeres arrodilladas y encadenadas al destino.

Las que aguantamos menos somos más privilegiadas ya que hemos tenido educación sexual y hemos trabajado lo emocional. Pero es cierto que todavía somos pocas. La mayoría de las mujeres viven subyugadas a la idea del paraíso, del mito del amor romántico, a la presión social. Y en eso tienen mucho que ver los medios, la publicidad y la literatura que animan a que seamos yonkies del amor. La vida para la gran mayoría es muy triste y penosa porque viven buscando todo menos a ellas mismas. Y lo que encuentran así son manzanas podridas y piensan que han tenido mala suerte o que los hombres no se trabajan.

Tenemos que trabajar con las niñas para que no sigan viviendo de rodillas, ni seducidas por la estafa del amor romántico que es una gran mentira porque cuando sales de él, sales herida. Hay que prepararlas para que no caigan en la trampa, vivan de pie y luchen, en lugar de rodillas.

  • En el libro hablas de la necesidad acuciante de que los hombres se liberen del miedo a las mujeres libres. ¿Les falta reconocer esto para hacer el cambio a una sociedad igualitaria?

Decía Galeano que el machismo es el miedo a las mujeres libres y esta es una clave de la resistencia de los hombres a perder privilegios. Reconocer eso es reconocer que las mujeres ganan en derechos. Por eso a ellos les toca trabajarse muy a fondo porque los tiempos están cambiado y no pueden ser como sus abuelos. Si ellos no logran el cambio sufrirán mucho porque las mujeres dentro de poco tendremos una distancia insalvable con ese hombre egoísta y machista.

  • En esto también tiene que ver, y mucho, la religión.

La iglesia católica nos ha reprimido el deseo, el placer, el disfrute. Es responsable de que las mujeres estemos apegadas al sufrimiento a querer. La iglesia, como los hombres, o se adapta y cambia, o acabará quedándose sola.

  • Quiero hablar de esos aliados que como dices están en el armario, que tienen discursos bonitos… ¿Qué hacemos con aquellos que se dedican a divulgar en espacios de formación?

Que se pongan con las masculinidades y que dejen de explicarnos a nosotras como liberarnos de todo. Hacen falta referentes de hombres que se trabajen el patriarcado y lo hagan en espacios suyos. Les aconsejo que se pongan a saco con los niños y los adolescentes y con todos los hombres. Les mandaría para allá. Tiene mucho trabajo que hacer.

  • ¿El capitalismo es cada vez más perverso reinventando la explotación de las mujeres?

En el capitalismo la clave de todo es la explotación. Y eso se ve en todas nuestras relaciones: pareja, familia, amistad, trabajo… Por eso hay que eliminarla. Y ahí todas tenemos que hacer autocrítica porque hay formas de la explotación directa de las mujeres como pagar poco a una empleada o comprar camisetas a 5 euros que son cosidas por niñas o mujeres pobres de otros países con las que podemos acabar. Las mujeres sufrimos violencia y también la ejercemos. No podemos querernos bien si no eliminamos esta explotación. Vivimos en un mundo muy egoísta donde cualquier relación está impregnada por el sálvese quien pueda. Nuestras vidas y nuestras relaciones si en lugar de explotación hubiera cooperación, solidaridad, empatía, igualdad y buen trato.

  • Lo de que no hay nada más revolucionario que limpiar tu propia mierda. ¿Cómo lo llevas?

Lo llevo como lo llevo (ríe). Limpio mi mierda gracias a todo lo que he vivido. Como por ejemplo haber estado nueve años en un lugar como Costa Rica, en el que yo pertenecía a una clase social en la que todo el mundo tenía una niñera o una empleada de hogar por un precio ridículo. Me parecía indecente así que renuncié a formar parte de ello. Asumo que dedicarme a las tareas y compartirlas me quita tiempo pero entiendo que la limpieza de tu hogar es un acto íntimo. Nadie tiene que encargarse de tu basura, de tus fluidos, de doblar tu ropa.

Además, mi maternidad con un niño de 4 años, como autónoma y los altibajos que eso supone, hace que vaya arañando minutos al día y pueda dormir poco para cumplir las tres jornadas laborales.

  • ¿Eres feliz?

He rebajado la idea de felicidad por la del bien estar. Por estar bien y tener una vida con las necesidades básicas cubiertas. Eso es tener techo, agua, comida, abrigo y afectos. También trabajo mucho el agradecimiento, el poner conciencia a lo que tengo y a empatizar con la gente que tiene precariedad, así como con los seres queridos que no ya no están o no tengo cerca.

Creo que cada vez tengo mas sabiduría y más práctica en ello, sufro menos y eso es una liberación. Lo que me ha salvado es dirigir la rebeldía de la juventud a un propósito que es el feminismo. El poder trabajar y sembrar en otros seres es un privilegio, esas semillas dan sus frutos.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena

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